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25.000 mayores volverán a las aulas

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En torno a 25.000 mayores de 55 años se proponen volver a las aulas universitarias. Aprender lo que no pudieron de jóvenes, afrontar la jubilación de una manera activa, relacionarse... son algunos de los motivos que les lleva al campus y a ponerse ante los libros, sin la presión de obtener un título.

Medio centenar de universidades tienen abierto el plazo de matrícula en las aulas de Mayores, también llamadas "de la Experiencia", con una demanda que aumenta cada año, por las prejubilaciones y el envejecimiento de la población, y los efectos beneficiosos en la salud, coinciden, en declaraciones a Efe, responsables de estos programas.

No se requieren estudios previos. Para la mayoría de las universidades basta tener 55 años y ganas de aprender. No hay límite de edad, en varias hay alumnos con más de 90 años.

Una investigación que será publicada en los próximos meses, con datos de 30 universidades de la Asociación Estatal de Programas para Mayores (AEPUM), constata que la mayoría de estos estudiantes "ha ganado en calidad de vida, autoestima, autonomía, en saber convivir con los cambios tecnológicos y sociales", dijo a EFE Concha Bru, directora de la Universidad Permanente de Alicante, que coordina el estudio.

Los Programas para Mayores, nacidos en la década de los 90 y cuya oferta se ha doblado en la última década, se plantearon inicialmente como una acción formativa, señala Concha Bru, "pero tienen una componente social y paliativa en cuanto al deterioro cognitivo y la dependencia".

Por las tendencias demográficas, explica, la incorporación de jóvenes a la universidad se va ralentizando mientras crece la población mayor. Al tiempo, las prejubilaciones y la esperanza de vida (77 años en hombres y 83 en mujeres) dejan una amplia franja de años para ocupar y hay que dar respuestas a una demanda creciente.

De hecho, 478.200 personas mayores de 55 años hacían algún curso de educación y formación el segundo trimestre de 2007, menos de un 10 por ciento (43.700 personas) estudios reglados y el 90% restante (434.500) no reglados, según la EPA. El 70 por ciento de estos estudiantes son mujeres.

La misma proporción, en conjunto, se da entre los alumnos "de la experiencia", en su mayoría entre 65 y 75 años, según el informe que analiza estas enseñanzas universitarias.

La mayoría (un 30%) tiene estudios primarios y un 3,78% no tiene estudios, porcentaje similar a los que tienen algún doctorado. El resto se reparte entre licenciados, diplomados y bachiller elemental o graduado escolar, dijo a EFE Adoración Holgado, secretaria de la AEPUM y directora del programa Interuniversitario de la Experiencia en la Pontificia de Salamanca.

Las razones que citan para incorporarse a la universidad, "ampliar conocimientos, estar al día y encontrar gente nueva", y las materias que más demandan son las relacionadas con Ciencias Sociales y Humanidades, Ciencias Jurídicas, de la Naturaleza y la Salud.

No se quieren ir La asignación de plazas (22.000 en el curso pasado) aumenta cada año y se diversifican las opciones: los alumnos que entran "casi nunca se quieren ir, algunos llevan en esto 15 años", afirma Holgado, por lo que "hay que estar muy abierto y ofertar cosas nuevas". La mayor parte de las universidades desarrolla el programa en 450 horas lectivas repartidas en tres años, con asignaturas obligatorias y optativas, que suelen cursarse en tres o cuatro tardes a la semana. Algunas contemplan un segundo o tercer ciclo, de uno o dos años, programan cursos paralelos, plazas para oyentes o actividades complementarias sobre cuestiones de actualidad, conmemoraciones nacionales o locales y clases impartidas por profesores de otras universidades, explica la secretaria de la AEPUM. En general, la asistencia es obligatoria y no hay exámenes. Las asignaturas se superan con trabajos que el profesor devuelve al alumno con un comentario sobre su aprovechamiento. La finalidad de estos estudios, lejos de la competencia en el mundo profesional, es promover la actividad intelectual y el contacto intergeneracional de los mayores, que "están ocupados, se sienten valorados y comparten experiencias". Al final, opina Holgado, mejora su percepción personal y dejan a un lado la soledad. "Tienen una disculpa para salir de casa, se arreglan, leen y hacen trabajos, buscan libros y discuten con los nietos sobre los contenidos y los profesores". Entre ellos se crea un ambiente de compañeros y "descubren lo que es reabrirse a otros grupos de amigos, revivir una formación que tenían olvidada, y a nivel emotivo y de salud mental les proporciona grandes satisfacciones", afirma Concha Bru. Mejor que jugar al dominó Ellos buscan ocupar su tiempo "en algo más interesante que jugar al dominó", según palabras de uno de los alumnos de la Universidad para Mayores de Alcalá de Henares. Su directora, Natividad Recio, destaca que "vienen a aprender, con ilusión, demuestran interés, atienden, preguntan, avisan si van a faltar unos días. Son cumplidores, pero también exigentes, y valoran las clases bien dadas. Los profesores están encantados". A diferencia de los alumnos jóvenes, cuenta Adoración Holgado, los docentes destacan que son muy participativos, dinamizan las clases y aprecian su preparación, hasta el punto de "aplaudir" al final. El objetivo de las universidades es "seguir avanzando", resume Natividad Recio, ocupada en solucionar un problema de plazas: En primero de Humanidades habían ofertado 90 y hay 158 preinscripciones. El próximo paso, para la AEPUM, es conseguir el reconocimiento institucional, la validez académica de estos estudios y la consolidación de los recursos económicos "para seguir creciendo". Los programas se financian ahora con el pago de las matrículas, aportaciones de las consejerías de Servicios Sociales o Educación, fundaciones privadas y de las propias universidades, explica Concha Bru.