Público
Público

La afganización de Zapatero

El Gobierno trabaja en una estrategia para vender a la opinión pública el nuevo envío de tropas

Publicidad
Media: 0
Votos: 0

Tratando de borrar ya el controvertido episodio de la retirada de las tropas españolas de Kosovo, el Gobierno prepara con sumo cuidado su nueva estrategia para Afganistán. Un plan que coincide ampliamente con el de EEUU, según constataron el secretario general de Presidencia, Bernardino León, y el consejero de Seguridad Nacional de Barack Obama, James Jones, en su reunión del pasado viernes en Washington.

José Luis Rodríguez Zapatero es consciente de que el presidente de EEUU, sobre todo tras el batacazo diplomático de Kosovo, le medirá con la vara de Afganistán. Por eso, aunque el Ministerio de Defensa trabaja desde hace tiempo en el nuevo proyecto para la república islámica, ahora hay que introducir algunos matices que no son, ni mucho menos, menores.

Después de estar repitiendo por activa y por pasiva que el Gobierno no tiene previsto enviar más tropas a Afganistán lo pida quien lo pida (la OTAN u Obama), la mayoría de los miembros del Ejecutivo consultados coinciden en que sí se mandarán. Y si este refuerzo de la presencia española en el país centroásiático se acaba confirmando, como casi todos apuntan en el entorno presidencial y de Defensa, ¿cómo va a vender Zapatero su cambio de parecer?

En el programa electoral

En realidad, la primera baza del jefe del Ejecutivo es el programa electoral socialista para las últimas elecciones generales de 2008, donde se hablaba de mantener el 'compromiso con un Afganistán democrático y estable' y de continuar 'contribuyendo activamente a los esfuerzos de la comunidad internacional' para acabar con la violencia y reconstruir el país física e institucionalmente.

En la breve mención que hace el texto a la misión de nuestras Fuerzas Armadas en Afganistán, ni se afirma ni se niega que se vayan a enviar más tropas.

En segundo lugar, el mensaje con el que han insistido hasta la saciedad tanto Zapatero como los ministros de Asuntos Exteriores y de Defensa, Miguel Ángel Moratinos y Carme Chacón, coincide plenamente con lo que la Administración Obama se plantea aplicar en Afganistán y que se resume, esencialmente, en un término adoptado por el Ejecutivo: la afganización; es decir, la progresiva asunción de responsabilidades en materia de seguridad, gobernabilidad y desarrollo por parte de los propios afganos.

En este sentido, el 25 de septiembre de 2007, el Parlamento ya aprobó el envío de dos equipos OMLT (Operational Mentoring and Liaison Teams o o Equipos Operativos de Apoyo y Enlace) a la región oeste para formación, instrucción y adiestramiento del Ejército Nacional Afgano. Eran 52 militares y entonces España rozaba el límite del máximo permitido (3.000 efectivos) en misiones de paz, hoy suprimido.

El Gobierno diferenció esta misión de formación de la puramente militar y con ello se dio carpetazo a la polémica.

Elecciones en agosto

Será ya después de la cumbre de la OTAN del 3 y 4 de abril cuando el Ejecutivo tendrá que decidir si envía más tropas a Afganistán para dar seguridad a las elecciones que se celebra el 20 de agosto en este país. Tiene tres posibilidades. La primera, no enviar tropas, ni se contempla. La segunda es llevarlas entre junio y octubre aproximadamente; es decir, lo que dura el proceso electoral. Y la tercera es enviarlas en junio y alargar su estancia 'con argumentos de necesidad política, no militar', razonan desde el Gobierno. Esto posibilitaría la venta ante la opinión pública del envío de más efectivos al país del conflicto. Y, además, en época de crisis económica.

En definitiva, se trataría de financiar multinacionalmente Afganistán, reconstruirlo, que se desarrolle, que tenga sus elecciones democráticas, un Gobierno sin corrupción, una mesa de negociación interna entre todas las fuerzas del país y unas fuerzas de seguridad formadas para luchar contra el narcotráfico, fundamentalmente.

La cooperación regional es lo que buscan tanto la Administración de Zapatero como la de Obama.

Y en esa estrategia trabajan Moncloa, Defensa y Asuntos Exteriores. Porque esta vez, sí. El Gobierno quiere dar una imagen de coordinación exquisita frente a la desorganización que supusieron el antes, el después y el momento del anuncio de la retirada de Kosovo.