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Agüero derriba otra barrera

El Kun se exhibe como lanzador de faltas cada vez que le dejan. Quique es el primer técnico que confía en el argentino como tirador

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El mundo se divide, básicamente, en dos grupos de personas: las que, por cuna o suerte, tienen todo lo que necesitan sin esfuerzo, y aquellas que sudan cada logro. Entre estas últimas está Agüero. Al futbolista del Atlético no le han regalado nada. Al contrario, cada centímetro de su creciente prestigio es fruto de una batalla, casi siempre callada pero implacable. La última, su condición de eficaz pateador de faltas.

Harto de ceder la vez a sus compañeros, el domingo ante el Espanyol dijo basta. Nakamura zancadilleó a Reyes al borde del área y el Kun, siempre atento, le pidió la pelota a Forlín que la había recogido tras el pitido del árbitro, la posó con decisión sobre el césped y despidió con firmeza a Jurado y a Simao, dos aspirantes a lanzar la falta que merodearon alrededor del balón. Al portugués, más remolón, tuvo que darle una última orden, amable y discreta, segundos antes de lanzar. Le mandó hacia la izquierda: 'Ponte por ahí'. A renglón seguido, dio un par de pasos hacia atrás, cargó su poderosa diestra y, tras sortear la barrera blanquiazul, incrustó el esférico amarillo en la red, pegado a la base del poste izquierdo de Kameni.

Hace un mes, firmó el empate agónico y postrero ante el Chelsea, en el Calderón, en la misma portería y al mismo palo. Pese a no prodigarse, porque no le dejan, el argentino acredita una asombrosa eficacia en los tiros libres. Y una mecánica precisa y letal. Le gustan las faltas escoradas a la derecha, en el teórico perfil de un zurdo. También desde ahí, con otro golpeo inapelable ante Corea del Norte, metió a Argentina en los octavos de final del Mundial sub 20 celebrado en 2007 en Canadá.

La selección albiceleste acabó ganando el Mundial y el Kun fue nombrado mejor jugador, pero lo que no consta en el palmarés es que, una vez más, su condición de lanzador de faltas fue una solución, no un decreto. El encargado de botar los tiros libres era Mauro Zárate, pero como se declaró incapaz de adaptarse al césped artificial, Tocalli, seleccionador argentino, tiró de Agüero, que se adapta a todo y no huye de nada.

Hace un mes, firmó el empate agónico y postrero ante el Chelsea

Ha aprendido a luchar desde que nació. Criado en una familia humilde y un barrio deprimido, el fútbol le ha permitido huir de la pobreza y arrastrar con él a los suyos. Fue el debutante más joven de la historia 15 años, un mes y tres días con Independienteen la Liga argentina, pero le costó seis meses ganarse la confianza necesaria para ser uno más en la plantilla. Desde entonces ha soportado las veleidades de entrenadores como Ruggeri, Sosa, Bertoni o Aguirre. Dudaron de su categoría y le pusieron mil obstáculos, pero de todos ha salido con bien.

Abel, antecesor de Quique Flores, actual técnico del Atlético, le entreabió una puerta al invitarle a ensayar faltas en los entrenamientos, pero no se atrevió a darle el salvoconducto definitivo para los partidos. Agüero ha tenido que batallar descifrando todos los secretos del palo izquierdo a base de goles. Los postes siniestros son su obsesión. Y las respectivas escuadras, su especialidad. De sus incontables goles, un porcentaje elocuente ha sido dibujado hacia esa zona. Algunos por abajo, muchos por arriba, todos acaban burlando a los porteros. Ángulos imposibles con los que el Kun derriba barreras.