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24 h. en Soria, la ciudad de Machado, Bécquer y Gerardo Diego

La exposición de Las Edades del Hombre es la excusa perfecta para escaparse a Soria y descubrir, de paso, una de las ciudades con más personalidad de Castilla. Románico en estado puro y la huella permanente de los poetas, con

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El que no ha visto con detenimiento la extraordinaria portada de la iglesia de Santo Domingo de Soria, no sabe lo que puede llegar a ser el románico: un cómic completo, esculpido en piedra, con los episodios más relevantes del Antiguo y el Nuevo Testamento. Lo mismo cabría decir con respecto a Antonio Machado: el que no ha entrado en el aula de francés del instituto soriano, el que no ha paseado de San Polo a San Saturio, o el que no ha visto el milagro de los brotes verdes en el olmo seco, muy cerca de la tumba de Leonor, en el Espino, no puede decir que ha respirado a fondo el espíritu del autor de Campos de Castilla.

Preparar una visita a Soria se hace necesario para poder asistir a la que quizás sea la última entrega de Las Edades del Hombre, la serie más exitosa de muestras de arte sacro que se ha celebrado nunca en España. Pero convertir esta escapada en una jornada completa por la capital del Duero puede hacer de la experiencia algo inolvidable.

Para tener los deberes hechos, conviene empezar la visita precisamente por Las Edades, en la concatedral de San Pedro, recordando que la muestra se abre a las 10,00 de la mañana, que la visita requiere por lo menos de una hora larga, y que cierra los lunes. Después de haber saboreado a fondo la exposición, y ya que estamos en la parte baja de la ciudad, junto al río, quizás lo más adecuado es asimilar todo lo vivido a lo largo de un paseo por el Duero, siguiendo las tres grandes referencias de sus orillas: el antiguo convento de San Juan de Duero, con su sorprendente claustro, y las ermitas de San Polo y San Saturio, especialmente esta última, un verdadero delirio de piedra junto a las aguas del río...




Uno no debería marcharse de Soria sin probar unas migas de pastor, o una caldereta de cordero, o cualquiera de esos platos de cocina tradicional que, regados con los exquisitos vinos de Ribera del Duero de la zona, tocan las más altas cimas gastronómicas, así que después de buscar acomodo en alguno de los restaurantes del centro, hay que preparar la jornada de tarde como un largo paseo por la Soria más monumental y machadiana. Y para facilitar el tránsito, y la digestión, lo mejor es ir de arriba abajo, es decir, comenzar por el alto Espino donde está enterrada Leonor y donde, al lado de la iglesia, se muestra el olmo seco que representa la esperanza eterna del poeta.

Siguiendo los pasos de Machado cuesta abajo, muy cerca de la iglesia del Espino, se encuentra la Plaza Mayor, uno de los espacios más nobles y de mayor sabor de la ciudad, con referencias como el Arco del Cuerno, la Casa del Común, la fuente de los Leones, la torre de Doña Urraca, el palacio de la Audiencia o el Ayuntamiento, con el flamante escudo de los Doce Linajes sorianos en su frontispicio. Y, por supuesto, la iglesia de Santa María la Mayor, donde se casaron Antonio y Leonor.

A través del Collado, la arteria principal de la ciudad, y donde Machado tuvo su primera pensión soriana, se accede a los principales puntos de interés del casco antiguo soriano, como el impresionante palacio de los Condes de Gómara, los palacios de la calle Aduana Vieja o la espectacular iglesia de Santo Domingo, expresión mayor del románico castellano. El instituto Antonio Machado y, en un rincón de su claustro, el aula de francés dedicada al poeta, son referencias inevitables en este recorrido. Tampoco podemos marcharnos de Soria sin haber hecho una visita, aunque sólo sea para apreciar las maravillas de su arquitectura exterior, a la iglesia de San Juan de Rabanera.

La caída de la tarde, o de la noche, es uno de los momentos mágicos de Soria. Para los seguidores de Leonor está el mirador de los Cuatro Vientos, junto a la iglesia del Mirón y al hotel que lleva el nombre de la esposa de Machado. Para los seguidores de Antonio, quizás el castillo, al lado de Parador bautizado con el nombre del poeta, o el mirador del Corazón de Jesús, donde las vistas de la ciudad iluminada son impresionantes... Y con todas estas cosas en el corazón, quizás caminar por la ciudad de Machado, pero también por la de Gerardo Diego y Gustavo Adolfo Bécquer, a la caza de fantasmas... Toda una experiencia.









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