Altamira: En busca de un nuevo yacimiento
Los expertos del Museo de Altamira excavarán este año en la entrada de la cueva, por primera vez desde que se descubrieron las pinturas rupestres
Reproducción de herramientas.EFE
Desde que en 1879 Marcelio Saez de Sautuola descubriera las pinturas de Altamira, ha habido un sinfÃn de investigaciones arqueológicas en el interior de esta cueva. Pero, ¿qué queda en el exterior? O mejor dicho, ¿qué queda sepultado bajo las piedras que fuera casi sellaron la amplia entrada a este lugar en el PaleolÃtico? Por primera vez, especialistas del Museo de Altamira piensan excavar en esa zona en busca de un nuevo yacimiento. Es el principal proyecto que arrancará este año.
Hace 13.000 años, en fechas de carbono 14, la gran entrada a la cueva [cuya dimensión puede apreciarse hoy en la Neocueva, una reconstrucción del espacio cavernario original] quedó prácticamente sellada al derrumbarse el techo, con forma de visera, en los primeros metros de la cavidad. Y lo que era un amplio acceso por donde entraba la luz natural quedó prácticamente cerrado. "La hipótesis que estamos manejando es que en esos metros iniciales de lo que en el PaleolÃtico era cavidad, y ahora es exterior, se puedan conservar restos del hábitat de estas gentes. El proyecto es comprobar si existen y si es asÃ, investigarlos", cuenta Pedro Rasines, arqueólogo del Departamento de Investigación del Museo de Altamira.
Este trabajo se enmarca en el proyecto de investigación que desarrolla el centro desde el año 2003, Los Tiempos de Altamira, cuyo objetivo es documentar las formas de vida de los habitantes de estas cuevas y definir el clima, el tipo de vegetación y la fauna del momento. Para ello, los especialistas han realizado desde entonces tres intervenciones en cuevas cercanas -Cualventi, El Linar y Las Aguas- para estudiar distintos aspectos sin interferir directamente en la conservación de Altamira, cerrada al público desde hace seis años. En el interior de ésta, sólo se ha llevado a cabo una pequeña intervención, consistente en una limpieza de la estratigrafÃa y una toma de muestras.
El Museo está preparando una memoria cientÃfica para publicar, "más pronto que tarde", todos los resultados de estas investigaciones, pero uno de los más interesantes se ha obtenido precisamente en este último trabajo en el interior de Altamira. Según revela Pedro Rasines, "ahora sabemos que la cueva estuvo habitada durante más tiempo y en periodos más antiguos".
La consideración clásica tradicional de Altamira es que habÃa dos grandes niveles de ocupación, en los periodos Solutrense y Magdaleniense, básicamente Magdaleniense inferior. Valorando los resultados de los últimos análisis de la estratigrafÃa, Rasines sostiene ahora que en realidad no hay simplemente dos niveles, sino que éstos son susceptibles de subdividirse hasta llegar a ocho. "Hemos podido afinar y una de las cosas más interesantes es que en la base de la estratigrafÃa hemos encontrado un nivel más antiguo que el Solutrense, un nivel de la época anterior, un Gravetiense final, con una cronologÃa de carbono 14 de alrededor de 22.000 años. Esto es un logro importante", arguye.
El proyecto Los Tiempos de Altamira también está permitiendo definir cómo era la vida de sus habitantes en aquella época, en la última gran glaciación. El frÃo condicionaba la fauna y la vegetación. Los árboles no eran especialmente abundantes y prosperaban los que soportaban las condiciones más duras, como el pino, el abedul y el avellano.
Bisontes y ciervos
La fauna también era diferente. "HabÃa bisontes, tan magistralmente recogidos en la cueva de Altamira, y caballos y ciervos, que era la especie más cazada, seguida de la cabra. HabÃa también animales carnÃvoros que no formaban parte de su dieta, como los leones o el oso de las cavernas", cuenta Pedro Rasines.
Para tratar de reconstruir cómo era la vida en este paraje de Cantabria en el PaleolÃtico Superior, el Museo de Altamira también se ha volcado en la rama de la arqueologÃa conocida como arqueologÃa experimental, que consiste básicamente en crear los instrumentos y las herramientas de épocas antiguas con las mismas materias y los mismos métodos para ponerlos en uso e, incluso, probar su eficacia.
Una de las armas más llamativas que se ha reconstruido es el propulsor, que significó una revolución en las técnicas de caza en el PaleolÃtico, ya que en la práctica suponÃa la prolongación artificial del brazo para lanzar las jabalinas con más fuerza.
El encargado de su reconstrucción y de enseñar cómo se usaba, en los talleres abiertos al público en Altamira, es José Aurelio GarcÃa Munúa. "Se trata de una especie de bastón con un ganchito en uno de sus extremos. Ahà apoyaban una jabalina para lanzarla contra la presa", cuenta.
