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"Los actores no somos tertulianos, no podemos opinar sobre todo"

Eduardo Noriega. Actor con el don de lenguas. Acaba de quitarse el traje de cowboy de 'Blackthorn' y ya se ha colocado el de piscólogo para la serie 'Homicidios' 

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Año 1994. Santander. Noche del 31 de julio. Eduardo Noriega (1973) celebra su cumpleaños con sus amigos. Comentan lo bien que estaría hacer una película a partir de la novela Historias del Kronen, de José Ángel Mañas, y beben y beben como peces. Al día siguiente, su madre le despierta. Ha dormido cuatro horas y tiene sobre su cabeza un resacón del tamaño de un zepelín.

—Eduardo, despierta. Te llaman. Es Elías Querejeta.

«Me negué a dar mi primer autógrafo, creí que me confundían con Juan Diego Botto»

—Noriega salta de la cama, da un beso a su madre y coge el teléfono. Tras escuchar 'Hola, te llamo de la productora de Elías Querejeta; te llamo porque estamos con el casting para Historias del Kronen', sabe al instante que aquello sólo puede ser una broma de sus amigos. Qué graciosos.

—Sí, sí (dice Noriega, siguiendo el rollo: debe ser una amiga de sus amigos).

—Nos gustaría verte.

«Me matriculé en Derecho por la imagen del abogado en las películas»

—Claro, claro. ¿Aquí, en Santander?

—No, en Madrid.

—¿Y qué queréis? ¿Que vaya hoy?

—Hombre, igual es un poco precipitado, pero mañana sí.

—¿Mañana? Sí, claro, déme la dirección.

Esa noche, reunido con sus amigos, Noriega descubrió, entre la alegría y la vergüenza propia, que no había sido una broma. Se compró un billete de bus para la capital y se entrevistó con Montxo Armendáriz, director de Historias del Kronen, y Primitivo Álvaro, director de producción. Hizo la prueba y negoció su primer contrato. Y todavía se escucha el eco de su voz, bajando los escalones del edificio de Querejeta de siete en siete y gritándole a su madre por teléfono: '¡Mamá, van a pagarme 40.000 pesetas! ¡120.000 por tres días!'. Su madre le decía que no, que seguro que había mirado mal el contrato.

Poco después, por cierto, durante el rodaje, tendría oportunidad de firmar su primer autógrafo. 'En realidad me negué a dar mi primer autógrafo. Le dije a la chica que me lo pidió que no: estaba convencido de que me estaba confundiendo con Juan Diego Botto, porque yo tenía un papel de dos minutos'.

Quién se lo iba a decir a Noriega, el menor de seis hermanos y que de pequeño quería ser de todo menos actor. Desde 'médico de tener hijos' ('con una novieta de la que estaba enamorado... en primero de EGB') a piloto, músico ('estudié solfeo, armonía, coral y cinco años de piano') y abogado, por aquello de tener a la familia contenta cuando le pidieron que estudiara algo serio. 'Imagino que me matriculé en Derecho por la imagen que tenía del abogado en las películas, algo muy actoral, delante de un jurado al que tienes que convencer', completa, aunque que no nos engañe: cuando iba en metro a hacer su segundo examen, de Romano, sin dormir, decidió darse la vuelta. Ya estaba matriculado en la RESAD y sabía que lo suyo sería la actuación.

Año 2011. Verano. Madrid. Qué calor. Con el western Blackthorn, filmado en inglés por su amigo Mateo Gil, Noriega sigue salpicando su carrera con rodajes en el extranjero. También trabaja en la serie Homicidios, una de las apuestas de Telecinco para el otoño, cuyas promos ya se pueden ver en la tele. La mayor diferencia, asegura, es que 'en el cine, el director es el motor y el que al final tira del carro para que todos den lo mejor de sí mismo. En la televisión no existe este motor, así que es cuestión de acoplarse'.

A Noriega le interesa la política pero matiza: 'Los actores debemos ser cautos, saber cuándo expresarnos y por qué y documentarnos, porque los periodistas nos preguntan sobre todo. Pero yo no puedo opinar sobre todos los temas porque no soy tertuliano'. Una vez aclarado, habla del 15-M, que considera 'un toque de atención al político'. Y agrega: 'Es un germen. Quizá no va a haber grandes cambios, pero es importante para que los políticos entiendan que no vale todo. Me hace ilusión ver que la gente participa y se involucra: creo que la juventud estaba demasiado adormecida'.

 

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