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¿Antirracista y antisemita?

El humorista francés Siné, acusado de antisemitismo por un comentario sobre la boda de Jean Sarkozy con una rica heredera judía

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Se puede ser artista libertario, ácrata, reacio a toda forma de religión y, al mismo tiempo, antisemita? En principio, parece imposible, sobre todo si el incriminado es un dibujante y cronista parisino que lleva sesenta años echando sosa cáustica contra el poder y el clero.

Sin embargo, eso es lo que le ha ocurrido a Siné, uno de los grandes de la prensa francesa. Lo han echado del semanario satírico Charlie Hebdo por haber bromeado con la posible conversión al judaísmo de Jean Sarkozy, hijo del presidente francés, que el miércoles contrajo matrimonio por lo civil con una heredera de familia judía.

Siné, un intelectual satírico acostumbrado a vivir entre libros, dibujos y mesas llenas de papeles, ha sido citado a comparecer y sentarse en el banquillo ante el Tribunal Correccional de Lyon. Es acusado de “incitación al odio racial” en una querella formulada por una vieja asociación, la Licra, que en su día fue antirracista y hoy es, sobre todo, punta de lanza en cazas de brujas bastante perversas.

¿La culpa de Siné? A primeros de julio, el siempre polémico dibujante, entonces empleado por Charlie Hebdo, publicó una más de sus columnas incendiarias en las que, con texto y dibujo hechos a mano, atacaba con acidez religión y política. Pero, esta vez, el ácido corrosivo iba contra Jean Sarkozy, hijo del presidente francés.

El joven con pretensiones políticas, siguiendo escrupulosamente el camino marcado hace tres décadas por su padre, se echó una novia de lujo, la multimillonaria Jessica Sebaoun Darty. El problema es que Jean fue bautizado como católico y la heredera del imperio francés del electrodoméstico pertenece a una familia judía practicante. Problema diplomático. Tanto que, antes de aceptar la petición de mano, Jessica se llevó a Jean a Israel a hablar con rabinos e iniciarse en la Torá.

Ciertas confidencias a semanarios franceses y al diario Libération hablaban entonces de una inminente conversión de Jean Sarkozy a la fe judía para facilitar la boda. Tras el escándalo, parece que la fórmula será con dos dioses mejor que uno: boda católica y boda hebrea por venir, tras la civil realizada el 10 de septiembre.

Carne perfecta, pues, para la radicalmente anticlerical pluma de Siné, un hombre que nunca se anduvo con miramientos ni con las religiones, ni con los multimillonarios, ni con los presidentes, ni con sus hijos, ni con las novias de sus hijos, sobre todo si son un buen partido.

En su crónica de primeros de julio, Siné penetró el crimen de lesa majestad contra Jean Sarkozy: “Acaba de declarar que quiere convertirse al judaísmo antes de casarse con su novia, judía y heredera de los fundadores de Darty ¡Este sí que va por buen camino!”.

Para que se hagan una idea del estilo del corrosivo dibujante y regente del Collège de Pataphysique, sigue en esa columna una broma sobre la buena noticia de la cogida y paro cardíaco del novillero Miguel Tendero.

El sarcasmo correspondía perfectamente con el estilo ya célebre del semanario Charlie Hebdo, el mismo que en 2006 se atrevió a publicar las célebres caricaturas danesas de Mahoma. Ese número llevaba en portada un dibujo de Mahoma llevándose las manos a la cabeza y gritando: “Es duro ser amado por unos gillipollas”. Sobreentendido: gilipollas son los radicales musulmanes.

Pero esta vez, como no se insultaba al islam sino que Siné se adentraba en el resbaladizo terreno de una crítica a la fe judía adquirida por interés, todas las alertas del antisemitismo se dispararon. El director de la publicación, Philippe Val, enemigo jurado de Siné desde hace años, se agarró a las primeras polémicas en la radio, propiciadas por sus propios amigos, para echar al histórico colaborador.

El revuelo está siendo considerable en un país donde la creciente tensión entre los extremistas judíos y los extremistas musulmanes pone los nervios a flor de piel desde hace años. Muchos judíos franceses temen que la onda expansiva del conflicto de Oriente Próximo esté generando el nacimiento de un “nuevo antisemitismo de extrema izquierda”.

Los partidarios más extremistas del Gran Israel y de la ocupación de Palestina aprovechan este anatema para hacer desaparecer toda crítica a sus ideas. Para ellos, la cabeza de Siné es el trofeo ideal, que les ha sido ofrecida en bandeja de plata.

El dibujante, por su parte, se defiende. Ha presentado su propia querella por difamación contra uno de los periodistas que le acusaron de “antisemitismo”. Y, además, tras recibir el apoyo de 15.000 firmas en su combate por la libertad de expresión, acaba de lanzar el primer número de su nuevo semanario, Siné Hebdo, rival de Charlie Hebdo. Deja claro que no sólo no es antisemita, sino que siempre ha combatido y combatirá el racismo.

Entre los firmantes del manifiesto pro Siné, se cuenta un intelectual de una integridad tan incuestionable como Edgar Morin, filósofo, sociólogo y judío laico. Morin, a su vez, sufrió en sus propias carnes la acusación fácil de “antisemita” en 2004 por el mero hecho de haber denunciado la política de Ariel Sharon.

Charlie Hebdo es un periódico con una notable influencia en círculos intelectuales. De la mano del director Philippe Val y con la cabeza de Siné en una pica, el semanario se embarca ahora en el anatema: utiliza la acusación fácil de antisemitismo como arma arrojadiza.

Con ello, se suma a una tendencia cada vez más generalizada en Francia: burlarse de Mahoma o del islam es considerado un ejercicio de la libertad de expresión; burlarse de la fe judía, un ataque racista.

1. Número dos en francia

‘Charlie Hebdo’ es el segundo semanario satírico más importante de Francia, con unas ventas de unos 60.000 ejemplares, muy por detrás de ‘Le Canard Enchainé’. Fundado en 1992, retomó la tradición cómico-satírica del histórico ‘Hara-Kiri’, pero incorporando investigaciones puramente periodísticas.

2. Victoria judicial

El semanario publicó las caricaturas de Mahoma y ganó los juicios que organizaciones musulmanas impusieron por esa supuesta calumnia. Apoyándose en esa victoria, el director Philippe Val encargó un film sobre el proceso y se paseó por todo Cannes el pasado festival.