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“Como en el 11-M”, dice una y otra vez la radio que escucho esta tarde de miércoles. La misma ciudad golpeada, el mismo protocolo de emergencia, otra cifra escalofriante de muertos... y nada sobre el abrazo social.

El 11-M no solo se activó un plan de emergencias. Hubo mil iniciativas espontáneas de la gente cualquiera: flores, mensajes, manifestaciones, donación de sangre. Mil formas distintas de expresión, de elaboración común de lo sucedido. No sólo había horror, también vidas que se agarraban unas a otras para hacerle frente. El calor de ese abrazo social tuvo efectos duraderos. Contribuyó a que el miedo, el dolor y la rabia no se tradujeran únicamente en abatimiento, racismo, odio cristalizado...

Pero esta tarde, escuchando la radio, tengo la impresión de que lo único que se recuerda es la dimensión técnica: expertos que realizan su labor.

Se anuncia incluso que no es necesario acudir a donar sangre. “Todo está bajo control”, “ya se está haciendo todo lo posible”, “no necesitamos nada”. Puro trabajo técnico. Se diría que a los demás nos queda sólo escuchar las noticias y llorar en casa. Una respuesta pasiva, privada, individual. “Todo está bajo control” significa en el fondo que podemos despreocuparnos, seguir nuestra vida, continuar las vacaciones.

Por la radio sigo escuchando discursos sobre la importancia del apoyo mútuo, de que los afectados se sientan arropados, pero son llamadas a una solidaridad vacía, retórica y abstracta. Así, el “Madrid solidario que se vuelca” no es en realidad una vía abierta para elaborar mi duelo, mi rabia o mis preguntas con otros. Parece que, cuando “todo está bajo control”, cualquier manifestación activa de la ciudadanía es una interferencia.

Pero, ¿y desde abajo? ¿Cómo nos vinculamos a lo que pasa? No es fácil.

El psicólogo Jesús Poveda, entrevistado en la radio, dice: “ahora hay que estar”. Se refiere a los círculos íntimos de los afectados directos.

Pero vale también para los que nos sentimos afectados indirectos por lo sucedido, como parte de una misma sociedad. Hay que estar. Pero, ¿cómo?