Río de Janeiro tocó el cielo olímpico en Copenhague. El sueño tan largamente perseguido por Brasil se convirtió en realidad cuando a eso de las 7 de la tarde, Jacques Rogge, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) pronunció el nombre de la ciudad brasileña. Lo hizo a costa de Madrid, que le plantó cara hasta la mísmisima final. Pero ganó Río y las emociones se desbordaron, en un sentido y en otro. La explosión de júbilo entre la delegación brasileña fue brutal: todos sus miembros saltaron de sus sillas al unisono, gritaron como nunca y se fundieron en abrazos. Hubo hasta lágrimas, lágrimas para la historia en un día que será recordado durante mucho tiempo.
En Madrid también hubo lágrimas pero de tristeza. Se quedó de nuevo a las puertas, acarició con la punta de los dedos el sueño, pero el despertar fue decepcionante. Llegó hasta la final, cosa que muchos dudaban, y estuvo cerca. Por eso duele más.
Esta elección es histórica: por primera vez unos Juegos se celebrarán en Surámerica, algo en lo que insistió mucho Lula, presidente del país, en su brillante discurso. Río debe gran parte de su victoria a la implicación de Lula, a su carisma. El brasileño estaba eufórico tras la decisión del COI: "Vamos a probar que el alma generosa de los brasileños va a hacer los más extraordinarios Juegos Olímpicos que este mundo haya visto".
Un día histórico que fue largo, muy largo. Pero sobre todo fue el día de las emociones: a la final llegaron las dos ciudades que más pasión y emoción pusieron en su proyecto. Todas las ciudades candidatas se examinaron ante ese tribunal que es el Comité Olímpico Internacional. Chicago quiso aprobar casi sin estudiar: lo fió todo a Obama, pero su proyecto presentaba serias lagunas en la financiación. Tokio hizo un presentación fría y no pudo librarse del lastre del poco apoyo popular. Río estuvo brillante: su presentación fue muy completa y emocionó a muchos de los asistentes.
En un discurso muy bien preparado, el presidente brasileño pulsó la tecla de las emociones y recurrió al hecho de que Surámerica nunca ha organizado unos Juegos: "No solo somos un pueblo que damos significado al término mezcla, es que esa es nuestra identidad. Es nuestro momento. Somos la única nación que no ha albergado unos Juegos entre los países que hoy se presentan".
La elección de Río de Janeiro tiene un indudable valor simbólico que va más allá de lo deportivo, tal como dejó claro Lula en sus primeras declaraciones: "Hoy es un día de celebración porque Brasil dejó de ser un país de segunda clase y entró en el nivel de primera clase".
Madrid no se quedó a la zaga. Su presentación también estuvo a la altura de lo esperado y ahondó en el terreno de las emociones: un "toque humano", en palabras de sus responsables, para transmitir que los Juegos servirían para unir a la gente de diferentes razas y para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Apelando al espíritu olímpico y al valor del deporte, a la unión de todo un país en pos de un sueño, de una corazonada, convenció a los miembros del COI para pasar los dos primeros cortes. Especialmente emotiva fue la intervención de Juan Antonio Samaranch, quien hizo un llamamiento que fue directo al corazón de los miembros del COI: "Tengo 89 años. Permitidme que os pida que toméis en consideración premiar a mi país con el honor y el deber de organizar los Juegos Olímpicos en Madrid" . Además, le avalaban los aspectos técnicos de de la candidatura, los mejores de cuantas competían en Copenhague.
Ya en la votación, la tarde empezó muy bien para los intereses de Madrid: la sorpresa saltó nada más empezar cuando Jacques Rogge, presidente del COI, pronunció el nombre de Chicago como la primera eliminada. El estupor recorrió toda la sala y el mundo entero: todas las apuestas la situaban en la final, tanto se confiaba en el llamado 'efecto Obama'. Pero ni siquiera el presidente más carismático del momento pudo salvar a su ciudad, su ‘home city', como él llama. En esa primera votación 95 miembros ejercieron su derecho al voto, pero Rogge sólo anunció la ciudad con menos apoyos, sin especificar el número de votos.
Apenas tres minutos después Tokyo siguió el mismo camino. Eso era más previsible pues la capital japonesa tenía un pesado lastre en contra: el escaso respaldo popular. En esta ocasión los votos fueron 96, aunque tampoco se supo cuántos votos tuvo la capital española.
Así que a las 17:30 horas, Madrid supo que estaba en la gran final junto a Río de Janeiro. De la corazonada se paso a la taquicardia. Estaba donde siempre quiso estar, ante su gran oportunidad. Las emociones se dispararon no sólo entre la delegación española en Copenhague, sino en la Plaza de Oriente, donde miles de ciudadanos festejaron por todo lo alto estar en la gran final.
