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Unos 75.000 "heavys" celebraron su fiesta anual en armonía con el vecindario

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Unos 75.000 seguidores del "heavy metal" celebraron su festival anual en Wacken, una tranquila población del norte de Alemania, que durante tres días fue ejemplo de convivencia armónica entre los rockeros más duros y el vecindario local.

Los asistentes al festival protagonizaron, por decimonoveno año consecutivo, su tradicional invasión de esa localidad de 1.800 habitantes, que a su vez encajaron bien, como en las ediciones anteriores, el despliegue de decibelios en el fin de semana que duró la fiesta.

El festival de Wacken se ha consolidado en los últimos años como la mayor concentración de "heavy metal" del mundo y en esta ocasión contó con la actuación estelar de los británicos Iron Maiden.

La concentración se abrió el viernes con un único incidente destacable: el incendio en tres retretes móviles, que causó heridas leves a ocho personas y obligó a arrancar de sus tiendas de campaña, mientras dormían, a decenas de personas.

Pese a ese incidente inicial el festival recuperó de inmediato su característica su talante de convivencia armónica, aunque ruidosa y provisional, entre el vecindario de la población y los rockeros.

La población autóctona sacó a la calle sus mesillas de picnic, sus termos de café y sus tartas para asistir al abigarrado desfile de duros rockeros, mientras éstos celebraban su sonora fiesta.

Las autoridades locales habían dispuesto para la ocasión grandes zonas de acampadas, duchas y retretes portátiles, mientras los comerciantes redoblan sus existencias de cerveza y otras bebidas alcohólicas, a la espera de la multitud.