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La ansiedad por los sondeos crispa el único debate del 28-N

José Montilla consigue que Mas acepte en el último momento un cara a cara

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El único debate televisivo de la campaña catalana ya es historia. Pero por momentos vibrantes que hubiera y en la segunda parte, libres de las ataduras pactadas, hubo incluso crispación los candidatos salieron previsiblemente en la misma posición que habían entrado.

Hay una cierta épica en torno a los debates televisivos porque en ocasiones han tenido un impacto electoral decisivo, como en el famoso duelo entre Kennedy y Nixon, en 1960, y el pulso de Felipe González y José María Aznar en 1993, punto de partida para la remontada del primero.

El candidato de ERC ofrece apoyo a CiU en el objetivo del concierto

Pero incluso el más brillante orador hubiera tenido grandes dificultades para hacer historia en un debate como el que ayer organizó TV3, que será además el único en toda la campaña. En la primera parte, porque la distribución del tiempo y de los temas fueron férreamente pactados. Y en la segunda, porque al haber seis candidatos era realmente difícil imponerse por encima del griterío y la dispersión.

El debate difícilmente modificará demasiadas posiciones, pero la ansiedad generada por el alud de sondeos coincidentes que sitúan al convergente Artur Mas cerca de la mayoría absoluta contribuyó a crispar el debate.

El objetivo de Mas era salir de él sin rasguños. Para ello evitó los riesgos y adoptó un papel más de presidente que de candidato. Y salió entero.

La líder del PP se muestra ofendida por la acusación de 'xenofobia'

Todos sus rivales, en cambio, buscaban lo contrario: el cuerpo a cuerpo, a poder ser con Mas o al menos con el socialista José Montilla, como una de las últimas posibilidades de tratar de dar la vuelta a las encuestas.

El candidato del PSC aprovechó su primera intervención para buscar un cara a cara con Mas, que podría celebrarse después de que en el último minuto el president lo desafiara y aquel lo aceptara.

'Hablan mucho de cambio, pero su modelo es Irlanda', le espetó. '¡Gran modelo!', agregó. Mas le respondió pidiéndole humildad: los socialistas, le dijo, dejan Catalunya en muy mal estado y aunque la crisis es global, 'alguna culpa tendrán los socialistas, que gobiernan en todas las instituciones'.

Montilla, que reivindicó la gestión de los gobiernos tripartitos pese a que no quiere repetir la fórmula, trató de situarse como antagonista de CiU y el PP y que el debate girara sobre el eje izquierda-derecha, un esquema que también interesaba a Herrera.

Su ex socio en el Tripartito el candidato de Esquerra Republicana (ERC), Joan Puigcercós, en cambio, intentó priorizar el eje nacional. Con gran formalidad e incluso pompa, lanzó un envite a Mas: 'ERC le apoyará en Madrid para lograr un pacto fiscal si usted se compromete, si fracasamos, a convocar un referéndum por la independencia'.

El líder de Convergència apeló al seny: 'Un referéndum de este tipo sólo tiene sentido cuando se tienen garantías de ganar y que no se dividirá el país'. Ahora no toca, que diría su mentor, Jordi Pujol.

La candidata del PP, Alicia Sánchez-Camacho, tuvo que defenderse varias veces de 'xenofobia' y de 'sembrar odio' con la inmigración. Se hizo la ofendida: 'Pido seriedad y menos demagogia'.

El protagonista imprevisto fue Albert Rivera, de Ciudadanos, que centró a su alrededor el momento más vibrante y también tenso del debate: cuando se abordó el asunto de la lengua. Nadie aportó ideas nuevas, pero Rivera logró su objetivo de encrespar a todos sus adversarios incluidos Mas y Montilla y ganar un foco muy superior a su peso parlamentario.