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Los 10 sentimientos de un ser vivo llamado FIB

El festival despide su 15 edición con éxito de público y la resaca de cuatro días emocionantes

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El paso subterráneo de la estación de tren de Benicàssim estaba ayer a mediodía atestado de fibers con caras de agotamiento tras cuatro días de maratón festivalera. Olía a sudor, a potingue, a sal, pero se estaba fresco. 'Claro, pero cinco días de FIB pueden ser muchos', se oía a uno que pasaba. Los hay que piden más.

Musicalmente, ha sido uno de los programas más flojos que se recuerdan. Tres de los cuatro cabezas de cartel habían actuado este año en España (Oasis, Franz Ferdinand y The Killers). Se echaron de menos grupos más exclusivos, como el caso de Leonard Cohen el año pasado. 'Podían haber metido a Depeche Mode o a The Cure. Hay grupos que aquí ni nos van ni nos vienen', comentaba Jesús Jaén en el tren Alaris de regreso. Además, la selección de grupos medianos no estuvo a la altura.

El éxito de público, su ejemplar respuesta ante la suspensión del viernes por el viento y la eficaz organización fueron la otra cara de un festival que es ya un ser vivo.

Si Franz Ferdinand levantó fervor, lo de The Killers el domingo fue absoluta devoción. Su concierto rozó seriamente la perfección. Su épica podrá chirriar, el saltimbanqui Brandon Flowers exaspera con sus bailes epilépticos y su repertorio es tan clásico como el Cola Cao, pero nadie podrá negar que si se suben a un escenario arrollan. Sus canciones están plagadas de melodías adictivas, y no por ello obvias.

¿Hay algo peor para un fiber que se suspenda el concierto de su grupo favorito? Eso ocurrió el viernes, cuando el viento obligó a cancelar la actuación de Kings of Leon. Los españoles se llevaron doble disgusto: la banda ya había cancelado en primavera su concierto en Madrid.

La de los fans de Kings of Leon hacia los fans de Los Planetas, cuyo concierto del viernes se pudo trasladar al domingo por la noche. Esta vez sí, a Jota y compañía no se les pusieron en contra los elementos.

Ryan, un británico de 21 años, buscó habitación de hotel en hotel tras sufrir el azote del sol asfixiante en el camping. 'Hasta hoy domingo nada', decía. El FIB es una prueba para superhombres. Por si fuera poco, los fibers siguen soportando un acceso al recinto de lo más intrincado, al tener que cruzar la N-340. Una asignatura pendiente.

El sábado un británico fue ingresado en el hospital local con síntomas de la nueva gripe. Al día siguiente, se escapó del centro clínico.

La cara de Dan Treacy, de TV Personalities, durante su disparatado concierto irradiaba felicidad. El público lo admiraba o se indignaba, pero se quedaba.

Los gallegos Catpeople no pudieron contener la emoción de abrir la jornada del domingo en el escenario principal y dieron las gracias al festival compartiendo sus sentimientos en voz alta: 'No os podéis imaginar lo que se siente al estar tocando aquí'.

El FIB miró al pasado con las resurrecciones de Tom Tom Club y The Psychedelic Furs. Los primeros soportaron los abucheos del respetable, que esperaba el concierto de Kings of Leon y no el suyo.

El público mostró su cabreo porque el festival no les proporcionó horarios de los conciertos, sino que los vendía al precio de siete euros. Un timo en toda regla al que muchos se negaron y que propició el diálogo más recurrente del fin de semana: 'Perdona, ¿sabes a qué hora toca...?'.

El cantante de los vascos We Are Standard se volvió loco durante su concierto del jueves en el escenario principal. Loco de felicidad: 12.000 personas bailaban sus canciones.