Fluctuaciones y tendencias
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Todos los lunes, hasta mediados de febrero, publicaremos los resultados de una encuesta preelectoral realizada durante las dos semanas precedentes, para seguir la evolución de las intenciones de voto. Cada semana se entrevista a una muestra representativa de 2.000 electores y los lunes se publicarán los resultados de la muestra agregada de las 4.000 entrevistas realizadas durante las dos semanas precedentes.
Por tanto, las muestras con las que se realizan los análisis de los lunes se solapan: la mitad de las entrevistas estarán ya incluidas en la muestra analizada el lunes anterior y la otra mitad serán nuevas.
Este sistema de muestras solapadas es recomendable cuando se quiere hacer un seguimiento continuo de la evolución de las intenciones de voto, porque suaviza las fluctuaciones aleatorias y, sobre todo, los cambios efímeros provocados en la actitud de los electores por acontecimientos de efecto transitorio.
A veces las declaraciones de un candidato, una nueva promesa electoral o cualquier otro suceso provocan una fluctuación en las intenciones de voto declaradas en las encuestas (un calentón de los electores), que desaparece unos días después: el efecto del acontecimiento se apaga sin dejar huella. El solapamiento de las muestras corrige -en parte- las fluctuaciones transitorias, suavizando su efecto en las estimaciones, y permite detectar mejor las tendencias.
Atracción y rechazo
Las diferencias en los resultados de una semana a otra deben interpretarse como indicadores de tendencia y no como situaciones consolidadas. Las intenciones de voto se mantienen o cambian como resultado de las tensiones contrapuestas (de atracción y rechazo) producidas en los electores por los mensajes y actuaciones de los candidatos. Cuando se mantienen es por efecto de un equilibrio dinámico, inestable, entre esas tensiones; no es que no esté pasando nada, sino que los efectos de lo que está pasando se neutralizan en el plano de las intenciones de voto.
Como la situación es fluida y dentro de las dos semanas que se analizan conjuntamente pueden estar sucediendo cambios, es interesante conocer en qué dirección se están produciendo. Para ello podemos comparar las dos muestras que se agregan, para ver si la segunda -la más reciente- apunta en el mismo sentido que la primera -la de la semana anterior-, agudizando la tendencia o moderándola, o invierte ese sentido, y en qué medida...
La comparación de los resultados de esta encuesta con los de la macroencuesta de diciembre indica que las intenciones de voto van definiéndose -disminuyen los indecisos- y que aumentan los electores que tienen intención de votar -disminuyen las abstenciones-.
También queda constancia en esta comparación del efecto -positivo, pero reducido- de la campaña programática iniciada por Mariano Rajoy a mediados de diciembre, en la que ha ido desgranando promesas electorales, desde las subidas de las pensiones a las reducciones de impuestos. El fichaje de Manuel Pizarro como número dos en Madrid se produjo al final del periodo de entrevistas y, si tiene algún efecto en las intenciones de voto, no es probable que se note aquí. Por supuesto, también quedan fuera de la encuesta los efectos que pueda tener la exclusión de Alberto Ruiz Gallardón de las listas, cuyo anuncio coincidió con el final de los trabajos de campo.
Entre tres y cinco puntos
Dentro del periodo de dos semanas que abarca la muestra agregada se puede observar una tendencia clara: los resultados de la primera semana (inmediatamente después de las vacaciones de Navidad) son mucho más favorables al PP que los de la segunda.
Si se hubieran tenido en cuenta sólo las entrevistas del 7 al 11 de enero, la diferencia entre PSOE y PP se habría reducido a menos de tres puntos; pero si se fija la atención en las entrevistas del 14 al 17 de enero, esa diferencia se ampliaría a más de cinco. La próxima semana veremos si esta tendencia última se confirma o no.

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