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Los acampados de Tahrir intentan mantener vivas las demandas a la Junta Militar

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Cientos de egipcios continuaron acampados hoy en la plaza cairota de Tahrir para mantener vivas sus demandas y aprovechar el empuje que el primer aniversario de la revolución ha dado a sus protestas contra la Junta Militar.

Decenas de jaimas y tiendas de campaña inundaban el centro de la plaza y sus aledaños, al igual que los puestos de comida y té instalados para hacer más llevadera la mañana de los manifestantes, no así la de los conductores que se vieron afectados por un gran atasco.

En una de las carpas del Movimiento 6 de Abril, Mohamed Hamza, de 32 años, señaló a Efe que por la noche no se registraron incidentes ni la presencia de las fuerzas de seguridad en el lugar, que optaron por reforzar la seguridad de edificios gubernamentales del centro de El Cairo como los ministerios de Información y de Interior.

"Se respira libertad", destacó este informático que, con ojos cansados, explicó cómo se ha ido turnando con otros amigos para seguir en la plaza sin descuidar sus obligaciones en el trabajo.

Pese a las advertencias que se han propagado ante la posibilidad de altercados, grupos como la Coalición de Jóvenes de la Revolución, que engloba a ocho partidos y nueve movimientos políticos, manifestaron su intención de quedarse en Tahrir para pedir un cambio real y justicia social.

Junto a la basura generada en la víspera, numerosos toldos y alfombras fueron extendidos para acomodar a los egipcios con sed de debate.

En círculos más o menos grandes, los asistentes que habían pernoctado o se habían incorporado más tarde compartían las impresiones de la víspera, en la que decenas de miles de personas salieron a las calles para conmemorar la revolución que llevó a la caída del presidente Hosni Mubarak.

Entre ellos estaban varios simpatizantes del grupo islamista Hermanos Musulmanes, que se mostraron de acuerdo en que la revolución continúe, puesto que consideraron que el periodo de transición política está incompleto.

"La Junta Militar no lo está haciendo mal", argumentó Gabr Abu Talb, quien enumeró algunos de sus logros como el hecho de haber marginado de la política a los "fulul" o remanentes del anterior régimen, o de haber ido "cumpliendo" con las exigencias del pueblo.

La oposición al poder militar fue, no obstante, una de las consignas que más se oyeron ayer en la plaza, mientras en todo momento reinaba el espíritu festivo de la concentración.

También hoy estuvieron presentes algunos de los heridos durante las protestas del último año y familiares de víctimas como Mena Hasan, una mujer que perdió a sus dos hijos el 25 de enero de 2011.

"Murieron por disparos de la policía. Solo pido Justicia", subrayó a Efe Hasan.

A pocos metros, un grupo de jóvenes comentaba en tono distendido los últimos acontecimientos políticos.

"Ellos no han dormido", indicó May Hamed apuntando a sus compañeros, al tiempo que justificaba su propia ausencia durante la noche porque su padre es militar y solo le deja asistir a Tahrir de día para evitar cualquier tipo de acoso por parte de los hombres.

A juicio de esos jóvenes, a la revolución le falta una voz que la represente, ahora que se ha desvanecido la esperanza de que el exnobel Mohamed el Baradei sea el próximo presidente de Egipto tras haber retirado recientemente su candidatura.

Si a ras del suelo se escuchaban estas y otras opiniones divergentes, en lo alto de los escenarios los jóvenes seguían coreando lemas como "Abajo, el mariscal (Tantaui)", en alusión al jefe de la Junta Militar actualmente en el poder, o el ya tradicional "pan, libertad y dignidad".

Precisamente, varios grupos revolucionaros han convocado una protesta para mañana bautizada como "El Viernes de la Dignidad", para pedir la marcha inmediata del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que ayer confirmó que lo hará el próximo 30 de junio.

Entonces, está previsto que los militares regresen a sus cuarteles para dedicarse solo a "defender la tierra, el cielo y el mar de Egipto" y dejar el país en manos del nuevo presidente.

Por Belén Delgado