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Los agujeros negros también se indigestan

Investigadores, gracias a datos del telescopio ALMA, logran observar chorros de materia que eyectan estos fenómenos del universo

EFE

En el centro de casi todas las galaxias, incluida la Vía Láctea, hay agujeros negros supermasivos que 'engullen' grandes cantidades de material y, en ocasiones, también lo eyectan en pequeñas fracciones a través de potentes chorros, los cuales, si bien aún se sabe poco, son cada vez menos misteriosos.

Los encargados de desvelar nuevos datos sobre estos chorros y, en definitiva, sobre los agujeros negros son dos equipos internacionales de investigadores, liderados, uno, por el valenciano Iván Martí-Vidal (actualmente en la Universidad Chalmers de Tecnología, Suecia), y por François Combes (Observatorio de París). Ambos trabajos se publican en la revista Astronomy & Astrophysics, a partir de datos del telescopio ALMA del Observatorio Europeo Austral (ESO), en el desierto chileno de Atacama.

En ellos, por un lado, se describe 'la mejor imagen' del gas molecular que rodea a un agujero negro cercano y poco activo y, por otra, un 'inesperado destello' de la base de un potente chorro cercano a un agujero negro distante, según una nota del ESO. Y es que los investigadores han centrado sus observaciones en dos agujeros negros a escalas muy diferentes: uno cercano y relativamente tranquilo, en la galaxia NGC 1433, y otro muy distante -11.000 millones de años luz- y activo, llamado PKS 1830-211.

Estudiar cuásares y blazares muy lejanos es escudriñar a los agujeros en su 'juventud'Martí-Vidal ha explicado a Efe que en el pasado los agujeros negros eran extraordinariamente activos: 'Tragaban una gran cantidad de materia que radiaba muchísimo antes de caer en ellos, lo que los convertía en los objetos más brillantes del universo primitivo'. Estos agujeros negros tan activos se llaman cuásares y blazares. Con el tiempo, los agujeros negros supermasivos se han ido 'tranquilizando', hasta el día de hoy en que son muy poco activos.

A medida que se observa más lejos en el espacio, se observa más hacia atrás en el tiempo, así que estudiar cuásares y blazares muy lejanos es escudriñar a los agujeros en su 'juventud'. Es este tipo de agujero negro, joven y distante, en el que se ha centrado la investigación de Martí-Vidal, que, por casualidad, ha logrado observar en PKS 1830-211 una 'indigestión', eyección de materia en forma de chorro.

'Hemos observado justo el momento en el que nuevo material entraba en la base del chorro del agujero negro, un material proveniente de esa fracción de materia que, en lugar de ser engullida, consigue escapar del agujero negro', ha detallado. Además, se ha detectado, al mismo tiempo que se veía esa 'indigestión', una fuerte explosión de rayos gamma (la radiación más energética del Universo) proveniente del mismo lugar donde se había inyectado el nuevo material en el chorro.

El otro trabajo, centrado en un agujero negro cercano y relativamente tranquilo y que cuenta con la colaboración del Observatorio de Madrid y el Astrofísico de Andalucía, pone de manifiesto una 'sorprendente estructura espiral en el gas molecular cercano al centro de NGC 1433'. Su autora principal, François Combes, ha relatado: 'Esto explica cómo fluye el material hacia el interior para alimentar al agujero negro'.

Asimismo, ha indicado que se ha hallado un chorro de material que fluye fuera del agujero negro, extendiéndose solo a unos 150 años luz; 'es el chorro molecular de este tipo más pequeño observado hasta ahora en una galaxia externa', según la nota del ESO. Estas observaciones son solo el inicio de las investigaciones de ALMA sobre chorros de agujeros negros supermasivos, cuya interacción -entre ellos y su entorno- sigue 'moldeando' a las galaxias. Y es que pueden frenar la formación de estrellas y/o acabar 'tragándose' buena parte del gas del que se conforman las estrellas y los planetas, 'esterilizando' su entorno, ha apuntado Martí-Vidal.

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