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Las arañas tienen su propio Kama Sutra, asegura el entomólogo Jordi Moya

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Las arañas tiene su propio Kama Sutra, a la vista de la gran variedad de posturas que adoptan durante el apareamiento, ha explicado a EFE el entomólogo Jordi Moya, investigador de la Estación Experimental de Zonas Áridas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

El Kama Sutra, que quiere decir "hacer el amor", es un antiguo texto hindú, escrito por el sabio Maharshi Vatsyayana, considerado el tratado erótico más antiguo del mundo, en el que se describen decenas de posturas sexuales, algunas próximas a la acrobacia, que pueden practicar un hombre y una mujer.

La multiplicidad de actitudes durante la cópula, sin embargo, parece no ser sólo cosa de los humanos, pues las observaciones han demostrado que también las arañas han abandonado a lo largo de los años la monotonía sexual y practican ya más de una decena de posturas durante el apareamiento.

Algunas de estas poses evocan claramente ciertas actitudes del Kama Sutra, como el famoso "69", que permite la práctica del sexo oral mutuo de forma simultánea, y que en ocasiones parece que ponen en práctica las arañas al colocarse el macho y la hembra vientre con vientre, pero cada uno en una dirección distinta.

"Tienen su propio Kama Sutra", afirma irónicamente Moya, que indica que las posturas sexuales de estos insectos de ocho patas han evolucionado a lo largo de las décadas, aunque aún se desconoce por qué utilizan una u otra posición.

Nada más lejos de la monotonía y la placidez, pues, para describir el singular apareamiento de las arañas, teniendo en cuenta, además, que las hembras practican el canibalismo y que muchos machos mueren en sus garras "antes, mientras y después" de copular.

Tampoco está clara la motivación que lleva a las arañas a devorar a sus sementales, aunque algunos estudios apuntan que podría ser un acto de "rechazo" de las hembras ante el "acoso" de varios machos o, simplemente, una vía rápida, aunque cruel, para obtener una nueva fuente de nutrientes.

En cualquier caso, la experiencia ha llevado a los machos a actuar con cautela y a adoptar medidas de seguridad y precaución, algunas de ellas de lo más ingeniosas, para evitar acabar siendo pasto de las féminas, que además de estar hambrientas, les superan en tamaño.

Así, algunas especies de arañas, como la "Pisaura mirabilis", acuden a la cita amorosa con una presa muerta y envuelta delicadamente como regalo para la hembra, de manera que mientras ésta se entretiene comiéndosela, el macho puede copular tranquilamente, sabiendo que, mientras dure el banquete, no será objeto de ataque.

Otros arácnidos enredan con su tela a las hembras antes de iniciar el apareamiento para tenerlas inmovilizadas y poder copular sin peligro, una acción que puede parecer sadomasoquismo, aunque es pura supervivencia.

Este instinto, inherente a todo ser vivo, ha evolucionado en los arácnidos hasta el punto de que ahora son precisamente los machos los que eligen pareja, según las últimas investigaciones de este científico catalán de origen andaluz.

Y puestos a escoger, ellos las prefieren pequeñas, porque son más inofensivas; vírgenes, porque son más receptivas, y gorditas, porque son menos voraces. Todo sea por mantenerse con vida.

Jordi Moya, uno de los mayores expertos en arácnidos que trabajan en España, ha acudido a Barcelona, invitado por la Obra Social de La Caixa, para hablar de su mayor especialidad: las arañas y su comunicación como amantes y caníbales.