Publicado: 14.03.2014 08:00 |Actualizado: 14.03.2014 08:00

"A esos 36 millones de personas que perdieron la batalla del SIDA"

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Jared Leto dedicó el Oscar al Mejor Actor Secundario a "esos 36 millones de personas que perdieron la batalla del SIDA". Víctimas de una enfermedad despiadada que en sus comienzos se cebó con el colectivo homosexual, los enfermos con VIH que desarrollaron el síndrome sufrieron, entonces, el desprecio y la repulsa de muchas de las personas que estaban a su alrededor, fanáticos, homófobos, intolerantes... que criminalizaron su inclinación sexual. Dallas Buyers Club, la nueva película del canadiense Jean-Marc Vallée, recuerda esos primeros tiempos, a mediados de los ochenta, desde la historia real de Ron Woodrof, un tipo al que le diagnosticaron el SIDA, que se enfrentó a las farmacéuticas y al Gobierno de EE.UU. y que se convirtió involuntariamente en un héroe. Un personaje que le ha valido, merecidísimamente, el Oscar a Matthew McConaghey.

Woodrof murió finalmente en 1992, siete años después de que le dieran el diagnóstico y seis años y once meses más tarde de lo que los médicos le habían augurado. Un mes antes de morir, Craig Borten tuvo un poco de tiempo para trabajar con él en el guion de la película que contaría su vida. Un proyecto que se ha retrasado veinte años, pero que finalmente ha visto la luz.

Dallas Buyers Club cuenta cómo en 1985, cuando tenía 35 años, a Woodrof le diagnosticaron el VIH.  La ‘era del SIDA' había empezado oficialmente en 1981, con los primeros cinco casos de neumonía por Pneumocystis carinii en Los Ángeles. Había pasado poco tiempo, pero ya se sabían algunas cosas fundamentales, aunque aún existía entre la población la idea generalizada de que la enfermedad era un mal que afectaba sólo a los homosexuales. Entonces, este electricista y cowboy texano, más macho que nadie y homófobo por los cuatro costados, que era uno de los que creía que el SIDA era una enfermedad solo de la comunidad gay, comenzó a sufrir la discriminación en sus propias carnes por parte de sus compañeros y amigos.

La AZT (azidotimidina) fue aquel año el único medicamento anti-viral que mostró algunos  progresos. Las cantidades que había de esta medicina eran pocas y solo estaban al alcance de los pacientes aceptados para los ensayos clínicos o al de los que se podían permitir pagar sumas de dinero enormes para comprarlo en el mercado negro. En 1987 se introdujo en el mercado como el medicamento aprobado más caro de la historia. Costaba más de 10.000 millones de dólares un año de suministro.

Apartado de ese experimento clínico, Ron Woodrof decidió investigar por su cuenta. Se convirtió en un auténtico experto en medicamentos contra la enfermedad, tanto que alargó su vida siete años y destapó el juego en el que se encontraban las farmacéuticas y la Administración de Drogas y Alimentos (ADA) de su país. En EE.UU. se habían prohibido tratamientos asequibles alternativos y él, junto con otros afectados, peleó por conseguir que se legalizaran. Ron Woodrof no era un héroe, pero quería vivir y, encima, vio la posibilidad de hacer un buen negocio. Luego, poco a poco y sin darse cuenta, se convirtió en activista.

"Vaquero de medio pelo, electricista, domador de toros a tiempo parcial, no dejes tu billetera cerca de él porque seguramente te robará algo... El tipo se convierte en especialista en VIH y no sólo lo consigue para sobrevivir sino que también quiere ganar dinero. Un hombre de negocios que, sin saberlo, también se convierte en activista", dice Matthew McConaughey, que, entre otras cosas, adelgazó 23 kilos para interpretar este personaje.

Ante la prohibición de vender esas sustancias, este hombre apostó por aprovechar un vacío legal. Creó el Club de Compradores de Dallas, donde los socios pagaban una cuota cada mes para acceder a esos productos. De esta manera, no era una venta y no era, por tanto, ilegal. Fue la forma en que Woodrof distribuyó los mismos medicamentos y vitaminas que mejoraron su propia vida. Su batalla llegó mucho más lejos, hasta los tribunales, donde nadie antes había llevado a ninguna todopoderosa farmacéutica ni a la ADA.

La historia que cuenta la película de Jean-Marc Vallée es atractiva, sin duda, e importante por lo que significó lo que hizo Woodrof y por cómo abrió los ojos a millones de personas en todo el mundo. Sin embargo, la gran apuesta del cineasta no es ésta. El director pone el acento en otro lado, en la relación que surgió entre este tipo rancio y convencional y Rayón, un transexual, enfermo como él y dispuesto, también como él, a no morir sin pelear. Una complicidad y amistad que meses antes hubieran resultado absolutamente impensables e imposibles, se convierten en el auténtico motor y apoyo para ambos personajes. "Un vaquero y una reinona", tal y como los define Jared Leto, "es verdaderamente un gran vínculo en términos de construcción del guion. Es un guión maravilloso que el director acogió en términos de transmitir cómo interactuaban y encontraban su camino juntos. La asociación con Ron le da a Rayón más propósito en su vida, algo más por lo que vivir".

Nada más estrenarse la película, la revista Times se lanzó, sin embargo, a desmontar esa imagen del personaje, diciendo que el auténtico Woodrof no fue un individuo homófobo y que, de hecho, era abiertamente bisexual. De una manera u otra, la cruzada contra el gobierno y las farmacéuticas fue tal y como se cuenta en la película y en cuanto a su transformación, tal vez esté lejos de la verdad, pero sirve para contar una gran historia de cariño y amistad.

.- El SIDA, según la OMS,  sigue siendo uno de los problemas de salud pública más graves del mundo.

.- Hoy hay 35,3 millones de personas infectadas por el VIH, de ellas, 2,1 millones son adolescentes (de 10 a 19 años).

.- El VIH es el agente infeccioso más mortífero del mundo. Hasta la fecha, el VIH/SIDA se ha cobrado la vida de unos 36 millones de personas y se calcula que en 2012 unos 1,6 millones de personas murieron a consecuencia de éste.

.- A finales de 2012, en los países de ingresos bajos y medianos cerca de 10 millones de personas seropositivas tenían acceso al tratamiento con antirretrovíricos. Hay unos 29 millones de personas que necesitarán acceso a los medicamentos antirretrovirales según las nuevas directrices de 2013.

.- Se estima que es en estos países donde vive la gran mayoría de las personas infectadas por el VIH y que en 2012, unos 2,3 millones de personas contrajeron la infección.

.- Se calcula que 3,34 millones de niños sufren la infección por el VIH. Según indican las cifras de 2011, la mayoría de esos niños vive en el África subsahariana y contrajo la infección a través de su madre VIH-positiva durante el embarazo, el parto o el amamantamiento. Cada día, más de 900 niños contraen la infección.