Publicado: 13.12.2013 08:00 |Actualizado: 13.12.2013 08:00

14-D, 25 años de la huelga que paralizó España

Se cumple un cuarto de siglo de la huelga general más secundada de la democracia, en la que ocho millones de trabajadores lograron que el Gobierno de Felipe González diera marcha atrás en varias de sus políticas económ

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Era 1988. La economía española crecía a un vertiginoso ritmo del 5% mientras gobernaba con mayoría absoluta el PSOE de Felipe González. El programa de reconversión industrial de los años previos había dado al traste con las antiguas factorías españolas, sobre todo en la industria naval. El desempleo crecía y, como ahora, se cebaba con la población más joven, que superaba el millón y medio de parados.

En esa coyuntura, el Gobierno de González decidió atajar el problema de la misma forma que iba caracterizando su política económica: haciendo concesiones a la patronal. Tras negociar sin éxito con sindicatos y empresarios, el ministro de Empleo, Manuel Chaves [que después sería presidente de la Junta de Andalucía] decidió aprobar el llamado Plan de Empleo Juvenil, que abría la puerta de la precariedad laboral.

Era el primer contrato basura de la joven democracia española, destinado a jóvenes de entre 16 y 25 años, por el salario mínimo interprofesional, una duración de entre seis y 18 meses y exenciones en las cuotas de la seguridad social para los empresarios.

Fue la guinda de un amargo pastel socioeconómico, y los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, convocaron una huelga general de 24 horas para el 14 de diciembre. Fue el paro más secundado de la democracia, con más de ocho millones de trabajadores en huelga, un 90% de la población activa.

Un piquete en las puertas de El Corte Inglés de Preciados, Madrid, que abrió durante el paro general.

A media noche del día 13, la carta de ajuste se instalaba en la única cadena de la televisión de la época, RTVE, anunciando el comienzo de un paro que el propio Ejecutivo calificó de "mayoritario". Cientos de miles de personas salieron a las calles de Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla, ... el país entero quedó paralizado durante un día.

25 años después, Antonio Gutiérrez, entonces secretario general del CCOO, recuerda la huelga como "un acto de dignidad y justicia frente a un gobierno prepotente e injusto" que "expresaba el hartazgo con la deriva liberal del Ejecutivo socialista", decía en el acto conmemorativo que el jueves celebró el sindicato junto al actual secretario general, Ignacio Fernández Toxo.

Gutiérrez: "El paro general expresaba el hartazgo con la deriva liberal del Ejecutivo socialista" Un hartazgo que quedó probado con la enemistad que supuso esta convocatoria entre Felipe González y el secretario general de su sindicato histórico, la UGT, Nicolás Redondo, que un año antes había renunciado a su acta de diputado por Vizcaya en el Congreso por desacuerdo con la política laboral y económica de González.

Los contratos basura fueron el saco en que se metió el descontento con la política económica de González y su ministro de Economía, Carlos Solchaga. Los sindicatos lograron parar el país y forzaron al gobierno a enterrar el Plan del Empleo Juvenil, causa de la huelga pero no única reivindicación. A sus peticiones había que sumar una subida de las pensiones, de las protecciones por desempleo y del salario de los funcionarios.

Ante el clamoroso éxito de la convocatoria, González cedió y se sentó a negociar con las centrales sindicales. Un año después, en 1989, el Gobierno equiparaba las pensiones con el IPC y subía el salario a los trabajadores públicos. Se logró el Estado del bienestar tan reivindicado durante esa época.

Toxo: "La necesidad de la huelga estaba tan vigente el 14-D como lo está hoy"

"Fue una huelga útil y traducida en acuerdos concretos y plausibles que mejoraron sustancialmente la vida de la gente y de las trabajadoras y trabajadores", afirmó Toxo durante el acto conmemorativo.

Un cuarto de siglo más tarde, el Estado del bienestar se resiente, los recortes en gasto social del Gobierno de Rajoy son abrumadoramente superiores a los de la época socialista y la precariedad laboral va en aumento con la última reforma del mercado de trabajo, que ahora espera una vuelta de tuerca impuesta por Bruselas.

Los contratos basura acuñan nombres más difusos, como minijobs; las pensiones se desligan del IPC y las prestaciones por desempleo peligran cada vez más. Con seis millones de parados, según la EPA, y un paro juvenil que supera el 50%, los sindicatos contestaron en 2012 con dos huelgas generales.

Fue el primer año en la democracia que el Gobierno tuvo que hacer frente a dos paros generales. Sin embargo el seguimiento no fue tan masivo con el del 88. Las convocatorias del 29-M y del 14-N tampoco arrancaron a Rajoy ninguna concesión. La historia se repite y, reforma a reforma, la seguridad laboral empeora.

"La necesidad de la huelga estaba tan vigente el 14-D como lo está hoy", decía Toxo el jueves. Pero ni su central ni la UGT han anunciado una nueva jornada de huelga. Mientras, el Gobierno centra sus esfuerzos en cumplir las recomendaciones del BCE, el FMI y la CE; los expertos hablan de reducción salarial como solución al desempleo y las irregularidades en el seno de UGT-Andalucía amenazan seriamente la imagen y labor del sindicalismo.