Aristocracia y poder en la música
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La falta de capacidad de convocatoria de los Premios de la SGAE demuestra el triste papel que la música juega en nuestra sociedad. Estos premios, que nutren y aplauden a la aristocracia musical que domina nuestro mercado, no interesan al gran público ni a los conocedores musicales.
Las cuatro multinacionales del disco, SGAE, jefes de compra de grandes almacenes, responsables de cultura y festejos de ayuntamientos, en cohecho con los medios, detentan un poder de hecho dictatorial e inmovilista que decide qué música llega al consumidor y cuál no. A su sombra, una privilegiada aristocracia musical monopoliza los medios y alza una barrera para todos los que no pertenecen al clan.
Todos sospechamos que existen grandes talentos frustrados y nos aburrimos con los lanzamientos mediáticos (que no es lo mismo que decir éxitos discográficos). El entramado de intereses creados y la fascinación de los medios por cierto tipo de seres a los que presuponen cuasi divinos acaba siempre favoreciendo a los mismos.
La gens patricia musical de Sabinas, Ana Belenes, VÃctor Manueles, Autes y Serrates, más los Migueles, RÃos y Bosé, constituyen la punta del iceberg de un suculento pastel cerrado a cal y canto para los que no congenian con los que mandan. Por debajo de ellos chapotea una nobleza menor igualmente inamovible.
Los Premios de la Música se empeñan en mantener esta situación y, aunque dejen caer alguna limosna a los desfavorecidos de la fortuna, protegen el mercantilismo y desprecian las preferencias y sentimientos del amante de la música, sea la portera que barre con el discman a toda pastilla o el estudiante cool con dos mangas y camiseta de black power. Por eso estos galardones, en sus once años de historia, no han creado ningún arraigo.
La música de los condes y duques musicales, menos próspera y menos arrogante que antaño, mantiene sus privilegios: una pequeña industria autosuficiente que da de comer a unos pocos pero impide al resto ganarse la vida con lo que saben hacer, a veces mejor que estos elegidos del gran capital.
8 Comentarios
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Me he inventado un neologismo: artistocracia.
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"La falta de capacidad de convocatoria de los Premios de la SGAE demuestra el triste papel que la música juega en nuestra sociedad". Solo esa afirmación merece destrozar el artÃculo, no confundamos el culo con las témporas. Una cosa es la industria musical, otra los medios, otra los artistas, otras las instituciones...no los mezcles. ¿Que la industria es conservadora?Cierto. Pero ahà no se termina el panorama musical español. rascando se encuentran muchas cosas, e Internet ayuda mucho a ello. Asà que no hagais artÃculos agoreros.
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Noto un poco de mala leche en nombrar a los..¿como dices? A sÃ.. sabinas, Ana belenes, victor manueles, autes,migueles etc... Date cuenta que has nombrado a los mejores del panorama musical no de ahora, sino de hace 25 años por los menos.Y tienen que estar ahà por que se lo han ganado. Pero que hay grupos nuevos, cantantes que estan haciendo su carrera lentamente, tal vez comenzando o ya consolidandose y asà tiene que ser. Las multinacionales de la música como de cualquier otra cosa lo manipulan todo a costa de mayores beneficios, pero eso es asà en música y el calzado por ejemplo. Que la SGAE este haciendose con un poder que no le corresponde es otro tema que seguro que la propia tecnologia regulara. sino al tiempo, propongo que en vez de escuchar música de aquà enlatada pues busquemos música alternativa, de gente joven... y ha ser posible volver al directo...Las bandas musicales de muchos pueblos todos los domingos por la mañana gratis o por un módico precio.(son muchachos tan jovenes y con tantaa maestria que da gusto verlos)
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LA INDUSTRIA CULTURAL O EL FUEGO HELADO. Hielo abrasador, fuego helado, un breve descanso muy cansado e industria cultural. Todos estos son oximorones. Los tres primeros de Quevedo, el último de autor desconocido pero actual. Un oxÃmoron es una figura retórica que consiste en unir dos palabras de significado opuesto. Lo que es un recurso poético pasa hoy a ser polÃtica y el juego de palabras que buscaba la atención del lector, su ánimo, su interior ahora lo que pretende es su bolsillo. La paradoja que resulta de unir dos conceptos que se excluyen mutuamente persigue en este caso un resultado práctico pero que beneficia a quien la defiende y no a quien va dirigida. Cuando un gobierno como el vigente, con su presidente a la cabeza, hace pública defensa de la industria cultural ¿a quién protege, a la industria o a la cultura? A los dos no podrá hasta que el fuego se hiele.
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2º parte. Es obligación de cualquier gobierno limpio procurar a los ciudadanos un acceso fácil a la cultura y la música, por poner sólo un ejemplo, lo es. No tengo ni idea de qué manera una persona se perfecciona si oye música pero es asà y cuanta más música y más diversa sea, mejor. Ahora casi cualquiera puede con el simple movimiento de un dedo escuchar un disco entero de un músico de Nueva Zelanda o de un autor de su propio barrio, de un cantante de hace cincuenta años o de un grupo que acaba de empezar. ¿Qué tiene eso de malo?. Para nosotros nada, para los cuatro o cinco poderosos que copan las ventas de discos, una amenaza a su posición de privilegio. Se podrá hablar a favor o en contra, dar mil matices, mil ejemplos, añadir mil circunstancias pero al final de todo ello habrá que decidirse a favor de quién se está: de la industria o de la cultura, del beneficio económico de unos pocos o del bien general de muchos. Lo dijo San Juan de la Cruz en su Cántico espiritual: La música callada, la soledad sonora.
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Un fomento verdadero de la cultura en general y en este caso, musical: es la de no ser expectador y consumidor pasivo hay que pasar a hacerla.(crearla o cantarla) Asà ánimo a todos a que hagais grupos o encuentros donde la música sea un plano más de vuestras vidas. La música forma parte de nuestra historia, pues vamos a tomarla como lo que es, de enriquicimiento personal, de expresión cultural arraigada en nuestra memoria. Tocad o aprended a tocar un instrumento. En todas las ciudades y pueblos hay Escuelas Municipales de Música; Hagamos que la música sea de todos, para nuestra propia diversión.
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Andá, me han censurado. Bueno,mejor, asà no me denuncia RamoncÃn & Co. por faltarles el respeto. Gracias, Público.
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lo de que existe una aristocracia musical es un hecho, y está bien que se denuncie. afortunadamente internet ofrece caminos alternativos (y ahora se enriquecen las operadoras y no las discográficas, claro).

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