LA REALIDAD Y EL DESEO

La tradición republicana como futuro

LUIS GARCÍA MONTERO 11/04/2010 09:47 Actualizado: 11/04/2010 10:01

El 14 de abril es el día de la dignificación política en el calendario de la democracia española. Todas las fechas convertidas en emblema suponen un homenaje al pasado y una meditación sobre el futuro. Cuando la Segunda Internacional eligió el Primero de Mayo como día de los trabajadores, homenajeaba a los Mártires de Chicago, los sindicalistas norteamericanos fusilados por defender una jornada de ocho horas, pero fundaba también una fecha para la defensa de los derechos laborales.

Es justo homenajear a los hombres y mujeres que protagonizaron en 1931 el deseo de construir un Estado real, capaz de dar respuesta política a las viejas contradicciones españolas. Pero quedarse en la evocación, como si sólo se tratase de restaurar el tiempo pasado, resulta peligroso. La nostalgia es un sentimiento paralizador si no se proyecta al futuro, porque nos condena a desconocer los códigos del presente.

Para homenajear la dignidad de un pasado de resistencia sin caer en la trampa de la historiografía franquista, que identificaba la militancia republicana con la guerra civil, nada mejor que poner en primera línea una meditación sobre su significado actual. Conviene comprender las diferencias que hay entre las monarquías de ayer y de hoy. Alfonso XIII representó una apuesta suicida por evitar la irrupción de la política en la España oficial. Los pactos del rey con la Iglesia y los poderes 0reaccionarios intentaron hacer imposible la democracia. Entonces existía la política, y Alfonso XIII quiso evitar su consolidación en España. No pudo, llegó la II República, y el golpe militar nos envenenó para liquidar una oportunidad democrática recién aparecida.

En aquellos años, política y democracia eran inseparables. La monarquía actual significa otra realidad: la desaparición de la política dentro de la democracia formal. Cuando Max Aub visitó España en 1969, dejó escrito en La gallina ciega un diagnóstico triste. El exiliado vio un país falto de verdadera política. A algunos lectores, muy metidos en la lucha antifranquista, les pareció una opinión extravagante. Pero Max Aub estaba viendo en el país la irrupción del capitalismo desarrollado. Pese al importante esfuerzo de la resistencia, el tipo de democracia que llegó a España vino de la mano del Seat 600, los frigoríficos, el apartamento en la playa y las necesidades del capitalismo avanzado, que no podía soportar las costuras decimonónicas del franquismo. Ese capitalismo, como hemos podido ver de cerca en el desarrollo de la Unión Europea, supone la clausura del discurso político dentro de la democracia. ¿Alguien puede creer hoy que el poder reside únicamente en la voluntad de los ciudadanos y sus representantes?

El republicanismo actual necesita tomar conciencia de que sus preocupaciones tienen menos que ver con la España de 1931 que con la Europa de 2010. El espectáculo de una Europa sin Estado real, sin peso político y volcada según los intereses neoliberales en la liquidación de los espacios públicos, exige una reformulación del pensamiento democrático. ¿Qué podemos hacer para devolverle a la política su protagonismo? Esa es la pregunta republicana. Y en eso, el pasado y el presente pueden darnos lecciones. Por ejemplo, la II República no fue posible hasta que los partidos obreros asumieron como suya la transformación del Estado. En Europa será imposible la política hasta que el movimiento sindical se convierta en un poder europeo unido y orgulloso, en vez de limitarse a negociar con los distintos gobiernos el sacrificio necesario para que cada economía nacional sea o no sea competitiva.

Reivindicar en España el derecho a elegir a un jefe de Estado (y una ley electoral justa) es simbólicamente tan importante como la denuncia de la corrupción, los paraísos fiscales y la degradación de la Justicia. A los padres de la Transición se les puede reconocer su trabajo, pero sin nostalgia. Los españoles tienen derecho a pensar en el futuro. Hoy ya no existe un ejército golpista. Existe, por el contrario, la amenaza de una degradación alarmante de la economía, las condiciones laborales y el Estado. Existe también un deseo de hablar y discutir sobre la igualdad en aquellos ámbitos tradicionalmente negados a la política (la familia, el dinero, la Corona). Nadie debiera extrañarse de un esfuerzo tricolor por cambiar la Constitución para dignificar las reglas públicas de la convivencia.

