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El aroma de los muy cafeteros

El Triángulo del Café de Colombia ya forma parte de la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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Desde recolectar y aprender todo el proceso del café colombiano a descansar en una hacienda, soltar adrenalina volando sobre los árboles o conocer el Parque Nacional Cultural Agropecuario Panaca y entender por qué sin campo no hay ciudad. Son algunos de los alicientes que ofrece el Triángulo del Café, un bien que, después de 14 años como candidato, ha sido declarado 'por su valor universal excepcional' Patrimonio Cultural de la Humanidad. Con este reconocimiento ya son nueve los bienes colombianos elegidos por la Unesco, entre los que figuran la monumental Cartagena de Indias, la Isla de Malpelo, el Parque Nacional Los Katios, los Parques Arqueológicos de San Agustín y de Tierradentro, el centro histórico de Santa Cruz de Mompox, el Palenque de San Basilio y el Carnaval de Barranquilla.

Tres regiones, Caldas, Quindío y Risaralda, forman los vértices del Triángulo del Café, enclavado en las montañas del oeste de Colombia. Una zona de más de 30.000 hectáreas dedicada, casi por entero, a su cultivo, formada por 47 municipios, 411 veredas y alrededor de 24.000 fincas cafeteras, en las que viven 80.000 personas. Es aquí donde nace la cultura colombiana del café que, más que un fruto, una infusión y el primer producto de exportación de Colombia, es también símbolo del espíritu hospitalario de los colombianos.

Esta es una región en la que la vista del viajero se pierde en un inmenso horizonte verde, entre plantaciones y campos de cultivo de café, cosechado durante todo el año al estilo tradicional: a mano, grano a grano. Y es precisamente por su forma de recolección tradicional la que le ha hecho convertirse en el mejor café del mundo.

El Triángulo del Café está considerado también el primer destino de turismo rural de Latinoamérica debido a la adaptación de sus haciendas y casonas tradicionales en lujosos alojamientos turísticos. La experiencia de vivir en ellas es única e irrepetible, y su fin último es heredar un pedazo de la cultura cafetera, aprendiendo y disfrutando al mismo tiempo de ella. Los caminos que transitan por la región están salpicados de construcciones coloniales, parques temáticos, campos de golf, extensos cultivos de café y, sobre todo, paisajes irrepetibles.


Triángulo del Café