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Autocrítica de las microfinanzas

Esta semana se celebra en Valladolid la quinta Cumbre Mundial del Microcrédito

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Cuando a mediados de los años setenta Mohammed Yunnus comenzó a poner en marcha lo que más tarde se conocerían como microcréditos, pequeños préstamos a personas pobres para que pudieran salir de su miseria, probablemente no pensaba que años después este instrumento se habría multiplicado exponencialmente ni que recibiría el Premio Nobel de la Paz por ello. Y es que en los últimos 13 años, el número de familias muy pobres que han recibido un microcrédito se ha multiplicado por 18, pasando de los 7,6 millones en 1997 hasta los 137,5 millones en 2010, una cifra que muestra el abultado aumento de este instrumento. En total, han sido 205 millones las personas que han percibido microcréditos.

Precisamente, ayer empezó en Valladolid la quinta Cumbre Mundial del Microcrédito, que hará balance de los últimos años del sector y debatirá sobre los objetivos a conseguir durante los próximos. Uno de los retos que tiene por delante el encuentro es hacer autocrítica después de que algunos sucesos hayan puesto en entredicho la forma de hacer microfinanzas. El caso más brutal ocurrió en el estado indio de Andhra Pradesh, donde miles de familias se sobreendeudaron y algunas entidades presionaron y extorsionaron a sus clientes para obtener los pagos. Hubo incluso familias desplazadas y suicidios de personas que habían percibido microcréditos.

El número de los beneficiarios más pobres se ha multiplicado por 18

Por ello, Dalia Palchik, una de las responsables de la Cumbre, señala que es necesario volver al enfoque original de las microfinanzas, esto es, acercar el crédito a los más pobres para ayudarles a conseguir mejores condiciones de vida. Una de las iniciativas que busca ese objetivo es la creación de un sello de excelencia que 'certifique a las entidades realmente comprometidas con la ayuda a la gente y la salida de la pobreza y no sólo con la obtención de beneficios', explica Palchik, que reconoce que el sector aún está analizando y aprendiendo de lo sucedido en este estado de India. 'No todas las organizaciones actuaron mal, hay muchísimas que trabajan bien. Lo que hay que hacer es aprender de los errores', afirma.

La mayoría de los beneficiarios de microcréditos son mujeres: de los 137 millones de beneficiarios muy pobres, el 83% han sido mujeres. La experiencia ha demostrado que cuando ellas son las que los perciben, el efecto sobre la educación y la salud de la familia es más directo. La cumbre se ha marcado como objetivo que a finales de 2015 sean 175 millones de las familias más pobres del mundo las que hayan accedido a microfinanciación, especialmente a través de las mujeres.

El sector aún está analizando los casos de malas prácticas que se han producido

Otro de los retos es avanzar en el diseño de controles que permitan medir con más exactitud el impacto a medio y largo plazo de las microfinanzas en la calidad de vida de las poblaciones. 'Cuando conoces historias personales ves el gran impacto que tienen los microcréditos en las personas, pero a gran escala hace falta comprobar que la gente sale realmente de la pobreza y saber en qué medida se debe a los microcréditos', explica Palchik.

No obstante, varios colectivos sociales, como Solidaridad para el Desarrollo y la Paz o Ecologistas en Acción, han advertido de que los microcréditos no solucionarán la pobreza y que suponen dar un giro neoliberal a las políticas de cooperación y desarrollo, ya que implican 'bancarizar e individualizar la pobreza'.