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Alonso se despide en la cola

Fernando termina decimocuarto su ciclo con Renault. Vettel gana tras la avería de Hamilton

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Yas Marina, un fastuoso circuito edificado de la nada en el desierto, simboliza desde este domigo el fin de una de las más raras y convulsas temporadas de F1 y, sobre todo, el origen de un curso, 2010, que se vislumbra apasionante. En mayor o menor medida, los protagonistas del Mundial finiquitado resumieron el año sobre el lujoso asfalto. Ganó Vettel, uno de los favoritos al título a partir del próximo marzo, y junto a su compañero Webber, segundo, certificaron el poderío de Red Bull, una de las sorpresas de 2009.

Button, incapaz de superar a Webber, no pudo sacar lustre a su título 

El australiano, un duro de la pista, relativizó el lustre del campeón del mundo. Button quiso pulir su título con un ataque final al segundo peldaño del cajón, pero Webber esquivó las embestidas del británico y le mantuvo a raya hasta el final. Ambos han sido protagonistas principales durante los últimos nueves meses, pero es muy probable que retornen al papel de secundarios. Hamilton será uno de los que les robará primeros planos.

El inglés, que partía desde la pole, también escenificó el calvario que ha vivido a lo largo del Mundial, sólo aliviado por un tramo final estimable. Su McLaren, uno de los vehículos que más ha evolucionado, sufrió una avería en los frenos traseros que le obligó a abandonar cuando lideraba la prueba.

Por suerte para la escudería británica, Raikkonen quiso despedirse de Ferrari desde la normalidad. Es decir, sabía que la Scuderia se jugaba con McLaren el tercer puesto en el campeonato de constructores, así que, fiel a su proceder habitual, se dejó llevar. El finlandés arrancó con siete puestos de ventaja sobre Kovalainen y, una vez retirado Hamilton, lo tenía todo de cara, pero tiró por la borda un adiós elegante al permitir que su compatriota terminase justo delante de él.

Alguersuari se equivocó de box y luego rompió el cambio de marchas 

Si Ferrari ha sustituido a Kimi por Alonso es precisamente para borrar frustración con frustración; para que el español desahogue en rojo toda su hambre de éxitos. Este domingo cerró el ciclo francés con el enésimo ejercicio de impotencia. “Tenemos el peor coche de la parrilla”, sentenció el sábado. Y pocas horas después sudó lo indecible para mantener a raya a los téoricamente últimos de la fila: Force India y Toro Rosso. Acabó decimocuarto.

Superó, eso sí, a Jaime Alguersuari, uno de los novatos que, precisamente en la cita postrera, cometió la novatada. El catalán se hizo un lío con los muy similares logos y colores de Toro Rosso, su equipo, y Red Bull, la escudería madre. Despistado, enfiló el box de Vettel, pero pasó de largo entre los aspavientos de los mecánicos. Luego, rompió la caja de cambios y abandonó. Jaime no puede dormirse. Detrás vienen tipos como Kobayashi, al que le han bastado dos carreras para asombrar. Rozó el podio y acabó sexto. Otro síntoma de un Mundial insólito.