También ha logrado clonar el método para hacer con sÃlex herramientas con la técnica conocida como levallois, cuyo uso fue relativamente frecuente durante el PaleolÃtico Medio. "En los yacimientos se suelen encontrar las lascas y luego los núcleos, por lo que se puede ver cómo era el proceso de fabricación. SolÃan ser herramientas multiusos", explica GarcÃa Munúa.
La arqueologÃa experimental ha permitido determinar también cómo los pobladores de Altamira fabricaban con huesos y asta, sobre todo de ciervo, arpones para la pesca, adornos, finÃsimas agujas, puntas...
Munúa muestra también cómo los pobladores del PaleolÃtico se las ingeniaban para hacer un hilo, tan fino como resistente, con los tendones de ciervos y caballos, asà como pegamento a base de mezclar resina con cenizas o arcillas. "Hay un resto más reciente en el que aparece la resina mezclada con cera de abeja. Se pega y queda como una piedra", asegura, antes de hacer otra demostración para crear fuego a la antigua usanza golpeando una piedra de sÃlex contra otra de pirita. La chispa prende en el combustible (paja y un hongo del tronco de los árboles). "Ellos sabÃan, sabÃan bien lo que hacÃan", concluye.
"La prioridad es conservar la cueva"
 Pedro Rasines, arqueólogo de Altamira
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¿Cuándo se reabrirá la cueva de Altamira?
La cueva estará cerrada todavÃa un año y medio más. Cuando esté finalizado el estudio se darán recomendaciones técnicas sobre las condiciones en que debe conservarse: si es necesario que siga cerrada al público y, si se reabre, cuál debe ser el régimen de visitas para que el impacto sea aceptable. La prioridad es conservar la cueva.
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Si se reabriera, ¿cuál serÃa el futuro de la Neocueva?
La Neocueva no es un sucedáneo, es un recurso museográfico más para conocer Altamira. Haber estado en la cueva original no te excusa de ver la Neocueva, porque hay aspectos del conocimiento de Altamira que no puedes adquirir en la original. En la cueva original tenemos lo que nos ha llegado al siglo XXI, mientras que la Neocueva está restituida al aspecto que tenÃa hace 15.000 años.
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Aún hay gente que no comprende por qué no se puede visitar la cueva...
Cada uno de nosotros funcionamos a 37 grados, y al meternos en un espacio reducido, sube la temperatura y varÃa la humedad. Además, al respirar aportamos vapor de agua, en nuestros zapatos llevamos microorganismos... El cenit del impacto se produjo en 1977, cuando se comenzaron a apreciar sÃntomas importantes del deterioro de las pinturas.
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¿Ha cambiado la percepción del público sobre Altamira desde que se abrió la nueva sede?
AquÃ, además de investigación, hemos hecho museografÃa y pedagogÃa. Hay que publicar los resultados de las investigaciones para que estén a disposición de los especialistas, pero también hay que hacer que esto llegue a todo el mundo porque todos tenemos derecho a saber. Los recursos que está invirtiendo la sociedad en investigación también tienen que revertir en la gente. De esa forma la sociedad comprende lo que se hace y lo valora.
5 Comentarios
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He estado en a Neocuea hace unos poquitos años y me parece algo magnÃfico. No sólo reproduce, sino que facilita la comprensión,mejora las condiciones originales aumentando la distancia entre suelo y techo (ganas en perspectiva y puedes contemplar una visión general de la cueva y sus pinturas). Si vuelven a abrir la cueva original sólo deberÃa ser a los investigadores o como mucho, dejar entrar hasta la entradilla para arrodillarse, santiguarse y dar gracias a Dios por haber mantenido algo tan bello en pie hasta nuestros dias.
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fue muy emocionante. entrar en la cueva imagen. no existe nada comparable a nuestros orÃgenes. nuestro cerebro inmediatamente se reconoce en el ambiente y en las formas de los techos... los ocres atraen la mirada intuitiva, mientras que las sombras se alÃan con las figuras, el color y el fuego para llenar toda la estancia de humanidad y favorecer la convivencia de la comunidad en un entorno, en principio, hostil; después, humanizado. un poquito cursi, pero refleja el estado de atracción fatal que sentà al revisitar el hogar de mis antepasados.
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Lo que sà estarÃa bien es que Altamira permitiese entrar a más personal investigador, en vez de los cuatro enchufados que tienen allà montado su coto particular. No me refiero a entrar en la cueva, sino en el Centro de Investigación.
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En los años sesenta tuve la oportunidad de entrar en Altamira y puedo asegurar que no se siente lo mismo que estar en la Neocueva.Salvando las distancias entrar en la Altamira es como entrar en una catedral y entrar en la neoueva es como entrar en una rascacielos. Emociona pero menos....al menos a mÃ
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He vivido siete años a pocos kilómetros de la cueva. era la década de los sesenta. Entrábamos en la cueva como perico por su casa. Hace poco estuve allÃ; me negué a entrar en la nueva para no contaminar la huella mnésica que aún guardo de la original.Me gustarÃa que me permitieran volver a entrar aunque sólo fuese unos minutos. En la década de los sesenta podÃas pasarte allà horas enteras.

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