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Al menos jugó donde quería

  

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A los 12 años, Jarque llegó al Español y Márquez, que entonces ya trabajaba en la casa, no dudó a la hora de hacer el informe. Su físico lo delataba. 'Tiene buen toque de balón, pero es demasiado delgado'. En 2008, cuando Marquez se convirtió en entrenador del Espanyol, ya no quedaba demasiado de aquella descripción.

Pero Márquez seguía atacándole el amor propio, 'porque sabía lo que podía dar de sí'. A diferencia de épocas pasadas, 'ya no le hacía llorar ni me decía que la tenía tomada con él', recuerda el técnico. Pero con ese discurso agrio y competitivo lograba estimularlo un poco más. Si es que hacía falta, claro.

Daniel Jarque (Barcelona, 1983) llevaba al Espanyol en la sangre. De hecho, era el capitán, el hombre que había heredado la jerarquía defensiva de Pochettino, que no dudó en quitarle el brazalete a Tamudo para entregárselo a su delfín. En el Espanyol jamás se olvida un marcaje suyo en un Espanyol-Madrid en el que anuló a Ronaldo cuando este todavía era un goleador galáctico. Todavía tuvo tiempo para ingresar en el área de Casillas y lograr el gol de la victoria.

Hay quien comparaba a Jarque con Hierro por la claridad con la que salía de su campo con la pelota jugada. Ha muerto joven, pero, al menos, ha sido un tipo feliz. Jugó con el Espanyol una final de la Copa de la UEFA. Ganó la Copa del Rey en el Bernabéu. Ante todo, era un defensa de ley con una biografía notable. Llevaba como titular desde 2004. Al principio, le costó, sobre todo en la época de Luis Fernández como entrenador. Pero después todo resultó más accesible para él. Hasta hubo quienes lo postularon para la selección.

Su vocación espanyolista era sagrada. Sólo tenía 26 años cuando se despidió de la vida en las condiciones más anómalas. Adiós a un defensa que hizo mejor a los demás y al que jamás se definió por dar demasiadas patadas. Adiós, en definitiva, a un buen tipo, un espanyolista de pro, que sentía esa casa como una parte de su familia.