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ANÁLISIS- Francia y Alemania siguen descoordinadas sobre el euro

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No hace falta ser Einstein, o Hercules Poirot, para deducir que hay algo más que un pequeño problema de agenda tras la cancelación de último minuto de la cumbre franco germana del lunes.

Es cierto que la canciller Angela Merkel acababa de cerrar una negociación maratoniana de 36 horas sobre los recortes presupuestarios cuando el presidente galo, Nicolas Sarkozy, aplazó en una semana su visita a Berlín.

Pero el problema subyacente es que Alemania y Francia, los fundadores y motores de la moneda única europea, no ven de la misma manera el futuro de la zona euro, nueve días antes de una cumbre crucial de la Unión Europea sobre el asunto.

De puertas para adentro, lo que los franceses llaman la "pareja franco alemana" está teniendo una de sus peleas periódicas. Tanto, que ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en quien canceló el encuentro. Un comunicado francés señaló que había sido Merkel. Un miembro del Gobierno alemán dijo: "Fue el lado francés quien canceló, no los alemanes".

Berlín cree que la disciplina presupuestaria es la principal prioridad y está presionando a París para que siga con su ejemplo y tome más medidas de austeridad.

El Ministerio alemán de Finanzas ha hecho circular un plan de nueve puntos pidiendo sanciones más duras contra los Gobiernos que infrinjan las normas fiscales europeas, incluyendo suspender los derechos de voto de quienes reincidan, y un procedimiento de insolvencia para estados.

Pese a que se espera que el déficit de Francia alcance este año el 8 por ciento, Sarkozy no permite a su Gobierno pronunciar la palabra "rigueur", el término francés para austeridad.

El presidente, que se enfrenta a una dura batalla por la reelección en 2012 y a protestas contra sus planes de reforma de las pensiones, se ha negado hasta ahora a ir más allá de una congelación del gasto público a los niveles actuales durante tres años.

La máxima prioridad de Francia es crear un "gobierno económico" para la zona euro, con cumbres regulares de los 16 líderes y un secretariado específico, para coordinar la política económica y centrarse en reequilibrar la economía europea e impulsar el crecimiento.

"Está claro que hay un tira y afloja", comentó Jean Pisani-Ferry, director del grupo de estudios Bruegel de Bruselas.

Mientras los franceses se sienten cómodos comprometiendo miles de millones de euros en dinero de los contribuyentes en "solidaridad" con sus socios europeos con problemas financieros, "los alemanes están traumatizados teniendo que rescatar a Grecia a la zona euro".

Francia no quiere preparar ninguna reestructuración de deuda en la zona euro, temiendo que cunda el pánico en los mercados financieros, sus propios bancos sufran problemas y el riesgo se exponga a más riesgo.

¿FE PERDIDA?

El ex primer ministro francés Dominique de Villepin señaló que hay una clara divergencia en al menos tres áreas: El modelo económico, con Alemania mirando más a Asia y el este, la necesidad de austeridad presupuestaria, con Alemania ajustándose el cinturón inmediatamente, y la visión más amplia de Europa.

"Alemania ha perdido su fe en Francia. Alemania ve a Francia dando lecciones sin aplicar las reglas básicas de la buena gestión", dijo a la radio Europe 1 Villepin, rival personal y posible candidato conservador para enfrentarse a Sarkozy en las urnas.

En privado, algunos miembros del Gobierno alemán temen que los franceses "aún no entienden", la necesidad de austeridad en casa. Parte de la presión pública que ha ejercido Berlín sobre Grecia, España y Portugal pretendía llamar la atención de París hacia medidas de ahorro, indicaron.