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Un año después de los incendios de turbas, el humo cede paso al agua

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Aníbal de la Beldad

Un año después de que los incendios soterrados de turbas asolaran el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel, la estampa que ofrece este espacio natural es muy distinta a la de entonces, donde el humo de los incendios que alarmaba sobre su degradación, ha dado paso a una amplia lámina de agua que cubre gran parte del humedal.

La alarmante entrada en combustión de las turbas, el material orgánico que durante cientos de años ha permanecido bajo la superficie del agua, concitó el interés general de la sociedad que vio peligrar la conservación de uno de los ecosistemas naturales más singulares de este país, sin embargo, la benigna meteorología invernal hizo posible que aves y plantas volvieran a encontrar acomodo en el extenso humedal manchego.

La situación es muy distinta a entonces, explica a EFE el ex rector de la Universidad de Castilla-La Mancha y presidente del Patronato de Las Tablas de Daimiel, Luis Arroyo, quien ha dicho que "hace un año de todos se apoderaba la angustia al ver Las Tablas en su interior ardiendo por la autocombustión de la turba, en cambio, ahora, es impresionante ver la pátina de agua regada por el sol en el corazón de La Mancha".

Del fuego, comentaba, "hemos pasado a unas Tablas que han superado el verano con 1.000 hectáreas encharcadas, frente a la situación de extrema sequía que todos recordamos del año pasado".

Por segundo año consecutivo, asegura Arroyo, "vamos a poder disfrutar del Parque Nacional en todo su esplendor, vuelve a llover y éste es un momento hermoso en Las Tablas, donde ahora se pueden encontrar más de 12.000 aves invernantes en su interior".

La generosidad de los humedales y su capacidad de recuperación se pone de manifiesto cuando se comprueba que de las 1.000 hectáreas que se encuentran inundadas, 400 se encuentran colonizadas por ovas, algas acuáticas de gran valor ecológico que constituyen el alimento indispensable para las aves buceadoras.

Para Luis Arroyo, una de las imágenes más significativas del "milagro" de Las Tablas es que este año se han podido ver concentraciones de hasta 1.000 patos colorados, el emblema del parque, en los días previos a iniciar su migración hacia los lugares cálidos del sur.

Como lo es también ver a más de 600 flamencos, que no son habitantes tradicionales de Las Tablas, durmiendo donde muy pronto han de dormir las grullas, lo que le llevaba a ironizar, al asegurar que es probable que incluso, "haya problemas de tráfico" en el Parque Nacional.

La masiega, representante característica de la flora del parque, se está recuperando progresivamente y a ello, decía, "contribuirá también las 2.000 plantas que procedentes de los viveros de Parques Nacionales, se han plantado en el interior del parque".

A juicio de Arroyo, la situación es "muy diferente" a cuando el suelo del parque nacional ardía, y el objetivo ahora, es lograr garantizar que nunca más la turba vuelva a arder por autocombustión y exceso de sequía, para lo que se ha establecido una red de aforamientos de agua debidamente conectados.

Sin embargo, para él, en el futuro no sólo es suficiente evitar que la turba no se seque hasta el punto de volver a entra en autocombustión, sino que el parque nacional vuelva a tener agua de forma constante, y ello pasa, sin lugar a dudas, "por el control del uso del agua y naturalmente, por la meteorología".

Alejandro del Moral, geógrafo y director del Centro del Agua de Daimiel, es de la misma opinión que Luis Arroyo en cuanto a que el futuro del parque pasa por una mejor gestión de los recursos hídricos en la cuenca del Alto Guadiana.

Del Moral aseguraba que el Plan Especial del Alto Guadiana (PEAG) es una oportunidad "especial y única, que llega en un momento de inflexión" y su aplicación para garantizar el uso sostenible de los acuíferos del Alto Guadiana es fundamental para el futuro de Las Tablas. EFE.

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