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Acuerdo de mínimos sobre alertas de crisis

El texto final del G-20 busca contentar a China y salvar la cumbre con una nebulosa de indicadores

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Ministros de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del G-20 finalizaron en París como tiene que ser: con un buen comunicado y con la celebración del consenso. No obstante, el pacto sobre indicadores de alerta en la economía mundial sólo fue posible in extremis, y gracias a un texto confuso que evita todo lo que molestaba a China.

Tras fracasar la noche del viernes las negociaciones entre delegaciones, la presidencia francesa del G-20 acabó proponiendo un texto de mínimos el sábado por la mañana. Donde, antes, los borradores estipulaban que el saldo por cuenta corriente (déficit o excedente de la balanza comercial y la balanza de servicios y capitales), el nivel de reservas de divisas, el nivel de déficit y de deuda pública y, por último, la masa de ahorro privado debían ser los termómetros que, en caso de dispararse en algún país, activarían la coordinación internacional anticrisis, con los croissants se llegó a un consenso mucho menos comprensible. Bastante confuso, a decir verdad, y auténtica 'usine à gaz' ('incomprensible fábrica de gas'), según lo calificó en privado un sherpa de la presidencia francesa.

En abril se definirán las 'directivas' para evaluar los desequilibrios

Reza el comunicado final: 'Nos hemos puesto de acuerdo sobre una serie de indicadores que nos permitirán concentrarnos, mediante un proceso integrado en dos etapas, sobre los desequilibrios mayores y persistentes' de la economía mundial causada por uno o varios países.

De aquí a abril, los países del G-20 afinarían cuerdas sobre 'las líneas directivas indicativas' para evaluar cuando hay desequilibrios. Y llega la nebulosa: Mirarán las parejas deuda-déficits públicos, y tasa de ahorro-endeudamiento privado, en el plano interno; y, en el plano externo, observarán 'a partir de la balanza comercial, los flujos netos de entrada de inversión y de las transferencias, tomando plenamente en consideración el tipo de cambio y las políticas presupuestarias, monetarias u otras'.

Decir que una balanza comercial desequilibrada puede ser causa o consecuencia de un desequilibrio, en función de su naturaleza, es una tautología que insulta a un alumno de Bachillerato. Y, sin embargo, es lo que dijo el gobernador del Banco de Francia, Christian Noyer, para intentar convencer de lo heroico del acuerdo. 'Todo el mundo (en el G-20) se puso de acuerdo en que la balanza de pagos indica equilibrios o desequilibrios', dijo mientras la ministra Christine Lagarde asentía.

El documento evita cifrar objetivos concretos en los indicadores

La traducción de estos conceptos a los diferentes idiomas aumentará la confusión; de hecho, las versiones francesa e inglesa del comunicado ya contienen divergencias de interpretación. Además, esas variables económicas son interpretadas de manera diferente en los regímenes de contabilidad nacional de cada país.

El comunicado conjunto final señala, por último, que ese análisis de los indicadores económicos se hará 'sin fijarse objetivos' (metas cifradas, se entiende), y 'reconociendo la necesidad de tener en cuenta las situaciones nacionales o regionales, incluida las de los grandes productores de materias primas'. Concesiones mayúsculas de los países occidentales entre los que, de todas formas, no había consenso a los países como China (que logró dejar totalmente fuera las reservas de divisas como indicador), Brasil y Rusia (que obtienen que se les cite, como excepción a la regla, por ser grandes productores de materias primas).

El G-20 se propone utilizar esos parámetros para adelantar un Programa de Evaluación Mutua (MAP) que básicamente será confiado al FMI y que debería ser sometido a test en una reunión prevista en octubre. Allí se verá si, efectivamente, toda esta usine à gaz sirve para lo que era el objetivo inicial: formas coordinadas de relanzamiento económico, cooperación en el comercio internacional, desarrollo y en palabras de Dominique Strauss Kahn, director general del Fondo 'que cada país haga no sólo lo que es mejor para su propio crecimiento, sino también para el crecimiento de los otros'.

Se buscará más transparencia en los mercados de materias primas

Pasado el plato principal, bajo en calorías, Christine Lagarde desgranó los otros capítulos obligados: prosiguen los trabajos sobre la reforma del sistema monetario internacional. Un grupo de trabajo va a concentrarse en cómo obtener más 'transparencia' en los mercados de materias primas. La regulación de la finanza mundial sigue siendo una tarea prioritaria.

Por último, Christine Lagarde hasta volvió a hablar de la Tasa Robin Hood sobre las transacciones financieras y de la financiación innovadora al desarrollo, e incluso el G-20 tuvo un momento para citar a Egipto y Túnez en el último párrafo de su comunicado.