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"Aconsejo a los cirujanos que desmonten y monten su cocina antes de operar"

Maratoniano de los quirófanos.Jefe del equipo que realizó el primer trasplante de cara completo en una operación de 26 horas

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Para ser cirujano hay que ser manitas. Así entiende su profesión Joan Pere Barret, que aprendió a ser carpintero de cuerpos tras descubrir los secretos de los ebanistas. 'Cuando veo a un aprendiz que coge mal el destornillador o el bisturí en un quirófano, le digo que se vaya a casa, desmonte la cocina y la vuelva a montar, y entonces ya estará en condiciones de operar', afirma.

Está tan convencido de que un médico debe utilizar con pericia sus herramientas como de que debe hacerlo aportando calidez humana a los pacientes. 'Ya me gustaría poder ser como el doctor House, capaz de no implicarme y sin ninguna responsabilidad fallando muchos diagnósticos hasta que aciertas, pero no puedo, tengo que sufrir igual que sufre el enfermo, no puedes actuar como un mecánico al que le llevan un coche'.

'Un quirófano es como un frente, hay que estar hasta que sea necesario'

El padre de Joan Pere Barret (Barcelona, 1967) era ebanista y le transmitió esa pasión. Creció entre aviones y barcos de madera que le fabricaba su padre y le enseñaba a pintarlos o a barnizarlos. 'Con 25 años, cuando ya era médico, aún iba a ayudarle algún día', recuerda Joan Pere Barret, que en la actualidad dirige la Unidad de Quemados y de Cirugía Reparadora del hospital Vall d'Hebron de Barcelona. Quería ser ebanista pero sentía también fascinación por la medicina e hincó los codos en los estudios para pagarse la carrera con una beca.

Desde entonces, su vida fue dando giros inesperados. Soñó con poder empalmar una médula espinal, se interesó por la neurocirugía y, al final, se especializó en la cirugía reparadora. 'Me convencí cuando vi practicar una cirugía de envergadura, de grandes reconstrucciones, de extirpación de tumores muy grandes, una cirugía entre la vida y la muerte, con una parte artística muy importante y mucha ciencia detrás de ello'.

Admite, y le sabe mal, que cuando conoce a gente y le preguntan a qué se dedica, tiene que aclarar enseguida que ni opera pechos ni hace liftings. 'Todo el mundo se piensa eso cuando dices que eres cirujano plástico y encima se creen que ganas mucho dinero', dice sonriendo. En cambio, Barret lleva el hospital de quemados de referencia en Catalunya, casos graves de gente que, de un día para otro, queda desfigurada y padece graves problemas funcionales. Como Óscar, el beneficiario del primer trasplante total de cara del mundo, que fue operado por su equipo en marzo de 2010. La intervención quirúrgica duró 26 horas. 'Mis operaciones son larguísimas, por eso intento no entretenerme, la rapidez no es buena en el quirófano, pero no hay que estar más tiempo del necesario', explica. Y prosigue: 'A veces, en el quirófano, me siento como en el frente, pienso en mi abuelo en la batalla del Ebro, son situaciones en las que tienes que estar hasta que sea necesario'.

A Barret, inquieto y hablador, exigente y preocupado por mejorar, le seducen todavía muchos retos médicos, como conseguir la regeneración de tejidos como hacen los lagartos o empal-mar partes del sistema nervioso central. Pero también afronta los problemas mundanos, como la burocracia del sistema sanitario público, que considera aún heredero del franquismo. 'A veces me siento como un extra-terrestre, propones cosas como fijar protocolos y todo se acaba desviando, por eso me da envidia cómo funciona la salud en Estados Unidos, Inglaterra y Holanda'.

Tres países en los que amplió estudios y que le impresionaron por su eficiencia. 'Aquí somos capaces de hacer un trasplante pionero en el mundo de forma excelente y después fallamos en el trato, en pedir una ambulancia para un tetrapléjico o en avisar a la familiacuando un paciente se va'.

Barret ni siquiera rehúye la política. Cree que España necesita una cirugía reparadora, empezando por la Constitución. 'Cada vez que este país tiene la oportunidad de entender las diferencias, lo echamos a perder'. Diagnóstico acerado.