Publicado: 11.11.2013 07:31 |Actualizado: 11.11.2013 07:31

Los 32 días que hicieron de Madrid un vertedero

En 1993, otra huelga de barrenderos dejó las calles de la capital repletas de suciedad durante más de un mes. Los sindicatos aseguran que ésta podría ser más larga aún si el Ayuntamiento no media para solucionar e

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Era 12 de abril de 1993 y, como ahora, los trabajadores de limpieza viaria comenzaban una huelga indefinida que duraría más de un mes. 32 días exactamente. Los sindicatos no han parado de recordar que la actual huelga puede durar incluso más que aquella debido al callejón sin salida que han construido empresas concesionarias y Ayuntamiento.

En aquel conflicto laboral ya comenzaba a forjarse nombre y carrera política una joven Esperanza Aguirre, que desempeñaba el cargo de concejala de Medio Ambiente bajo la alcaldía de José María Álvarez del Manzano.

No fue una año tranquilo para el Ayuntamiento. A principios de ese mismo mes, los basureros también comenzaron una huelga por un aumento salarial que, aunque sólo duró seis días, dejó la capital emponzoñada durante el cortejo fúnebre de Juan de Borbón, padre del actual monarca.ç

"Misma escoba, misma función. Equiparación" fue el lema del paro

"Aquel conflicto se motivó porque, en Madrid, había una división dentro del cuerpo total de barrenderos. Una parte eran empleados públicos y otra parte, privados. Queríamos la equiparación de salario y jornada a la de los trabajadores públicos, que ganaban más haciendo el mismo trabajo", recuerda para Público Juan Carlos del Río, responsable de la federación de Servicios Públicos de UGT, que por aquel entonces "era tan sólo un delegado sindical".

Era la época inicial de las privatizaciones. En aquel momento aún resistían como empleados públicos los barrenderos de los distritos de Chamartín, Arganzuela, Retiro, Chamberí, Salamanca, Tetuán y Moncloa; mientras que Dragados y Construcciones, Linrucasa Segema, Aseo Urbano y Cespa (que actualmente es la única de las cuatro empresas que no ha presentado ERE) se repartían los 14 distritos restantes, la mayoría de la periferia.

La diferencia salarial era de unas 400.000 pesetas anuales de aquel entonces, unos 2.400 euros. "Se daba la paradoja de que, en la calle Alcalá, la acera de la izquierda la barría un trabajador con unas condiciones diferentes a las de quienes barrían la derecha, por eso el lema de la huelga era La misma escoba, la misma función. Equiparación", sostiene Del Río.

"La acera derecha de Alcalá la barría un trabajador con unas condiciones diferentes a las del que barría la izquierda" Fue una huelga larga en la que, al igual que ocurre con ésta, el Ayuntamiento no quería inmiscuirse en una mediación. Según afirmaba Esperanza Aguirre, las posturas de empresas y trabajadores eran tan distantes que sería absurdo mediar. El incremento progresivo que pedían los trabajadores era de un 7% aproximadamente, frente al 4%-5% que ofrecía la patronal Aselip.

"El Ayuntamiento no quería intervenir porque pretendía demostrar que con la empresa privada el servicio era más barato que siendo de titularidad pública, pero lo único que era más barato eran los salarios que pagaban las privadas. La limpieza pública  se ahorra el beneficio, la plusvalía que cualquier empresa privada quiere obtener, un 7% aproximadamente", asegura Del Río.

20 años más tarde, pese a no estar probado que lo privado sea más barato, todas las contratas están en manos de grandes constructoras y la conflictividad laboral sigue presente, aunque con la comodidad añadida para el Consistorio de ser cliente (víctima) y no garante (verdugo). La edición de El País del 18 de abril de 1993 resumía la maniobra con un titular muy directo: "Suya es la huelga, mía no", la misma posición que ha tomado el equipo de Ana Botella, que hasta el cuarto día de basuras apiladas en las calles que rige no se reunió con las empresas. Eso sí, solo para interesarse por el estado de las negociaciones con los sindicatos y urgirlas a una pronta solución.

Una calle de Madrid el 15 de abril de 1993, tres  días después del comienzo de la huelga. -DAVID CALLE (HEMEROTECA ABC)

Fueron 32 días de acumulación progresiva de basura en las calles, de ruedas pinchadas y contenedores quemados. También de "ratas campando a sus anchas" en muchos puntos de la ciudad, rememora el sindicalista. "Madrid era un estercolero. Incluso nos amenazaron con movilizar al Ejército para que limpiara las calles", afirma Del Río, quien presagia de la actual una "huelga muy larga".

"Aquella vez cedimos porque era dejar de ganar, no perdíamos nada. Ahora podemos perder el empleo" Las razones para el vaticinio son simples: "Según el Ayuntamiento, la huelga no va con ellos. Descontará dinero a las empresas por no prestar los servicios, pero al mismo tiempo que las empresas pierden dinero se lo están ahorrando en salarios. A los trabajadores nos da igual perder seis meses de sueldo que vivir con las condiciones que quieren imponernos las empresas. Sabíamos que este conflicto iba a ser largo y estamos mentalizados", resume el representante de UGT.

Tras 32 días de huelga, los trabajadores decidieron volver a limpiar las calles después de una dura votación en la que acordaron dejar el conflicto en manos de un arbitraje. "Cedimos y no acabó con la equiparación que pedíamos. Hubo un laudo arbitral", explica Del Río, quien señala una enorme diferencia con la que se convocó el pasado miércoles: "Aquella vez cedimos porque era dejar de ganar, no perdíamos nada. Ahora podemos perder el empleo y casi la mitad del salario. Eso significa perder la casa porque no podemos pagar la hipoteca". Ante esta situación, Del Río lo tiene claro: "Seguro que superamos la del 93", zanja.