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Un arquitecto pone solución a la falta de espacio en Hong Kong

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Cuando era joven vivía en un diminuto piso con otras seis personas en una de las ciudades más densamente pobladas del mundo, y ahora el arquitecto de Hong Kong Gary Chang se ha obsesionado con el espacio vital, o mejor dicho, con la falta crónica de dicho espacio.

Después de tres décadas en la misma pequeña morada de 32 metros cuadrados en la que creció, a Chang se le ha ocurrido una respuesta innovadora para las vidas cada vez más confinadas de los residentes de la ciudad: un ''transformer doméstico'' que parece sacado de la ciencia ficción.

"La idea es que todo está en movimiento. Este es mi espacio de lavandería'', dijo Chang a Reuters, moviendo una pared llena de CD para desvelar una lavadora y una secadora.

Al deslizar otra pared metálica montada sobre un raíl y sobre la que cuelga una televisión de plasma, aparece una cocina. Además, hay una bañera lujosa de 1,8 metros que se convierte en una cama de invitados.

Mientras habitantes de ciudades tan pobladas como Tokio recurren a camas nido y sofás plegables, Chang ha llevado el concepto de ahorro de espacio al extremo.

Su diminuto apartamento rectangular, en las entrañas de un viejo e inclasificable bloque de apartamentos, tiene paredes de colores pulidos que permiten 24 configuraciones, cada una con una necesidad específica.

El espacio disponible se convierte en un teatro casero, una sauna, una cocina, un dormitorio y una zona de relax equipada con una hamaca, dependiendo de lo que Chang necesita a cada momento.

"La alta intensidad de uso la convierte más en un gran electrodoméstico que en una casa'', escribió Chang en su libro "Apartamento de 32 metros cuadrados: una transformación de 30 años", que narra los orígenes de su innovadora morada, que se ha sometido a varias renovaciones a través de los años.

Chang, que posee su propia empresa de diseño y arquitectura, describe un espacio vacío como un ''lujo'' y una vez construyó una ''Casa Maleta'' en Pekín poniendo en entredicho las fronteras entre el espacio público y el privado.

"El único espacio cercado es el aseo, e insisto, es más grande de lo normal'', dijo Chang, cuyo piso está rodeado de autopistas y rascacielos que muestran el rampante desarrollo urbano de Hong Kong, que ha visto cómo los pisos espaciosos se han convertido en una ilusión para muchos.

Con un coste de 1,8 millones de dólares de Hong Kong (169.955 euros), Chang espera que su piso ofrezca una alternativa viable y que mejore la calidad de vida para los ciudadanos de Hong Kong que no pueden permitirse nada más grande.

"La idea es diseñar tu casa próxima a lo que realmente quieres en vez de estar sometido al mercado o por la asignación de espacio'', dijo el diseñador, que dice estar ahora en conversaciones con promotores inmobiliarios para extender su idea por otras ciudades de Asia y Europa necesitadas de espacio, incluida París.