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'La acróbata de la bola', de Picasso, viaja al Prado

Una de las obras más destacadas del periodo rosa llega por primera vez a España

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Entre la admiración de los madrileños y la mirada recelosa de la directora del Museo Pushkin, se instaló ayer La acróbata de la bola en el Museo del Prado. La pintura, una de las obras más destacadas del periodo rosa de Picasso, se rodea por primera vez de las obras de cuya inspiración es fruto.

Las galerías del museo por las que Picasso paseó y dirigió entre 1936 y 1939 reciben por primera vez en nuestro país una pintura que 'hace años intentamos traer aquí. Se debe enfrentar al gran Picasso, sus obras más ambiciosas, con el museo que conocía desde la infancia. Por eso, traer a Picassoal Museo del Prado es casi una obsesión', comenta Miguel Zugaza, director de la pinacoteca.

El viaje de la pintura, que permanecerá en Madrid durante tres meses, es fruto de la colaboración entre España y Rusia en el marco del Año Dual que pretende fortalecer los lazos entre ambos países. Mercedes del Palacio, subsecretaria del Ministerio de Cultura, subrayó el papel de unión que genera 'la cultura en sus distintas manifestaciones que nos ha permitido, nos permite y nos permitirá conocer otros aspectos de las relaciones entre los dos países. Esos lazos culturales trascienden y llegan también al ámbito empresarial, económico y científico', aseveró.

Hasta el 18 de diciembre, La acróbata de la bola será el punto final de las visitas al museo. Su presencia en ese punto 'es un remate temporal excepcional para el museo. Picasso es una bisagra extraordinaria, él hizo una revisión del arte del pasado y lo proyectó hacia el futuro abriendo el arte de vanguardia. El Prado nunca ha estado mejor rematado. Celebrémoslo como un espejismo', apostilló Zugaza.

'Picasso tiene una aureola especial. Es el más valiente de los pintores del siglo XX, él es la revolución en las artes. En Rusia le veneramos'. Las palabras de Irina Antónova, directora del Museo Pushkin, resumen la pasión del pueblo ruso por el malagueño. Producto de esa pasión, el lienzo fue comprado por Ivan Morozov en 1912. Tras la Revolución rusa, el nuevo Estado expropió la pintura que se exhibe desde entonces en la pinacoteca moscovita.

La colaboración cultural entre Rusia y España se convertirá en un viaje de dos direcciones a principios del próximo año. En enero de 2012, una de las obras maestras de Velázquez que se alojan en el Prado, El infante don Baltasar Carlos, viajará hasta el Museo Pushkin de la capital rusa.