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El amarillo da suerte

El Villarreal firma la segunda goleada en cuatro días. Athletic y Valencia empatan.

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Al primer minuto, fallo clamoroso de Rocchi, solo ante Diego López. Al siguiente, Pires lanza una falta y el balón bombeado entra en la portería del Lazio sin que nadie lo toque. Y a los tres, el árbitro expulsa a Baronio por una tonta manotada a Llorente. En esos tres primeros lances se gestó la victoria del Villarreal, un equipo que ha transformado el infortunio en nueva corriente a favor. Tanta, que al cuarto de hora ya goleaba jugando, eso sí, contra un conjunto romano en pronta inferioridad numérica.Todo lo que antes salía al revés, ahora se endereza solo.

La prueba es el penalti que Foggia estrelló contra el larguero y que costó la expulsión de Gonzalo. El Villarreal, tras la goleada al Tenerife (5-0) el pasado domingo, parece haber entrado en una racha positiva. Mejorado el ánimo, también ha mejorado el juego. Bruno, con Senna e Ibagaza lesionados, ha tomado las riendas del equipo, ayudado por un Pires rejuvenecido. El talento de Cani y el regreso goleador de Rossi también son buenas noticias para el ya muy mejorado Villarreal. Hasta el portero Oliva, sustituto del lesionado Diego López, se sumó a la fiesta amarilla.

En un suspiro fatal, el Valencia tiró a la basura una tarde apreciable. Ausente Villa, Baraja y Marchena cargaron con el peso del equipo. Los veteranos centrocampistas, con la inestimable colaboración de Mata, se bastaron para apabullar al Slavia. En 46 minutos obtuvieron una ventaja de dos goles frente a un rival que, además, se quedó con diez jugadores justo tras el 0-2. El equipo de Emery supo hurgar en la debilidad checa y tuvo ocasiones para sentenciar, pero sucumbió ante su falta de acierto y de sosiego. Enloquecieron con el primer gol local y regalaron dos puntos preciosos. 

El Athletic debió ganar, pero los errores se pagan. Los bilbaínos fueron más incisivos, acapararon las ocasiones y fueron superiores a sus rivales del Nacional de Madeira. A pesar de todo, no ganaron.

Hay dos detalles que les quitaron los tres puntos, por un lado un estrepitoso fallo de Llorente, que solo ante la meta y con el portero vendido mandó el balón al palo ante el asombro de sus compañeros. También pagaron un error de Iraizoz, un portero seguro que ayer se equivocó haciendo un penalti cuando el peligro no existía para su portería. Fue gol y les tocó remontar.