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"El apartamento", una de las mejores comedias del cine, cumple 50 años

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"El apartamento", ejemplo perfecto de la comedia clásica, llevada a las cotas más exquisitas de la mano del genio Billy Wilder, cumple mañana 50 años desde su estreno en EEUU.

"¿Me oye, señorita Kubelik? Estoy locamente enamorado de usted", le decía, embobado, el personaje de Jack Lemmon al de Shirley MacLane al final de la película y a punto de repartir una mano de cartas.

"No diga más y juegue", replicaba la joven, mientras se despojaba de su abrigo y le devolvía la sonrisa pícara.

La magia y la química del triángulo formado por Wilder, Lemmon y McLane pocas veces fue igualada en el cine, pero sólo repitieron tres años después en "Irma la dulce".

"El apartamento" se llevó cinco Óscares: mejor película -primera comedia que se alzaba con la estatuilla dorada desde "Going My Way", 1944-, mejor director, mejor guión original (que compartieron Wilder e I.A.L. Diamond), mejor edición y mejor diseño artístico para una película en blanco y negro.

Y recibió cinco candidaturas más, entre ellas, las de mejor actor y actriz para su pareja protagonista. El círculo lo completaron las nominaciones de Jack Kruschen como mejor actor secundario, y la de mejor fotografía en blanco y negro.

Ninguna otra película filmada en blanco y negro volvió a hacerse con un Óscar hasta "Schindler's List" (1993), de Steven Spielberg.

"El elemento de más valor en Wilder es su sensibilidad adulta", escribió sobre la cinta el popular crítico estadounidense Roger Ebert.

En este filme agridulce y cínico, Buxter (Lemmon) es un empleado de una compañía de seguros de Nueva York -"trabajo en el piso 19, Departamento de Pólizas Comunes, División de Contabilidad de Primas, Sección W, mesa número 861"-, que vive en un apartamento que cede a sus superiores para sus líos amorosos, con la intención de que esos favores le granjeen un mejor puesto en el trabajo.

El choque entre los personajes llega cuando entra en juego una joven ascensorista (Maclane) algo desequilibrada, que mantiene una relación con uno de los jefes del oficinista. Entonces Buxter, que bebe los vientos por ella, deja de tragar saliva y decide dar un paso adelante, poniendo en riesgo su trayectoria profesional.

El tráiler original presentaba la cinta como "una historia preciosa y cálida" en la que Lemmon tenía un papel "delicioso" con el que demostraba su "tremenda versatilidad", mientras que la candidez de MacLane iluminaba la pantalla "como un árbol de Navidad".

Pero si hay algo que distingue a la película es el sello Wilder.

El cineasta, que venía de disfrutar el tremendo éxito de "Some Like it Hot", consigue poner una sonrisa en la cara al espectador a partir de un intento de suicidio y a pesar de recrear la soledad y amargura de unos personajes encerrados en sí mismos, que gritan en silencio su necesidad de ser amados.

Wilder tuvo la idea para rodar el filme después de ver "Breve encuentro", de David Lean, donde una mujer casada y un hombre usaban un apartamento para sus momentos íntimos.

"Simplemente pensé que el apartamento en sí era un personaje interesante. Y luego tuve la idea del hombre explotado, soltero y solitario, que cuando vuelve a casa por la noche, se mete en una cama que todavía conserva el calor de las personas que han estado allí antes", explicó el cineasta.

Y así se originó la que para muchos es la gran obra maestra de Wilder, una figura que marcó con su cine a toda una serie de generaciones posteriores.

El español Fernando Trueba, al recoger el Óscar a la mejor película extranjera por "Belle Epoque", lo dejó bien claro en aquella ceremonia de 1994, donde dijo: "No creo en Dios. Sólo en Billy Wilder".