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La procesión de Santa Sara la Kali

CARLOS MEDORI

Una leyenda. Una esclava egipcia negra. Un desembarco. Un pueblo. Una raza. Una peregrinación. Una pasión. Una devoción. Cada 24 y 25 de mayo el pueblo francés de Saintes Maries de la Mer recibe la visita de miles de gitanos llegados de toda Europa para asistir a la procesión de la Santa Sara la Kali, patrona universal del pueblo gitano.

Las calles de este bello y tranquilo pueblo costero de la Camarga francesa, sudan, ríen, lloran, y sangran raza por los cuatro costados. Músicos callejeros, itinerantes, turistas, curiosos, bohemios, y bebedores de los momentos más dulces de la vida se juntan los días previos a la salida de la Santa de la Iglesia. Violines, chelos y guitarras, palmas y olés aderezan un cuadro mediterráneo que huele a sal y pimienta. Romanichels, Calés, Sintis, Manuches, y demás gitanos de los alrededores del país acampan en el pueblo que acogió hace 21 siglos a la Santa Sara, una esclava egipcia que huía de Palestina en una barca junto a María Magdalena, María Salomé, y María Jacobé.

Un temporal estuvo a punto de hundir su barca, y la esclava se encomendó a Dios y prometió servirle para siempre si les salvaba del naufragio. El mar se calmó y llegaron a la costa del pueblo. Ahí comenzó una leyenda de la que hay pocos hechos documentados.Un bocado de fervor hacia la imagen de una mujer negra envuelta en mantos donados por sus fieles. Unos mantos que brillan de una manera especial cuando la santa llega al mar. El lugar por el que llegó. Y el lugar en el que se fusionan todos los ángeles negros. Como pediría Machín. Aunque en vez de virgen, esta vez sea una Santa. Sara la Kali. La patrona de los gitanos.

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