9 Comentarios
  • Binah
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    9 i Binah 11-04-2010 10:47

    De acuerdo, pero te ha faltado: y la religión.

    Efectivamente ya es hora de dejar de vivir del pasado, lo que pasa es, que las heridas que todavía sangran, no se han curado y eso no nos deja arrancar de una vez hacia el futuro...

    Pero de todo lo que dices se hace justo y necesario, sobretodo, por nuestra salud mental.

  • Bern
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    10 i Bern 11-04-2010 11:13

    No menciona usted, y creo que es un olvido que estamos pagando carísimo, que en esa tradición republicana a recuperar debe ser central el ideal de educación y cultura para todo el pueblo, ese estandarte que levantó tan alto la Institución Libre de Enseñanza con Francisco Giner de los Ríos, Bartlomé Cossío, y muchos otros; así como la Escuela Moderna de Ferrer i Guàrdia.

    En los más de 30 años que llevamos ya de supuesto Estado democrático este olvido, a despecho del signo ideológico de cada Gobierno que hemos tenido, ha sido clamoroso, pues de hecho se ha mantenido una línea de continuidad ideológica con el franquismo, limitándose el Estado de nuevo al "Pan, trabajo y paz", lo que ha producido que se haya instalado en España con toda comodidad un bipartidismo corrupto, caciquil y manipulador. Si no dejamos a un lado la obsesión por los indicadores macroeconómicos, las nuevas tecnologías (videoconsolas, redes sociales, etc., que es lo único que llega a nivel popular), y el ocio meramente consumista, y recuperamos una Democracia a la que le interese la cultura del pueblo, no tenemos nada que hacer: seguiremos eternamente dando vueltas, cual burro atado a una noria, a los escándalos de corrupción, al eterno partido de fútbol PP-PSOE, a las amenazas de la Iglesia y de la ultraderecha, etc., pero no avanzaremos ni un ápice. De la misma manera que ya nos hemos pasado más de treinta años así, nos podremos pasar cien, y todo seguirá igual.

  • Steve
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    -20 i Steve 11-04-2010 11:22

    Pues hombre en los tiempos actuales, con una España que tiene de contenido mucha más "república" ahora que en 1931 ... su discurso para convencernos de lo "trascendente" que puede ser para nuestras vidas el que el Jefe del Estado se llame Alcalá Zamora o Juan Carlos de Borbón ... la verdad es que dudo que puede calar entre la gente más o menos sensata.

    Pero bueno, usted siga adelante descubriéndonos el mundo. Nos sorprendió dedicando su primer artículo (su primera obsesión) a algo como el nacimiento del partido UPyD, ahora nos deja también algo perplejos con esta seguramente profundísima invitación a estudiar este asunto de la Jefatura del Estado ...

    Animo que probablemente a la tercera consiga usted convencernos de que leerle es algo que vale la pena, que propone usted algo que puede ayudarnos en la difícil tarea de nuestra convivencia. Algo que sea algo diferente a un demodé diletantismo.

    Saludos

  • numeritos
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    -12 i numeritos 11-04-2010 11:24

    ¿Derribará la República la SGAE?.

  • manuela1970
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    13 i manuela1970 11-04-2010 11:50

    A Steve:

    Parece que hay cosas intocables en nuestra democracia, como la jefatura de estado.

    Parece que se olvidan de que muchos españoles de hoy no votaron la constitución, ni tuvieron voz ni voto para decidir.

    Me parece que muchos han olvidado que algunas cosas del pasado no son una herencia inmutable, y que quienes viven hoy en este país y no votaron en el 78 tienen tanto derecho a decidir como sus padres.

    Juan Carlos de Borbón no es Alcalá Zamora, ni falta que nos hace. Pero su elección como jefe del estado no es precisamente un ejemplo de ejercicio democrático.

