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Se acabó el recurso de vender la tierra

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El campo ha ido estirando las posibilidades para suplir las pérdidas. En la Pedanía de Jumilla, hace unos años vendían terreno a ingleses jubilados que llegaban en busca de sol y se construían grandes casas. Eso pasó.

Los bancos aceptaban antes la tierra como aval de las pólizas de crédito, pero la caída del precio y la crisis les ha hecho apretar las clavijas y pedir que los avales incluyan otras propiedades como las viviendas de los agricultores. A algunos les han transformado obligatoriamente las pólizas, que permitían cubrir las necesidades de liquidez, por préstamos. Los tipos de interés varían conforme se pasa de una zona y un sector más deprimido a uno aún con posibilidades. En Jumilla se pide un 7% anual y a algunos se les ha llegado a pedir un 10%. En la zona de invernaderos se mantienen en torno al 5%.

Un buen número de agricultores se abrazó a las energías fotovoltaicas. Los que tenían capital para pagarlas sacan una renta mensual aceptable, a pesar de la reducción de las primas (1.800 euros por 25 kilovatios). A otros les quedan años para pagar el crédito para la inversión.

Y están las ayudas, sobre todo de Europa, que dependen del producto y la región. Algunos sectores, como el ovino, reconocen que se han visto favorecidos porque la UE considera que son buenos para fijar la población y para el medioambiente, porque los pastos ayudan a prevenir los incendios.