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Artistas contemporáneos alertan en Londres sobre la destrucción del planeta

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¿Puede la destrucción del planeta por el hombre encerrar un momento de belleza o de la categoría estética conocida como lo sublime? La respuesta es positiva a juzgar por la exposición que se inaugura mañana en Londres.

Titulada "La Tierra: el arte de un mundo cambiante", la exposición, un proyecto conjunto de la Royal Academy of Arts y la fundación de la farmacéutica GSK, reúne obras en distintos medios de más de una treintena de artistas como Antony Gormley, Bill Woodrow, Tomas Saraceno, Tracey Emin, Mona Hatoum o Sophie Calle.

Su actualidad es más que evidente al inaugurarse poco antes de que comience la reunión sobre el cambio climático de Copenhague, en la que los gobiernos deberán decidir si están o no dispuestos a tomar medidas vinculantes capaces de frenarlo.

Hay una referencia a ella ya en la fachada del edificio, donde se ha colgado una gran instalación de Marcos Luytens y Alessandro Mariantoni titulada con juego de palabras en inglés (O2 morrow) y cuya forma es la de las moléculas que eliminan el carbono de la atmósfera.

Fabricada con fibra de carbono reciclable, muestra la fluctuación de los niveles de CO2 y utiliza la lectura de esos datos para activar sus propios diodos emisores de luz (LED).

La exposición, que podrá verse hasta el 31 de enero, refleja el impacto del debate en torno al cambio climático en los artistas contemporáneos, estén directamente comprometidos o no, en la lucha por el futuro del planeta, como señala Kathleen Soriano, directora de exposiciones de la Royal Academy y uno de los tres comisarios.

Es cierto que sólo unos pocos de los artistas representados pueden calificarse de activistas del ecologismo, pero todos ellos comparten la preocupación por la destrucción del medio ambiente.

La primera parte de la exposición presenta los elementos claves que componen el mundo natural y las actividades que afectan al cada vez más frágil equilibrio del planeta.

Mona Hatoum ha creado un mapa mundi titulado "Hot Spot" (Lugar Candente) en el que los perfiles de los continentes lo forman tubos rojos de neón mientras que Anthony Gormley, en doble alusión a la presión demográfica y a la responsabilidad colectiva, ha llenado toda una sala con sus muñequitos de barro.

Una de las obras más espectaculares es la titulada "Lluvia Negra", de Ruth Jarman y Joe Gerhardt, que utilizaron los datos visuales recogidos por dos satélites de la NASA que siguen la pista a los radiaciones de ondas y vientos solares que se desprenden en el período de máxima actividad solar.

Otras obras, las de la pareja de artistas Ackroy & Harvey, como la titulada "Beuys's Acorns" (Las bellotas de Beuys) se inspiran en el fallecido artista alemán Joseph Beuys, uno de los pioneros de un arte ecologista, quien en 1982 plantó en la exposición "Documenta 7" de Kassel (Alemania) el primero de 7.000 robles.

El artista finlandés Antti Laitinnen se ha filmado a sí mismo mientras intenta construir su propia isla amontonando piedras en medio del oleaje y las bajísimas temperaturas del Báltico, en tanto que el canadiense Edward Burtynsky muestra con su cámara el impacto de la intervención humana a gran escala en el paisaje o la producción masiva de carne de pollo en una factoría china.

En la sección titulada "El artista como explorador", la francesa Sophie Calle documenta un viaje a Groenlandia con un collar de perlas y un anillo de diamantes, objetos que la artista sepultó en un glaciar en un homenaje a su madre, quien no pudo ver realizado su deseo de visitar el Polo Norte antes de morir.

La pareja británico-argentina Lucy y Jorge Orta ha montado en la Royal Academy tiendas de campaña que instalaron anteriormente en la Antártida en 1997 y que, similares a las de los campos de refugiados y confeccionadas con trozos de banderas, hacen referencia a la libertad de movimiento de las personas, anclada en la Declaración de Derechos Humanos de la ONU.

Bill Woodrow se ha inspirado para una serie abstracta en las auroras boreales que vio en Noruega mientras que Cornelia Parker alude a la destrucción en su "Corazón de las Tinieblas" -título tomado del escritor Joseph Conrad- con una instalación en la que cuelgan del techo restos carbonizados procedentes de un incendio forestal.

Una serie de medusas de cristal de Murano integran una instalación de la danesa Sue Greenfort alusiva a la proliferación de esos animales por culpa de la sobrepesca y la contaminación marina, mientras que el chino Yao Lu ha creado un idílico paisaje de montaña, inspirado en el arte tradicional de su país, cubierto con una red protectora de montones de basura.

Joaquín Rábago