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Los abusos electorales ratificaron la opresión que sufren las afganas

La violencia excluyó a las mujeres de los comicios. Los talibanes cortan el dedo a dos votantes

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Votantes fantasma que introdujeron su papeleta tras el cierre de los colegios. Electores analfabetos a los que les dirigieron el voto. Menores de edad que lograron votar. Las irregularidades en los comicios afganos que empiezan a salir a la luz tienen un denominador común: se cometieron, sobre todo, en los colegios electorales para mujeres.

Según el informe preliminar de una misión electoral al que ha tenido acceso Público, los cohetes lanzados a primera hora de la mañana en Kandahar impidieron que cerca del 95% de las electoras afganas se atreviesen a salir a votar o que sus maridos les dejasen hacerlo.

La presión talibán hizo que ni una sola mujer de la provincia sureña de Paktika pudiese votar, al no tener un colegio electoral femenino al que dirigirse. Muchas votantes de Bamiyán se quedaron en sus casas porque nadie les había explicado correctamente cómo marcar a su candidato favorito en las urnas. Aún así, la exclusión de las mujeres, por la opresión a la que están sometidas, probablemente quedará maquillada por el fraude.

'Donde ocurrieron amenazas violentas, como ataques suicidas o cohetes, las trabajadoras electorales no pudieron llegar hasta los colegios y éstos permanecieron cerrados, aunque las urnas siguieron en su sitio y estuvieron controladas por representantes masculinos. En esas condiciones, no es difícil que se cometa fraude', subraya el documento.

'Las amenazas fueron superiores en las áreas donde los talibanes son más fuertes, sobre todo en el sur y en provincias como Kunduz (norte), o Badghis (oeste). En esos casos, los datos obtenidos indican una participación femenina del 5% a las 13.30', agrega.

Las afganas no se mantuvieron alejadas de las urnas sólo en regiones violentas. Incluso en Kabul, en el colegio de Abdulahhil Mustahni Maktop, el número de hombres que había votado a mediodía sextuplicaba al de mujeres.

Todas estas evidencias han sido compartidas con el centenar de observadores de la Unión Europea. El jefe de su misión, el general Philippe Morillon, reconoció que los comicios 'no fueron libres en gran parte del país por culpa del terror' pero indicó que habían sido 'bastante justos'.

Su afirmación provocó un gran revuelo. 'Si sólo habéis estado presentes en 17 provincias, la mitad del país, ¿cómo sabéis que no ha habido fraude?', le increpó un periodista afgano, sin que Morillon diese una respuesta clara.

La misión europea ha costado 36 millones de euros, pero por motivos de seguridad los observadores no han podido controlar los colegios en los que se teme que se ha concentrado el fraude.

'En Kandahar, nuestros observadores intentaron salir por la mañana, pero hubo un ataque y volvieron al hotel. Lo intentaron otra vez y hubo otro ataque. Al final no pudieron ir a ningún colegio electoral', explicó Morillon.

Desde Kandahar han llegado las primeras noticias de que los talibanes han cumplido su macabra amenaza contra los que desafiaron su boicot electoral. 'Uno de nuestros observadores pudo ver cómo los insurgentes les cortaban el dedo con la mancha de tinta a dos personas en la provincia de Kandahar', dijo ayer el presidente de la Fundación para unas Elecciones Libres y Justas, Nader Naderi.

Además, según la Comisión Electoral Independiente (IEC), los insurgentes han quemado las urnas en al menos cinco lugares distintos de todo el país, impidiendo que las papeletas llegasen a la capital afgana, donde se recopilan todos los resultados.

El recuento de votos ha acabado ya y las 48 horas en las que la IEC anunció que se tendrían los primeros resultados electorales han vencido acompañadas de un silencio total. El presidente de la IEC, Azizullah Ludin, y el candidato favorito, Hamid Karzai, reclaman paciencia. Pero su máximo rival, Abdullah Abdullah, insiste en que cuantos más días tarden en saberse los resultados, más posibilidades habrá de que se cometa fraude.