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Los argelinos afrontan el mes de ayuno con los alimentos más caros que nunca

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Los argelinos se preparan para afrontar el mes sagrado del Ramadán, que comenzará probablemente este lunes, acuciados por dificultades económicas debido al fuerte aumento de los precios de los alimentos básicos, a lo que se añade este año la coincidencia con el comienzo del curso escolar.

En Argelia, se espera todavía hasta que los sabios teólogos puedan ver un hilo de luna desde algún punto del país esta noche para saber si el ayuno comenzará el lunes o el martes.

Tradicionalmente tiempo de recogimiento, generosidad y autocontrol, el mes sagrado -que implica la abstinencia de beber cualquier líquido, comer, fumar o practicar el sexo desde el alba hasta el ocaso- es aprovechado por algunos mayoristas de alimentación para enriquecerse.

Paradójicamente, en el período de ayuno los argelinos gastan mucho más en alimentos que el resto del año.

Tras pasar todo el día sin probar bocado, muchos musulmanes se entregan a copiosas comidas cuando se pone el sol y a otra más antes de que el astro rey vuelva a salir, sobre las cuatro de la madrugada.

Desde hace algo más de dos semanas, los precios de los productos de consumo general, así como de las frutas, las legumbres o las carnes no han parado de subir, llegando en algunos casos a duplicarse o triplicarse.

Y como cada año en el mismo período, el Gobierno se ha comprometido a poner todo sus esfuerzos en frenar la especulación, lo que resulta difícil debido a la falta de instrumentos de control de los circuitos de distribución y los mercados al por mayor.

El Ministerio de Comercio anunció esta semana que no habrá escasez de alimentos básicos y levantó la prohibición de importar carnes rojas -cuyo consumo se triplica en el Ramadán- a partir del lunes. La Unión de Comerciantes Argelinos ha hecho también un llamamiento al sentido común de sus afiliados.

Pero todo ello no parece tener casi ningún efecto sobre la subida irrefrenable de los precios de los alimentos.

Incluso los mercados de los barrios populares, conocidos como los "mercados de los pobres" no escapan a lo que se ha convertido en una regla establecida y controlada por ciertos comerciantes mayoristas, que consiguen poner en dificultades a multitud de familias.

"A este ritmo, es más indicado hablar de poder de supervivencia más que de poder de compra. Es terrible lo que pasa actualmente. Los precios se han casi cuadruplicado y esto corre el riesgo de empeorar en la primera semana del Ramadán", explica Farida, una madre de familia, en el mercado del popular barrio argelino de Bab el Oued.

Con el fin de asegurarse suficiente comida, muchas familias recurren a empeñar sus joyas y otros objetos de valor en los bancos, una práctica que se ha extendido en los últimos años.

Y para atenuar el descontento popular, las autoridades -que nunca han logrado contener los precios en los mercados- han anunciado la distribución gratuita durante el mes sagrado de 1 millón y medio de cestas alimentarias, que los argelinos califican de "cestas de la miseria".

Se trata de unas cestas que contienen principalmente aceite, azúcar, café y sémola de trigo, de las que se benefician las familias más pobres.

Además, multitud de restaurantes financiados por el Estado ofrecen tras la puesta de sol comidas gratuitas de ruptura del ayuno a las personas con menos recursos, para las que se forman grandes colas con horas de antelación.

"Es una vergüenza que en un país que ingresa entre 70.000 millones de dólares anuales por la venta de hidrocarburos y que dispone de más de 120.000 millones de dólares de reserva de divisas se llegue a esta situación", afirma Ahmed, que regenta un quiosco de periódicos en el centro de Argel.

El comienzo del curso escolar, que coincide este año con el mes sagrado, y la previsión de gastos para la fiesta del Aid El Fitr, que celebra el fin del Ramadán, ajustan todavía más el presupuesto.

"En tiempos normales mi salario me alcanza apenas para llegar a fin de mes. Cubrir ahora los gastos del Ramadán, el Aid y el comienzo del curso es cosa de milagro", dice Said, un cuadro medio de la administración pública.