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51 por ciento de votantes en las nueve primeras horas de las presidenciales en Serbia

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El 51 por ciento de los serbios votó en la segunda vuelta de las presidenciales en las primeras nueve horas, según cálculos de la ONG Centro para las Elecciones Libres y la Democracia (CESID).

Eso supone tres puntos más que en primera vuelta, hace dos semanas, cuando se registró una afluencia final del 61 por ciento.

Según el director del CESID, Zoran Lucic, de continuar hoy la tendencia de votación de un 6 por ciento por hora, podría esperarse una participación de 4,3 millones de votantes, en cifras absolutas, de los 6,7 millones de ciudadanos serbios con derecho a voto.

La Presidencia de Serbia se disputa hoy entre un candidato euroescéptico y pro ruso, Tomislav Nikolic, y un pro europeo, Boris Tadic, actual presidente del país.

La consulta en Serbia se celebra cuando los albanokosovares se preparan para proclamar la independencia de Kosovo, provincia a la que Serbia no quiere renunciar, pero que podría ser reconocida por Estados Unidos y muchos países europeos, sin el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU.

El ultranacionalista Nikolic, del opositor Partido Radical Serbio (SRS), fue el ganador relativo de la primera vuelta, hace dos semanas, frente a Tadic, líder del Partido Democrático (DS), con una diferencia de votos del 4,5 por ciento.

Todos los pronósticos coinciden en que hoy el resultado será ajustado y se espera muy poca diferencia de votos entre ambos.

Nikolic, antiguo aliado en el poder del ex líder autoritario Slobodan Milosevic, caído en el 2000, simboliza el estancamiento en el europeísmo, aunque él insiste en que estaría dispuesto a cooperar con la UE "sólo con una pequeña condición, y es que no toque a Kosovo".

Este líder aboga por unas relaciones más estrechas con Rusia, que apoya a Serbia en sus intentos de preservar Kosovo, una provincia que para muchos serbios es tierra sagrada y símbolo de su identidad nacional.

Tadic se presentó como garante de una Serbia que quiere modernización e integración en la UE, pero tuvo el difícil cometido de convencer a los electores de que tiene amigos en Occidente, que a su vez está desoyendo las aspiraciones serbias sobre Kosovo.