El GPS de las estrellas

Un curso de verano de la UIMP enseña las estrategias que utilizaban los marinos en la antigüedad para guiarse en el mar a través de los astros

DANIEL MEDIAVILLA Santander 19/08/2008 09:13 Actualizado: 22/08/2008 16:45

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El físico del CSIC Luis Mederos, director de un curso de la UIMP, la semana pasada en Santander.

El físico del CSIC Luis Mederos, director de un curso de la UIMP, la semana pasada en Santander.A. ANDERS

A finales del siglo XV, los turcos habían cortado el final de la ruta de la seda con la ocupación de Anatolia. La demanda de los productos que llegaban de Oriente no se podía cubrir por esa vía y los reinos de la Península Ibérica decidieron buscar alternativas. Ese fue el inicio de los grandes viajes de descubrimiento y el momento en que se intensificó la conciencia de un problema: cuando se encontraban en alta mar, los navegantes no sabían realmente dónde estaban.

En aquella época ya eran capaces de conocer la latitud en la que se hallaban calculando con un sextante el ángulo entre la estrella polar y el horizonte. Sin embargo, no eran capaces de saber si estaban más al Este o al Oeste; desconocían la longitud.

"Resolver ese problema costó tres siglos e involucró a algunas de las mejores mentes de la época", explica el físico del Instituto de Ciencia de Materiales (CSIC) Luis Mederos Martín, que ha dirigido en Santander el seminario Navegación Astronómica, dentro de los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Un buen número de alumnos se apuntó al curso para aprender a situarse en el mar del mismo modo que lo hacían hasta hace pocos años, aunque desde la invención del GPS -para cuyo desarrollo fue esencial la aportación científica de Einstein-, la observación del cielo para medir la longitud ha dejado de ser necesaria para la navegación.

Mederos explica que las implicaciones económicas y de superioridad naval eran enormes -en algunos viajes transoceánicos se perdieron flotas enteras- e impulsaron a las monarquías más poderosas de la época a promover programas algo parecidos a los actuales incentivos a la I+D+i. Así, en 1598, Felipe III ofreció un premio de 6.000 ducados más 2.000 de renta vitalicia y otros 1.000 de ayuda de costa (una auténtica fortuna para la época) para quien ideara un método para determinar la longitud en el mar. A este concurso se presentaron científicos tan ilustres como Galileo Galilei, quien en 1616 propuso realizar esta medición observando con un telescopio los movimientos de las lunas de Júpiter. El proyecto fue desechado por la imposibilidad de realizar con un telescopio observaciones precisas desde un barco que se balancea continuamente, pero fue utilizado para conocer la longitud en Tierra.

Para resolver el problema se sabía que era necesario poder medir el tiempo en alta mar con gran precisión. "Las estrellas que nos sirven como referencia se mueven muy rápido debido a la rotación de la Tierra. En cuatro segundos se mueven un minuto de arco, lo que equivale a una milla náutica (1.852 metros). Si tienes un faro que se está moviendo a esa velocidad, o tienes la hora exacta con una precisión de un segundo o la referencia que tomes será un desastre", explica Mederos.

Mediciones precarias

El jefe de la sección de Efemérides del Real Instituto y Observatorio de la Armada, Teodoro López, precisa: "En la época existían relojes de péndulo muy precisos, pero se descontrolaban cuando se colocaban en un barco". También era necesario realizar predicciones precisas sobre la posición de los astros en un determinado instante sobre un punto concreto. Así se elaborarían los almanaques náuticos, necesarios para que los marinos supiesen dónde se encontraban a partir de la referencia celeste.

La capacidad de predicción suficiente no se logró hasta que Isaac Newton descubrió la Ley de la Gravitación Universal, publicada en 1687. La posibilidad de medir el tiempo la ideó el carpintero británico John Harrison, que inventó el cronómetro marino. Después de una encarnizada lucha con el astrónomo real Neville Maskelyne,representante de la ciencia oficial y reticente a que un artesano proporcionase la solución a un problema tan peliagudo, se hizo con las 20.000 libras esterlinas ofrecidas por la corona inglesa en 1714 para quien resolviese el problema de la longitud. Fue una de las búsquedas científicas y tecnológicas más apasionantes de la historia.

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  • ricardo
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    0 i ricardo 20-08-2008 09:26

    He participado en el curso y me ha encantado. Gracias y enhorabuena a todos los ponentes

  • jess
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    -1 i jess 21-08-2008 18:13

    Muy bueno el artículo. De todas formas, quiero precisar que es incorrecto (e injusto) decir que los marineros de la antigüedad "desconocían la longitud". Lo cierto es que la conocían perfectamente (entendían de sobra que podían estar más al este o más al oeste), pero no tenían medios técnicos fiables para determinarla (únicamente por estimación según el rumbo y la velocidad).

  • Marcos
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    0 i Marcos 15-11-2009 21:44

    El Sr. Mederos es muy dado a inventar y hablar de cosas que no sabe (el asunto de la longitud, por ejemplo). De hecho observen la foto, toma la altura del Sol un día totalmente nublado, habrá inventado el sextante por infrarojos ?

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