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Un 80% rechaza que la Iglesia haga política

La sociedad se aleja de las posturas de la jerarquía católica

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Ocho de cada diez españoles creen que la Iglesia católica 'no debería influir' en el voto ni en ningún tipo de presiones políticas, y casi la mitad (48,4%) está en contra de que el Estado financie a ninguna religión. Son datos del informe La nueva pluralidad religiosa, impulsado por el Ministerio de Justicia y presentado ayer en Madrid dentro del curso de verano organizado por la Fundación Pluralismo y Convivencia en El Escorial (Madrid).

El estudio recoge las últimas investigaciones del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) y concluye, entre otras cuestiones, que 'España ha dejado de ser un país de religión católica para ser un país de cultura católica'.

Uno de los autores del texto, Alfonso Pérez-Agote, incidió en que 'los españoles se siguen definiendo como católicos, pero no hacen ningún caso a la Iglesia'. Algo que se comprueba con los datos del CIS. Así, mientras el 75,3% de los españoles se declara católicos, apenas uno de cada cinco acude a misa con frecuencia y el 46,7% no va nunca.

'A partir de los años 90 los españoles han desertado de la religión católica y ha aumentado el número de ateos', asegura Pérez-Agote. Los datos muestran que el 14,9% de los encuestados no cree en Dios, y sólo el 37,9% cree con firmeza que existe.

Resulta muy llamativa la opinión sobre el papel que juega la Iglesia en la sociedad. Así, el 81% considera que 'las autoridades religiosas no deberían influir en asuntos políticos'. Este mismo porcentaje rechaza que los obispos orienten el voto de sus fieles. Casi todas las posturas mantenidas por la Iglesia católica son minoritarias para el conjunto de la sociedad, desde su posición sobre el divorcio hasta el matrimonio homosexual pasando por su postura sobre el aborto y la eutanasia.

'Los inmigrantes viven y practican más profundamente la religión que la sociedad española', comparó Pérez-Agote. El sociólogo destacó como motivo del desencuentro que 'las parroquias españolas no resuelven los problemas prácticos de las personas, excepto las parroquias obreras'. En este sentido, también destacoóque el consumo de masas 'que Franco no pudo parar', provocó 'que la gente se desinterara por la religión'.

Por último, Pérez Agote subrayó que los jóvenes 'empiezan a definirse, de forma muy elevada, como ateos, agnósticos o indiferentes'. Es más: cuando, por distintas razones, 'retornan' a la vida religiosa, lo hacen apartados de la cultura del país. Lo que, a veces, puede provocar brotes de radicalismo religioso, alertó.