Publicado: 24.05.2014 08:00 |Actualizado: 24.05.2014 08:00

Alexis Tsipras, el peligro real para la Europa de los mercados

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Es más que probable que quisiera serlo en su juventud, cuando destacó como líder estudiantil durante las protestas contra los recortes en educación a principios de los noventa, pero nunca pensó que se haría realidad. Alexis Tsipras (Atenas, 1974) es, hoy por hoy, el mayor peligro político para la Europa de los mercados. Lo dicen sus homólogos alemanes -sobre todo la canciller Angela Merkel- y también los periódicos. Su nombre está el segundo en la lista de los diez políticos más peligrosos del continente elaborada por Der Spiegel y la posibilidad de que Syriza, el partido que lidera, ganara las elecciones en Grecia en 2012 era tan real y tan "preocupante" que la versión alemana del Financial Times aconsejó a los griegos que votaran por cualquier otra formación en un descarado editorial para mantener la estabilidad financiera.

Tsipras, licenciado en ingeniería civil, se ha convertido en el referente de la izquierda de los países del sur de Europa y de algunos del norte. Carismático, perseverante y con buena oratoria, ha conseguido que Syriza sea la herramienta que una gran parte de la población griega ha elegido para declarar la guerra a las políticas de austeridad. Y, por supuesto, el Partido de la Izquierda Europea (PIE) decidió el pasado diciembre utilizar la misma herramienta para alcanzar la presidencia de la Comisión Europea, aprovechando ese momento Tsipras.

Su discurso no ha cambiado un ápice desde que tomó las riendas de la Coalición de la Izquierda Radical -Syriza por sus siglas en griego- en 2008, cuando se convirtió en el presidente más joven de una formación con representación parlamentaria en su país. Le avalaban los hechos: en las anteriores elecciones municipales obtuvo la tercera posición en la alcaldía de Atenas con el 10% de los votos, el mejor resultado logrado hasta el momento por la coalición. Una marca que, sin duda, será superada en la segunda vuelta de las elecciones municipales helenas que se celebran el mismo día que las europeas y en las que Syriza puede alzarse con la alcaldía de la capital y como el partido más votado de la región de Ática, la más importante en términos electorales.

Pero no ha sido un camino de rosas llegar a ser la segunda fuerza política en Grecia. Tras dejar atrás la ortodoxia de los comunistas (KKE) en la década de los noventa, la coalición redujo a la mitad su electorado y también sus resultados. Los comicios de 2009 fueron un auténtico varapalo para Syriza y para Tsipras, que encabezaba el cartel. Obtuvo un 4,6% de los votos y perdió un escaño en el Vouli (Parlamento).

Tsipras: "Estamos a un paso de gobernar en Grecia"

Sin embargo, Tsipras perseveró, hizo una lectura positiva de los comicios y continuó fiel a su discurso contra la austeridad y contra la deuda pública helena, pero abogando por permanecer en la UE y en la Eurozona. Un mensaje que terminó calando en las dobles elecciones parlamentarias de 2012 gracias a la dureza con la que Tsipras criticó el memorándum de rescate que firmó Papandreou (PASOK), quien se vio obligado a dejar la presidencia ante la falta de apoyos.

El descalabro de los socialistas griegos fue la prueba del efecto Syriza, que pasó de un 4,6% de votos a un 16,8% (52 escaños), colocándose como segunda fuerza electoral con tan sólo un 2% menos que la Nueva Democracia de Antonis Samaras. Syriza podía gobernar Grecia en coalición, pero prefirió ser consecuente con su discurso y se negó a pactar con el Pasok si éste no aceptaba una renegociación de los términos del rescate de 2010 y de la deuda, apoyaba una política con cargas fiscales a las grandes fortunas y el final de la austeridad. Hubo que celebrar nuevas elecciones en las que la caída de los socialistas fue aún mayor.

"Si este experimento, este choque neoliberal que está empujando a mi país a una crisis humanitaria, continúa en Grecia, será exportado a otros países. Porque la guerra que se libra en Europa no es entre pueblos o países, sino entre las fuerzas del trabajo y unas fuerzas invisibles que son las finanzas y los bancos". Con ese discurso logró que Syriza -ya registrada como partido y no como coalición- obtuviera un 26,9% de los sufragios. Ganó Nueva Democracia, respiraron tranquilos los mercados y Angela Merkel. Pero Syriza sigue creciendo, como ha demostrado la primera vuelta de los comicios regionales y locales . "Estamos a un paso de gobernar en Grecia", dijo Tsipras en su discurso tras su elección como candidato a la presidencia de la Comisión Europea (CE).

"Soy el candidato de todos los pueblos que quieren una Europa libre de la austeridad"

Lo sabe Tsipras, lo saben Merkel y Lagarde (FMI) y, por supuesto, lo sabe el primer ministro griego, Antonis Samaras. Es improbable que el líder de Syriza asuma la presidencia de la CE, pero los resultados de la segunda vuelta de las regionales griegas pueden suponer un vuelco electoral y precipitar elecciones anticipadas. Por eso, Tsipras se desdobla a la hora de hacer campaña. Por eso ha renunciado a dejar su escaño en el Vouli para ocupar otro en el Parlamento Europeo. "No soy el candidato del Sur europeo. Soy el candidato de todos los pueblos, de todos los ciudadanos que quieren una Europa liberada de la austeridad y de la recesión, vivan en el Sur o en el Norte", dijo Tsipras. Con independencia de lo que suceda en las europeas, Tsipras puede convertirse en la cabeza del primer gobierno de ruptura con las reglas del juego que condenan a los países a la pobreza y a la desigualdad social. Por eso es el candidato del PIE a la CE y por eso ha desfilado los últimos dos años por discursos y congresos de la izquierda en Italia, Portugal o España como el referente que hay que seguir si se quiere acabar con la dictadura de los mercados, los rescates económicos y la prima de riego.

Las últimas encuestas dan a Syriza en torno al 25% de los votos, mientras que los conservadores de Nueva Democracia rondarían el 22,5% y el Pasok apenas el 6%. Tispras ya ha pedido a todos los griegos que vayan a las urnas como si se tratara de un referéndum que decida si el Gobierno continúa o es la hora de volver a votar.