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Alemania elige con quién gobernará Merkel

La victoria del partido de la canciller se da por segura. Queda por saber si la CDU renueva coalición con los socialdemócratas o si llegan al poder los liberales

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Alemania decide este domingo con qué partido seguirá gobernando Angela Merkel en los próximos cuatro años. ¿Continuará la gran coalición con los socialdemócratas, o habrá una mayoría suficiente para un pacto entre los democristianos de la canciller y los liberales?

A las seis de la tarde se cerrarán los colegios electorales, a los que están convocados 62,2 millones de ciudadanos, entre ellos 3,5 millones que podrán votar por primera vez. Hay un 25% de indecisos, y las últimas encuestas no reflejan un resultado claro en cuanto a los porcentajes que obtendrá cada partido, más allá de la victoria de Merkel, que se da casi por segura.

La Unión Demócrata Cristiana (CDU) de la canciller podría obtener junto con sus hermanos bávaros de la Unión Social Cristiana (CSU) entre un 33% y un 35% de los votos, y los liberales del Partido Libre Democrático (FDP) entre un 13% y un 14%. Así, sólo los mandatos adicionales permitirían a Merkel reunir una mayoría suficiente de escaños. Una coalición con mayoría de escaños pero no de votos tendría una escasa legitimidad política.

En la izquierda del arco parlamentario, la intención de voto para el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) oscila entre el 24% y el 26%. Los Verdes se mueven entre el 10% y el 11%, y La Izquierda, con la que ningún partido quiere pactar, entre el 10% y el 12%.

Pero hay buenos motivos para desconfiar de las encuestas. Además de los dos grandes partidos CDU y SPD, que con sus magros resultados dejaron atrás su condición histórica de partidos de masas, los grandes perdedores de las elecciones de 2005 fueron los institutos demoscópicos. Pronosticaron al unísono alrededor de un 42% de los votos para una CDU que al final tuvo que conformarse con un 35,2%, el peor resultado de su historia. El SPD, el partido más antiguo de Europa, obtuvo un 34,2%. Se acabaron así siete años de Gobierno de socialdemócratas y verdes, y llegó la gran coalición.

Cuatro años después de esta debacle demoscópica, cabe preguntarse de dónde saca su confianza el jefe del instituto Forschungsgruppe Wahlen, Matthias Jung, el único que se ha atrevido a pronosticar 'una mayoría ajustada pero segura' para Merkel y los liberales, convencido de que 'ya no hay cambio de tendencia posible'.

La participación electoral podría alcanzar un nuevo mínimo histórico, después del 77,7% registrado hace cuatro años. La complicación de la aritmética electoral irrita a muchos votantes. El sistema duplicado de voto una papeleta para el candidato y otra para el partido pone a los electores ante la desagradable disyuntiva de votar con el corazón o con consideraciones tácticas en la cabeza.

Los electores de izquierdas se debaten entre votar al SPD por compasión, a Los Verdes por competentes pese a su estancamiento, o a La Izquierda para pedir cuentas a una actuación de Gobierno de SPD y verdes tachada de neoliberal, especialmente entre 2002 y 2005. La Izquierda de Oskar Lafontaine ha arrebatado al SPD el monopolio de la justicia social, y todo apunta a que mejorará el 8,7% que obtuvo hace cuatro años.

Alemania ha salido de la recesión, pero el panorama es cualquier cosa menos halagüeño. Merkel y el FDP prometen bajadas de impuestos a pesar de que la caída de ingresos del Estado, los länder (estados) y los municipios será de 320.000 millones de euros en 2010. El endeudamiento alemán puede pasar en los próximos años del 65% al 91,4% del PIB, advierte el Fondo Monetario Internacional.

La industria no ha reducido plantillas en masa gracias a la subvención de la jornada reducida, con la que el Estado paga las horas no trabajadas por el descenso de la producción. Pero ahora la subvención se termina. El jefe de la Agencia Federal de Empleo, Frank-Jürgen Weise, pronostica que el aumento del paro no alcanzará su tope hasta enero de 2011.

Evitar una mayoría de Merkel y los liberales es el primer objetivo declarado del SPD. Su candidato, el ministro de Asuntos Exteriores Frank-Walter Steinmeier, ha apostado al final de la campaña por pintar el fantasma neoliberal de una coalición de la CDU/CSU y el FDP. 'La CDU se pone más nerviosa cada día que pasa. Su ventaja se está fundiendo como hielo al sol', gritó Steinmeier a unos 10.000 seguidores concentrados el viernes en Berlín frente a la Puerta de Brandeburgo, mientras Merkel se esforzaba por atar con correa a los bancos en Pittsburgh.

Desde la cumbre del G-20, la líder democristiana insistió en la televisión ARD en la necesidad de poner fin a la gran coalición, un pacto que 'debería ser una excepción en los sistemas democráticos, porque puede provocar que los partidos pequeños lleguen a ser demasiado fuertes'.

Pese a esta supuesta preocupación por la cultura democrática y parlamentaria del país la abrumadora mayoría de la coalición de gobierno ha convertido en un circo de bostezos el Bundestag en esta legislatura Merkel no dudará en renovar la gran coalición si no le alcanza con el FDP.

Ayer, en su discurso de clausura en un pabellón del este de Berlín, la presidenta de la CDU admitió que la opción democristiana-liberal no tiene una ventaja clara. 'Dependerá de todos y cada uno de los votos', advirtió.