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24 horas en la ciudad de la mezquita

Este edificio emblemático es el alma de Córdoba, y una parada obligada en cualquier visita, por más que esta dure sólo una jornada. Pero la localidad andaluza es también judería, alcázar cristiano y barrios

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Córdoba es una ciudad hecha para el disfrute pausado y tranquilo. Pero el tiempo, ya lo señala el dicho, es un preciado tesoro del que no siempre se dispone en la cantidad que sería necesaria. Así que si sólo tenemos 24 horas para conocer la localidad andaluza, conviene tener claros una serie de lugares imprescindibles que no deberíamos perdernos.

La Mezquita sin duda encabeza la lista. Es mucho más que un edificio: se trata del alma de Córdoba, del mejor compendio de su belleza y su historia. Para disfrutarla con sosiego conviene, pues, que empecemos por ella el recorrido. Varios son los puntos a los que debemos prestar especial atención: el luminoso Patio de los Naranjos, la ampliación de Almanzor, la Catedral cristiana, una vez pasada la zona árabe... Pero sin duda los dos espacios arquitectónicos más deslumbrantes del monumento omeya son el mirhab y la maqsura, frente a los que hay que tomarse un tiempo de contemplación. Si visitamos la Mezquita no podemos por menos que darnos el gusto de pasear por las calles más interesantes del cercano barrio de la judería, empezando por la Plaza de Judá Leví y continuando por la de Maimónides y la de Tibiriades. Unos metros más arriba nos encontraremos con la sinagoga judía.

Y es que precisamente uno de los atractivos de Córdoba es la posibilidad de transitar entre diferentes religiones y culturas con apenas dar un paso. Comprobamos esa mezcla con nuestra siguiente visita tras la judería: el Alcázar de los Reyes Cristianos. Un lugar que destaca tanto por sus interiores como, muy especialmente, por sus jardines y estanques, que nos retrotraen a un pasado andalusí de esplendor al tiempo que permiten tomarse un respiro entre las elevadas temperaturas que la ciudad alcanza durante los meses de verano.

Una mañana de visitas tan intensa bien se merece un almuerzo en alguna de las tascas que rodean las plazas de las Tendillas y Corredera, sobre todo para intentar evitar las intensas caminatas durante las horas más asfixiantes del mediodía y para encarar las visitas de la tarde, que también promete ser intensa dado el poco tiempo disponible. Podemos aprovecharla para bajar hasta la Plaza del Potro y hacer una visita al Museo de Bellas Artes y el de Julio Romero de Torres, que nos permitirá contemplar las obras del que está considerado uno de los grandes pintores de la mujer andaluza.

Cae la tarde y se agradece un respiro por la Córdoba menos transitada y auténtica, la que se esconde en los barrios populares en los que se erigen los templos de San Lorenzo y San Pedro, construidos sobre los que en su día fueron mezquitas árabes: una vez más, la secular convivencia de culturas y religiones se hace patente en la ciudad. Con la llegada de la noche, en esta misma zona podemos entrever, curiosos, algunos de los patios más bellos de la arquitectura popular cordobesa. Nos llevaremos así una estampa, furtiva y hermosa, de parte del alma de la ciudad de la Mezquita.


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