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El asalto al bastión del Pentágono

El presidente pretende cambiar la estrecha relación entre el Departamento de Defensa y la industria de armas

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Barack Obama quiere cambiar algo más que Washington. Quiere cambiar el Pentágono. Más concretamente las relaciones incestuosas entre el Departamento de Defensa y la industria armamentística. Lo dijo claramente en febrero al dirigirse al Congreso, reunido en sesión extraordinaria. 'Eliminaremos el sistema de contratos sin concurso que han malgastado miles de millones de dólares en Irak y reformaremos nuestro presupuesto de Defensa para evitar comprar armas de la guerra fría que no usamos'.

Estas declaraciones, y el anuncio de que a partir de ahora se conocerán los gastos reales de las guerra de Irak y Afganistán, que el Gobierno Bush consiguió mantener semi ocultas en partidas extraordinarias del presupuesto, han sembrado inquietud y preocupación en las oficinas de General Dynamics, Lockheed-Martin, Boeing o Northon Grumman, los principales constructores que viven de los contratos de Washington.

Pero la industria de defensa no va a ser presa fácil, incluso con un Congreso demócrata. 'Los contratistas militares tienen tantos contactos con los demócratas como con los republicanos. En este tema, ambos partidos son igualmente cómplices', asegura Winslow Wheeler del Center for Defense Information, una organización en Washington que agrupa a antiguos responsables del Pentágono. 'Está por ver si Obama tendrá fuerza suficiente para resistir las presiones'.

Un reciente informe del Council on Foreign Relations asegura que el presupuesto de 2010 presentado por el Gobierno Obama 533.000 millones de dólares sin contar los costes de las guerras en Irak y Afganistán no implicaba un recorte sino todo lo contrario, 'un aumento de 14.000 millones' respecto al de Bush. Proyectos ya aprobados por el Congreso, difícilmente cancelables, y la presión de los contratistas, 'harán muy difícil reducir los gastos de defensa al menos hasta 2011', pronostica el estudio.

'Estando en guerra, será casi imposible', dice Tony Avirgan, analista del Economic Policy Institute. Sobre todo porque los demócratas siempre temen parecen 'blandos' en el tema bélico. 'En este sentido, dejar la negociación en manos de Robert Gates, que también fue Secretario de Defensa con Bush es una ventaja porque tendrá más autoridad con los militares', añade Avirgan. 'Bill Clinton tenía mucho miedo y cedió ante muchas de las presiones del Pentágono', explica Wheeler.

La Oficina del Presupuesto (en inglés OMB) ha propuesto ahorrar más de dos mil millones de dólares. Gates anunciará los detalles en abril. Entre bastidores, la lucha por mantener los contratos es feroz. La recesión debería ser un argumento de peso para justificar los recortes pero irónicamente podría perjudicar los propósitos de Obama, porque la industria de armamentos en Estados Unidos es un gigante que mueve miles de millones de dólares y crea empleo.

'En el actual clima económico, los congresistas van a querer ante todo preservar los puestos de trabajo de sus circunscripciones', declaraba recientemente al New York Times William Cohen, ex secretario de Defensa del Gobierno Clinton. 'Lo más difícil será conseguir que una mayoría vote en contra de sus propios intereses por el bien de la defensa nacional'.

Uno de los símbolos del despilfarro armamentístico es el caza F-22, que el propio gobierno de George Bush intentó parar porque lo consideraba una reliquia de la guerra fría. Lokheed Martin, el constructor, ha sido muy hábil frenando los esfuerzos de Washington, al repartir la fabricación de sus más de mil componentes en 44 estados. Ha creado así un sólido grupo de presión de congresistas directamente afectados por cualquier intento de cancelación. Y funciona: 44 senadores y más de 200 representantes ya han escrito a Obama para pedirle que siga comprando los cazas que cuestan 143 millones de dólares la pieza.

'El Pentágono sigue pensando en términos de guerra convencional. Y eso que Obama ha dicho que estaría dispuesto a renegociar el escudo antimisiles en Europa, pero los militares sólo ven enfrentamientos con Rusia o incluso China', explica Wheeler. 'Las guerras de Irak y Afganistán no han supuesto un cambio estratégico en cuanto al tipo de arma que fabricar, en parte porque previsiones más convencionales suponen equipamientos más pesados y por lo tanto más costosos', concluye.

'No más excusas no más demoras', dijo Obama al anunciar que revisaría los actuales contratos de Defensa para primeros de julio y establecería nuevas normas de licitación en septiembre: 'La época de los cheques en blanco ha terminado'.

Será una batalla difícil. 'Recibo señales contradictorias del Gobierno y no estoy seguro de que pueda cumplir su palabra dice Wheeler. 'Las palabras son muy fáciles'.