Cuidado, hay demasiado en juego
Es sorprendente que los dos líderes de la oposición no hayan ganado ni en las provincias de las que son originarios
La ausencia de observadores internacionales impide saber si ha habido fraude en las presidenciales iraníes, o el volumen de este. Cuesta creer, sin embargo, que Ahmadineyad, al que se atribuyen casi dos de cada tres votos, haya podido montar un pucherazo tan descomunal como dicen los partidarios de Musaví que se han lanzado a la calle.
Es cierto que el cambio parecía flotar en el ambiente, pero el barómetro estaba en Teherán, donde el presidente ha sido derrotado. Es sorprendente que Musaví y Karrubi, el otro candidato independiente, no hayan triunfado siquiera en las provincias de las que son originarios, pero el discurso nacionalista, antijudío y antinorteamericano de Ahmadineyad, unido a una generosa utilización de los recursos del Estado, le había proporcionado un sólido apoyo fuera de la capital.
Algo huele a podrido, pero no tanto como para que el ganador oficial sea el perdedor, y viceversa. El resultado no hay quien lo cambie. El valor real de la decisión de Alí Jamenei de que se investiguen las denuncias de la oposición se mide a la luz de su inicial felicitación pública a Ahmadineyad. El "guía de la revolución" (con más poder real que el presidente) pretende con la medida aplacar las protestas internas. Y las externas, como las de la Unión Europea, primero tibias y ayer algo más enérgicas.
Occidente debe evitar dos errores: 1) cuestionar el resultado, no por fraudulento, sino por inconveniente, como ya ocurrió en Argelia con los islamistas y en Palestina con Hamás. Y 2) deteriorar la relación con Ahmadineyad, con el que, más pronto que tarde, habrá que negociar. Es factible. No es el loco antisemita que nos pinta Israel.
7 Comentarios
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Un resultado fraudulente ES un resultado fraudulente.La realpolitik nunca ha sido un gran valor democrático. Ahora, que la promocionen en las páginas de Publico, vaya, el mundo se derechiza...
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"Un resultado fraudulento es un resultado fraudulento", dice hista. ¿Y eso quién lo decide?, ¿es suficiente con la palabra del que no ha sido proclamado ganador y la de sus decepcionados partidarios?. Porque, lo que es yo, hasta ahora, no he visto que el análisis que se hace en la prensa española (que se adhiere casi sin fisuras a la tesis del fraude supermasivo), tomen en consideración otra cosa. Aquí nadie analiza la estructura social de Iran; la diferencia entre ciudad y campo, entre capital y provincias, entre clases medias y clases bajas... Ni la posibilidad técnica del fraude que se denuncia; ni se interroga acerca de las irregularidades concretas que se han percibido, ni en las posibilidades que asisten a un demagogo hábil, con facilidad para la comunicación de sentimientos, que maneja los recursos que pone en su mano la bonanza petrolífera. ¿Es eso información? ¿Puede decirse que existe democracia en donde la prensa actúa con esta falta de rigor?
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esto huele a Revolución de los colores de las antiguas repúblicas soviéticas, es decir a ganar en la calle lo que se pierde en las urnas con el beneplacito y la financiación occidental. Basta ya de intervener en países que no bailan el son que les marcamos. Que la UE se pronuncie sobre las elecciones que perdió/ganó Bush, y que rompa relaciones con todos los regímenes arabes dictatoriales y entonces igual tiene algo de legitimidad para hablar
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A mi me parece que para empezar, hay que respetar el resultado ya que para empezar no somos quien para cuestionarlo dado que sino siempre cuestionaríamos aquello que no nos gusta, no creo que aqui tengamos observadores internacionales y nadie se pregunta por el resultado, asi que no seamos inmaduros y no presupongamos simplemente por que no nos gusta el resultado.
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y entonces nos callamos y silenciamos a los disidentes para no cabrear a un tipo como Ahmadineyad ¿sugiere usted, Sr Periodista, la autorepresión "porsiacaso"? ¡Manda güevos lo que hayq ue leer!
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Hook comparar la democracia española con la república islámica de Irán ya tiene narices...
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No pretendo comparar nada y me gusta lo que aqui tengo, pero tampoco creo que nadie nos ha dado ni la autoridad ni el conocimiento suficiente para juzgar o prejuzgar con tanta alegría.

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