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El Alabama repele a tiros su segundo intento de secuestro

Muere el capitán de uno de los barcos capturados por los piratas somalíes

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El pasado abril, el Maersk Alabama se convirtió en el primer carguero estadounidense en ser asaltado por piratas somalíes a lo largo de las costas africanas. El episodio se saldó con la muerte de tres de los secuestradores en un rescate llevado a cabo por los Navy Seals. Ayer, el Alabama fue objeto de un nuevo ataque que, esta vez, fue repelido por guardias privados a bordo del barco.

El buque, de 155 metros de eslora y propiedad de la naviera danesa Maersk con bandera de Estados Unidos, fue atacado cuando navegaba en el Océano Índico unas 350 millas al este de la costa somalí a las 6.30 de la mañana hora local, contó luego un comunicado de la Quinta Flota estadounidense con sede en Bahrein.

Los piratas cargaron contra el mercante con armas automáticas pero un equipo de seguridad frustró el asalto respondiendo con armas de fuego y un dispositivo acústico de largo alcance (LRAD, en sus siglas en inglés), un arma no letal capaz de emitir una alarma tan fuerte que llega a ser dolorosa. No hubo víctimas.

Tras conocer el ataque, un buque militar y un avión de la operación Atalanta fueron enviados a la zona para tratar de localizar a los piratas.

Un presunto pirata confirmó el suceso en una llamada a la agencia Associated Press desde la ciudad somalí de Haradhere, en la que aseguró que sus camaradas en alta mar habían llamado dos horas y media después del ataque narrando lo ocurrido.

'Nos dijeron que tuvieron problemas con un barco estadounidense y luego perdimos la comunicación', dijo Abdi Ni, el presunto pirata.

El Maersk Alabama ya fue secuestrado por piratas el pasado 8 abril, una noticia que conmocionó a la opinión pública estadounidense.

El capitán del buque, Richard Phillips, se ofreció como rehén a cambio de la liberación del navío y de los demás tripulantes. Cuando estaba siendo trasladado en una lancha en alta mar, Phillips fue rescatado por francotiradores de la unidad de élite de la Marina, los Navy Seals, que mataron a tres piratas y detuvieron al cuarto.

Tras volver a EEUU, Phillips pidió ante el Senado que los mercantes que navegaran por la zona de más peligro tuvieran escoltas armados para protegerlos.

Es una cuestión que ha desatado la polémica. El vicealmirante del Alto Mando Naval ,Bill Gortney, alabó ayer que el mercante contara con seguridad privada. 'Es un ejemplo de cómo los buques pueden tomar medidas para evitar ataques en zonas de alto riesgo'.

No todos están de acuerdo. 'Las compañías navieras se oponen en su gran mayoría a la idea de guardias armados', explicó Roger Middleton, experto del centro de análisis británico Chatham House. 'Piensan que los Estados deben asegurar el tráfico en sus aguas y que privatizar la seguridad sentaría un precedente equivocado'.

Por otro lado, el capitán del buque cisterna Theresa VIII, de las Islas Vírgenes y que fue capturado el pasado día 16, ha muerto a consecuencia de las heridas que sufrió durante un tiroteo el día del secuestro, confirmó ayer uno de los secuestradores.

'Nuestro gerente de operaciones [sic] en alta mar me ha informado de que el capitán se negó a detener el buque, de manera que le dispararon para que no se pudiera escapar', dijo a Efe Abdi Garad, que se identificó como líder de uno de los grupos piratas que operan en Somalia.

Garad añadió que el resto de la tripulación se encuentra a salvo, pero advirtió de que la flotilla internacional que opera en las aguas de Somalia debe 'abstenerse de cualquier acción militar'.