A fines del siglo XIX, las innovaciones técnicas en el arte de la impresión y la proliferación de la publicidad comercial facilitaron el desarrollo del cartel como forma singular de expresión. En España, tras el estallido de la Guerra Civil, el cartelismo republicano adquirió un ritmo trepidante: ya no se trataba, como hasta ese momento, de incrementar la producción, organizar los sindicatos, estimular la alfabetización o reivindicar los derechos de la mujer, sino, fundamentalmente, de vencer o morir.