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El autismo se integra en el sistema educativo

El 12% de los niños discapacitados escolarizados sufre la enfermedad

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El avance de los últimos años en prestaciones, derechos y servicios sociales para la discapacidad en España no ha corregido aún la brecha que existe en el acceso al mercado de trabajo y la educación, entre otros sectores. Además, la falta de nuevas políticas mantiene la discapacidad alejada de los medios de comunicación. La mayoría de las informaciones sobre el sector hacen referencia a sucesos. El último caso, hace diez días, fue la muerte de una niña sevillana autista de diez años que se cayó del balcón de su casa.

La Administración Pública sigue sin ofrecer a los padres de niños discapacitados toda la ayuda que necesitan, pero el tesón de las familias ha generado que cada vez sean más los ejemplos positivos y las apuestas por la integración. Extremadura, Cantabria, Castilla-La Mancha, Murcia, Andalucía y Castilla León tienen la mayor proporción de escolarizados en centros ordinarios.

Aunque Galicia no está entre estas comunidades, también tiene ejemplos de buenas prácticas como el colegio público de A Lomba, en Vilagarcía de Arousa (Pontevedra). El centro inició el curso pasado un proyecto para incluir a cinco niños autistas en el sistema educativo ordinario. La iniciativa, impulsada por la asociación de padres Por Dereito, consiste en tener un aula de apoyo con profesionales especializados, pero insiste en que los pequeños estén todo el tiempo posible con sus compañeros. Del 25% de niños con discapacidad que están escolarizados en el sistema público, el 12% es autista, según el Ministerio de Educación.

La Federación Española de Autismo apunta que, a nivel mundial, 5 de cada 10.000 personas presentan un diagnóstico de autismo clásico. Si se tiene en cuenta todo el espectro del síndrome, afecta a 1 de cada 1.000 personas. Además, tiene mayor incidencia en los varones -cuatro de cada cinco casos- que en las mujeres.

Iñigo Estévez tiene nueve años y ha asistido a la escuela pública desde los tres, pero nunca había tenido, hasta el año pasado, la posibilidad de contar con un profesor especializado y exclusivo que le apoyara en su desarrollo y en su integración con el resto de los alumnos. Aracely Ríos, maestra encargada del aula especial, asegura que es gratificante ver como los niños progresan y la felicidad que les da poder hacer cosas por sí solos. 'A Iñigo lo quieren todos y cada vez es más autónomo', remarca. El primer año se hicieron cargo del proyecto los profesores de la fundación BATA, pero la Consellería de Educación ha asumido la responsabilidad este curso.

Las asignaturas favoritas de Iñigo son las matemáticas, la música y la informática. 'Es un hacha con el ordenador', dicen sus compañeros. Pero sus progresos no sólo consisten en haber adquirido conocimientos básicos, sino que lo fundamental es que ahora puede y quiere relacionarse con sus compañeros de clase. Incluso tiene sus preferidos, un gran avance para niños con habilidades sociales y comunicativas disminuidas.

'El año pasado vino a mi cumpleaños, le invité porque es cariñoso, divertido y se sabe un montón de frases de películas', cuenta su compañero Alejandro. Tanto padres como profesores coinciden en que la inclusión de niños 'diferentes' no sólo les beneficia a ellos, sino también al resto, que desde pequeños entienden que no son todos iguales.

'Con esto gana toda la sociedad, pues los compañeros de mi hijo, cuando sean adultos, serán más tolerantes y, si algún día son empresarios y tienen que contratar a una persona con una deficiencia mental, a lo mejor lo hacen', afirma Ángela González, la madre de Iñigo.

Su familia tuvo que mudarse de Ourense a Pontevedra para que el niño pudiera integrarse en un colegio público, ya que en su lugar de origen solo le ofrecían un centro especializado, pero el aislamiento no era lo que querían para él. Ángela reconoce que tener un hijo con problemas mentales es difícil, pero critica que sea el propio sistema el que ponga más obstáculos.

La falta de inversión pública ha provocado que las familias busquen apoyos y tratamientos en el sector privado, especialmente para adaptar su modo de vida a la enfermedad. Los fundadores de muchas de las compañías son o han sido afectados. BATA es una de estas fundaciones, de las más activas de Galicia, y ofrece a los padres la posibilidad de que sus hijos acudan a clases, a excursiones de fin de semana sin los padres y que tengan un tratamiento ambulatorio.

Iñigo nada desde los dos años, pero cuando quiso apuntarse a la piscina municipal le dijeron que no tenían personal suficiente para atenderlo. Su madre insistió. El resultado: lleva cinco años asistiendo a clases de natación y el año pasado quedó cuarto en una competición infantil. Ángela no sabe cuánto podrá avanzar su hijo, pero tiene claro que la educación es la única terapia que puede darle.