    A algunos no hace falta que les descubran el mundo, simplemente no quieren enterarse ni de dónde queda el Mediterráneo.

  • johnreed
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    7 i johnreed 11-04-2010 11:57

    No pienso que la República (por sí misma) sea ninguna solución. Los cambios necesarios han de ser mucho más profundos, y no es algo sólo de la forma del Estado sino social.

    Si analizamos qué ha sucedido los últimos años quizás lo más llamativo ha sido la progresiva atomización de la sociedad. El sistema capitalista ha producido una profunda desmoralización en la sociedad (miren estadísticas de ansiedad y depresión por ejemplo) y sin redes sociales reales (no virtuales en facebook & cia) el individuo se siente aislado e impotente.

    El republicanismo no puede existir sin sociedad civil organizada (y no sólo en partidos por supuesto). Con demasiada nostalgia y con proyectos tan inanes como cambiar los nombres de las calles no va a atraer a una juventud desencantada con un sistema que siente que les ha estafado, pero ante el cual se sienten impotentes sin una alternativa ilusionante que la república no es.

    La monarquía no tiene el favor de la juventud, pero tampoco la república, que sin anticapitalismo no cuestiona la raíz real del problema. Un republicanismo activo para empezar tendría que tener lugares de encuentro de los descontentos e iniciar en la sociedad civil una revolución cultural y educativa que no ha de esperar se produzca en las instituciones. El republicanismo histórico no esperó a eso: el cambio institucional es el paso final, no el principio.

  • Espectador social
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    6 i Espectador social 11-04-2010 12:07

    "A los padres de la Transición se les puede reconocer su trabajo, pero sin nostalgia. Los españoles tienen derecho a pensar en el futuro. Hoy ya no existe un ejército golpista"

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    Empezando por el final, si hoy no existe un ejército golpista, que yo no lo afirmaría tan alegremente, es porque no es necesario, debido al pacto entre las fuerzas reaccionarias y los entreguistas que Luis García Montero denomina "padres de la Transición".

    En este país tenemos una coalición de centro, derecha y extrema derecha representada en el PP y por otra parte, tenemos otra porción de centro liberal, derecha civilizada y reformistas representada en el PSOE.

    Para acabar, existía, ya no existe, una tercera vía, en el arco parlamentario, de eurocomunistas, entreguistas disfrazados y reformistas procedentes del extinto PCE a los que les cabe el triste honor de desactivar las luchas obreras a través de sucesivos pactos reformistas y entregar cautivo y desarmado al ejército obrero sindical a sus depredadores naturales, el empresariado y las élites bancarias que son los que realmente mueven los hilos de la "representación democrática"

    Sólo existe esperanza más allá del arco parlamentario, a través del resurgir de un movimiento de base, que ya tuvo su protagonismo en los tiempos de la segunda república, que no se denominaba republicano y que estuvo muy cerca, con su sólo esfuerzo, de conseguir una auténtica emancipación de los humildes... de las capas populares, teniendo que vencer la oposición incluso de los que se llamaban hermanos en la lucha y que más bien la torpedearon.

  • ignamarfe
    #8 Vota Vota

    5 i ignamarfe 11-04-2010 12:46

    Hasta que no se abra el melón de la monarquía, no se podrá completar la transición definitivamente.

    República y salud.

  • LA TRICOLOR
    #9 Vota Vota

    6 i LA TRICOLOR 11-04-2010 13:12

    La transición no se ha cerrado, porque el regimen legitimo no es la monarquía "parlamentaria", que hay instaurada en España en la figura de Juan Carlos, heredero del trono a través de Franco y por lo tanto ilegitimo.

    La transición se cerrará, cuando se le devuelva a este país el regimen constitucional, elegido en 1931 por el pueblo español y ese es la REPÚBLICA, aniquilada por Franco en el golpe de estado de 1936, que acabó en guerra civil y con 40 años de dictadura y a la muerte del dictador con el rey Juan Carlos en el trono y de forma ilegitima.

    ¡TERCER REPÚBLICA YA!

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Generado: 2012-05-28 07:52:49