Publicado: 03.01.2014 13:55 |Actualizado: 03.01.2014 13:55

"¿Qué andarán haciendo las monjas que no pueden atender el teléfono?"

El Papa sorprende a unas religiosas cordobesas a quienes telefoneó para felicitarles el año. Al no recibir respuesta, Francisco dejó un mensaje en el contestador y después pudo por fin contactar con ellas

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La espontaneidad del Papa Francisco sigue sorprendiendo incluso dentro de la propia confesión católica. Las monjas del convento de las Carmelitas Descalzas de Lucena (Córdoba) siguen sin salir de su asombro ante la más que especial felicitación que recibieron en la Nochevieja por parte del líder religioso, que ante la falta de contestación por parte de las religiosas dejó un particular mensaje en el contestador. 

"¿Qué andarán haciendo las monjas que no pueden atender?", se preguntaba en el mensaje que se puede escuchar en la web de la Cadena Cope. "Soy el Papa Francisco. Les quería saludar en este fin de año. A ver si más tarde las puedo llamar. Que dios les bendiga", les dijo a las religiosas.

Pese a que en este primer intento de media mañana no logró hablar con ellas, llamó de nuevo sobre las 19.15 horas, momento en el que sí logró conversar con la comunidad de religiosas, a las que instó a que "no se dejen quitar la esperanza". En este sentido, la priora de la congregación, Sor Adriana de Jesús Resucitado, ha explicado que en la primera llamada estaban rezando, ya que siguen "la vida de observancia" y fue a parar al contestador.

"Nos dio mucha pena, pero como dijo que lo iba a volver a intentar, en cualquier instante esperábamos una llamada de él", ha comentado. La llamada fue de unos 15 minutos. "Como siempre, nos preguntó cómo estábamos, vino toda la comunidad -tres argentinas, una venezolana y una española- y le pedí licencia para que toda la comunidad lo escuchara a través del sin manos, a lo que él respondió que sí, por favor", según el relato de la madre Adriana.

De este modo, indica que el Papa Francisco insistió en trasladar mensajes de ánimo, esperanza y alegría. "Nosotras le apuntamos que estábamos en un barrio de la periferia de Lucena, de gente trabajadora, humilde y que lo están pasando mal, pero que él caía bien", ha dicho. Así, cuando el Santo Padre escuchó este comentario pidió que "por favor" que "a todo el mundo, que de una manera u otra se relacione con el monasterio, le digan que el Papa les manda un saludo". Especialmente, "se acordó de los que lo están pasando mal y extendió su saludo, su bendición y el deseo de un feliz año a todo el pueblo de Lucena", precisa la priora.

El diálogo entre el Papa Francisco y las religiosas discurrió en un ambiente de cercanía, de amistad y de diálogo. "Es el mismo de siempre", apunta Sor Adriana, quien recuerda que un objetivo del Papa es que nadie se sienta excluido por razón de fe o de creencia. "Jamás pensamos que nos podría llamar, aunque sabíamos que estábamos en su corazón porque nos conocíamos desde hace muchos años, pero no nos imaginábamos que le robaríamos el más mínimo tiempo. Es una alegría inmensa", resume.

El Papa, para concluir, prometió que enviaría hasta el convento lucentino un ejemplar de su última exhortación Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio). La priora de la congregación ha manifestado que la relación con las tres monjas argentinas que residen en el convento de Lucena empezó hace 15 años, cuando Jorge Mario Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires. "Siempre llamaba al convento pidiendo oraciones y se interesaba por nosotras, aunque nunca hubo un trato directo y personal", asevera.

Sin embargo, desde entonces surgió una amistad cimentada con el paso de los años a través de llamadas, alguna misiva y alguna felicitación navideña. Además, ha precisado que ellas tres se vinieron a España "cuando Su Santidad ocupaba el cargo de obispo auxiliar de Buenos Aires", al tiempo que asegura que en Argentina ya era muy conocido como director espiritual y que tenía fama por su "santidad".

Hace algún tiempo, cuando el actual Pontífice impartió los ejercicios espirituales a la Conferencia Episcopal Española, estuvo a punto de trasladarse a Lucena. En aquel momento ostentaba la dignidad de cardenal primado de Argentina, pero lo mandaron marchar a Roma por el sínodo y llamó a las religiosas para explicarles "el cambio de plan", resume la madre Adriana de Jesús Resucitado.