En los pasillos del Bella Center todo era alegría y nerviosismo entre los españoles. Alejandro Blanco, presidente del COE, era uno de los más emocionados: "Falta un paso nada más. Esto demuestra que las cosas se han hecho bien, pero una vez aquí, ahora hay que ganar".
La espera se hizo larga: más de una hora con un nudo en el estomágo es duro para cualquiera Gallardón, Zapatero, Aguirre, los reyes... todos estaban expectantes. En los corrillos, numerosos, el optimismo crecía con el paso de los minutos. Los deportistas que acudieron a Copenhague atendían a los medios y mandaban un mensaje nítido: "Es nuestro momento, nos lo merecemos". Había una sensación de que "esta vez nos lo tienen que dar".
Se volvía a hablar de la importancia de los votos en la segunda y la en tercera ronda, de hacia dónde se trasladarían los apoyos de Chicago y Tokio. Había esperanza en que muchos de los que votaron a Chicago y Tokio lo hicieran por Madrid. Pero la mayoría de los votos fueron a parar a Río, que dobló en votos a Madrid en la final.
Ahora sólo queda el consuelo de haber competido bien y la sensación de que si lo sigue intentando, Madrid será algún día sede de los Juegos Olímpicos. Ya lo dijo Gallardón durante la presentación: "Rendirse es el único fracaso". Lo que parece claro es que ya no será él el alcalde de los Juegos.
vaya lío lo de Río
pobre Gallardín
dale que te dale con la manita
y el corazón que palpita pita
queremos carriles bici
más centros dotacionales
piscinas y bibliotecas
queremos deporte y cultura de base
no queremos que pase
lo que iba a pasar:
una élite se lo lleva todo
y el resto a pagar
¿cuándo los españoles
desarrollarán
sentido de la comunidad?
individualistas pendencieros
picaresca y navidad
ombliguistas arrivistas
nadie piensa en nadie más
pero pronto va a pasar
cura sana culito de aguirre
esto se cura ya
nos presentamos al 20...
¡y a ganar y a ganar!
Si organizar los JJOO es:
(1) negativo para la ciudad/país: pues ¡albricias! mejor dejarlos pasar.
(2) positivo para la ciudad/país:
pues seamos un poco más solidarios, hostias, y dejemos que los brasileños (que lo necesitan más que nosotros) tengan también su trozo del pastel.
A ver si nos enteramos de una vez que en este embolado nos ha metido Gallardete, no Zapatero. Por lo tanto el fracaso, que no lo veo como tal puesto que Río lo ha conseguido a la tercera, será del alcalde que cuando decidió entrar en este tema estaba su colega Aznar, no estaba Zapatero. A ver si nos documentamos.
La elección de Río de Janeiro era un secreto a voces. Basta conocer un poco cuál es el sentido y las finalidades de ese chiringuito financiero que es el COI, para deducirlo fácilmente. La delegación española ha sido fiel y viva imagen del esperpento institucional español: churras mezcladas con merinas. Un cómplice de la dictadura militar fascista española, como el marqués de Samaranch (áun le recuerdo vestido con el uniforme falangista en la balconada del palacio real de Madrid, durante la última alocución del dictador); de Juan Carlos Borbón para qué vamos a hablar, otro que tal baila. De la condesa consorte de Murillo, o sea Espe la Madrileña, idem de idem. Del anodino y gris secretario de Estado de Deportes, un tal Lisaveszky, dejó bien claras sus dotes de gestor público desastroso cuando fue ministro regional de cultura y educación con el sociata reconvertido Joaquín Leguina. De Pilar la Infanzona, mejor no tocarla. Y de Albertito Gallardón, pues qué queréis que os diga. ¡Menudo cuadro!: la viva imagen actual de la familia de Carlos IV pintada por Goya.
¿Quién se cree la foto?
- Un Rey (a mí me cae bien), que representa una "Dedocracia Parlamentaria"
- Un Presidente del Gobierno carismático, pero que no se habla con los otros dos de la foto (aunque se abracen y besen)
- Una Presidenta de la CC.AA. que no puede ni ver al Alcalde de la ciudad candidata y que no para de cuestionar en su propio PPartido. (léase Cajamadrid, inauguración del Ave, etc.)
- Un Alcalde que está cuestionado por su PProPPio PPartido y al que llaman el "rojo de la derecha" y que acaba de obtener la suspensión de un proceso importantísimo dentro de una disputa con la otra de la foto (léase Espe-CajaMadrid).
Y el colmo de los colmos, un personajillo sin carisma, con barba y gafas que ppululaba por allí y que no sabía bien a quién reppresentaba.
En fin, una foto un tanto PPatética, que es fiel reflejo de la ppolítica actual que tenemos en la España Federal de las Autonomías.
Un saludo para todos aquellos que son libres de pensamiento, palabra, escritura, voto y omisión de todos ellos.
Un saludo desde Murcia
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